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Flora Tristán: "Allá donde la ausencia de libertad se hace sentir, la felicidad no puede existir"

Ponemos a disposición para el lector una selección del folleto Unión Obrera de Flora Tristán escrito en 1843. Este folleto es parte de la antología Flora Tristán: El martillo y la rosa y forma parte de la colección Mujer de Ediciones IPS.

Alejandra Ayduh

Ediciones IPS-CEIP

Sábado 4 de julio | 00:07

Flora Tristán fue una pionera en la lucha contra la opresión de las mujeres y la unión internacional de la clase trabajadora. En su folleto Unión Obrera desarrolló ambas cuestiones relacionadas la una con la otra.

Particularmente, la vigencia de esta fuerza motora en la obra de Flora, la necesidad de la unión internacional de la clase trabajadora, hoy cobra fuerza renovada al calor de la crisis sanitaria, social y económica que la pandemia profundizó de manera aguda y que una vez más solo tendrá miserias y penurias como destino para la clase obrera. Pero también la crisis ha demostrado una vez más que es la clase trabajadora la hace mover el mundo, con los llamados “esenciales”. Y de ahí el potencial estratégico de la unión internacional de la clase que como decía Flora es la más numerosa y la más útil.

Flora Tristán nace en 1803, 14 años después de la gran Revolución francesa de 1789. Su corta pero prolífera vida transcurre entre dos revoluciones, ya que muere cuatro años antes de lo que se conoció como la Primavera de los Pueblos de 1848, la rebelión que recorrió Europa pero que tuvo como epicentro a Francia y, como protagonista, al mismo proletariado al que Flora le dedicó sus últimos años de vida. Sus ideas también estarán signadas por ese período entre dos revoluciones que con pocos años de diferencia dará lugar al nacimiento del socialismo científico de Marx y Engels.

Para conocer más sobre la vida de Flora recomendamos el prólogo de Andrea D´Atri que forma parte de la antología Flora Tristán: el martillo y la rosa.

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Unión Obrera

El folleto Unión Obrera es publicado definitivamente en 1843 y es el resultado de las profundas impresiones que Flora se lleva de su visita a Londres. Tomando la experiencia del proletariado británico en 1838, que se organiza a través de la Carta al Pueblo para exigir el sufragio universal masculino para los mayores de edad, voto secreto, que no fuese imprescindible ser propietario para obtener un cargo en el parlamento, entre otras cosas. Flora llega a la conclusión de que era necesario unirse internacionalmente para aunar fuerzas y avanzar en la emancipación del proletariado.

También observaba que era necesario contar con un representante parlamentario tal y como tenían los cartistas ingleses, que luche por medidas que beneficien a la clase obrera. Para ello, se avocó a la tarea de colaborar en la organización del movimiento obrero francés, un movimiento obrero que contaba con organización, que realizaba mítines públicos y reuniones clandestinas y que luchaba no solo por reformas sociales, sino también políticas.

Flora escribe Unión Obrera en 6 meses. Sabía que para imprimir su folleto debía además contar con medios materiales para hacerlo. Así, va a salir puerta por puerta a recaudar el dinero necesario. Sabía además que su libro no contaría con el apoyo que contaban otras causas: “Hacía una colecta para la impresión de un libro destinado a instruir a la clase obrera”.

Comienza planteando que todo lo referido al sufrimiento de millones de almas ha sido dicho, la clase obrera se encuentra material y moralmente en una situación intolerable de miseria y de dolor. De ahí que su conclusión va a ser tajante: “No hay nada más que decir, nada más que escribir, porque su desgraciada situación es bien conocida por todos. (…). Ha llegado el día en que se hace necesario actuar, y a ustedes, a ustedes solos les corresponde actuar en interés de vuestra propia causa. ¡Se va en ello la vida... o la muerte!, esa muerte horrible que mata a cada instante: ¡la miseria y el hambre!

Para hacer frente a la miseria, Flora plantea que no hay otra forma de acción legítima que no sea “la unión universal de los obreros y las obreras”. La unión hace la fuerza, porque aislados son débiles y caen aplastados bajo el peso de todo tipo de miserias. Aunque vale señalar que concibe la acción desde una concepción pacifista es decir que se podría combatir la desigualdad y la miseria mediante la persuasión y la presión política en las instituciones del régimen.

