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Red Internacional

Se trata de Carlos Muia, presidente de la Unión Industrial de esa provincia. Hizo trabajar a su personal en medio de la ola de covid, les descontó el salario, reclama “modernizar” los contratos laborales y recibe fabulosas ventajas del Estado.

Lucho Aguilar@lukoaguilar

Miércoles 25 de agosto | 10:10

“Queremos un país donde la burguesía