Flora proponía la unión de los obreros y obreras sin distinción de oficio, su propuesta incluía construir “Palacios de la Unión obrera” con el objetivo de servir a todo tipo de tareas como educar a los niños o recibir a los obreros lisiados. Y para ello proponía un aporte de 2 francos al año para poder llevar adelante estas ideas. Es decir contemplaba también el aspecto material necesario para poder llevar adelante sus objetivos.

Ya en ese entonces en Francia había entre 7 y 8 millones de obreros y obreras. Esa era la fuerza de la clase que no solo es la más numerosa sino también la más útil al decir de Flora. Como puede verse, varias de las conclusiones a las que arribó Flora la ubicaban mucho más cerca del socialismo científico que de los utópicos en aquel entonces.

También va a arribar a la conclusión de que no bastaba con escribir, sino que también debía ir “…de ciudad en ciudad, de un extremo a otro de Francia, a hablar a los obreros que no saben leer y a los que no tienen tiempo de leer”. Así emprende su Tour de Francia, que luego va a plasmar en un libro del mismo nombre donde da cuenta de su viaje llevando la propuesta de la Unión Obrera.

En otro capítulo, sobre las sociedades ya existentes de ayuda y socorro mutuo Flora saca otra conclusión filosa planteando que las mismas podían ser muy útiles dado el estado de miseria en que se encontraba la clase obrera, “pero aliviar la miseria no significa destruirla; suavizar el mal no es extirparlo. Si finalmente se quiere optar por atacar el mal en su raíz, es necesario evidentemente algo más que sociedades particulares, cuya finalidad única es aliviar los sufrimientos individuales”. Así, Flora cuestionaba la división absurda en múltiples asociaciones que le restaban fuerza a la clase obrera.

Flora señala también el contraste que existe entre la ley y la vida material de los obreros al mencionar como la burguesía se hizo del poder planteando que la burguesía, en el ‘89 luchó descarnadamente contra los privilegios de la nobleza y por el triunfo de sus derechos. “Pero, llegado el día de la victoria, aunque reconocieron la igualdad de derechos para todos, en los hechos acapararon para ellos solos todos los beneficios y las ventajas de esta conquista. (…) Esta clase burguesa propietaria se representa ella misma en la Cámara y frente a la nación no para defender sus intereses porque nadie los amenaza, sino para imponer a los veinticinco millones de proletarios subordinados sus condiciones.

A continuación en un pie de página aclara que si la burguesía fue la cabeza de aquella revolución, había sabido servirse hábilmente de los brazos constituidos por el pueblo; pero que la clase obrera no tiene a nadie más que vaya en su ayuda, que sea sus “brazos”, lo que la obliga a ser la cabeza y los brazos a la vez.

Por qué menciono a las mujeres

El tercer capítulo de Unión Obrera merece especial mención. Aquí Flora con particular crudeza y de una forma en que nadie lo había hecho antes, va a explayarse sobre la inequidad de las relaciones en el hogar, entre el obrero y su esposa y del lugar de la mujer en la sociedad.

La mujer, observa Flora, no ha contado para nada en las sociedades humanas, ni para la iglesia, ni para la ley ni para la sociedad. Pero quedan esperanzas, si hasta el ’89 los proletarios habían sido para la sociedad francesa unos villanos o una bestia de carga, y a partir de ese momento pasaron a ser considerados ciudadanos, entonces: “Lo que ha ocurrido con los proletarios, hay que convenir en ello, es un buen augurio para las mujeres cuando les llegue su 89”.

Flora reclamaba derechos plenos y de igualdad para la mujer, y entendía que estos solo podrían lograrse si eran tomados como una causa del conjunto de la clase obrera. Así entendía la relación entre el obrero y su esposa: “Entre el dueño y el esclavo no puede haber más que la fatiga del peso de la cadena que los une el uno al otro. Allá donde la ausencia de libertad se hace sentir, la felicidad no puede existir. (…) Ahora bien, traten de comprender bien esto: la ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción, los oprime también a ustedes, hombres proletarios”.En este sentido, Flora se va a convertir en una pionera del feminismo socialista.

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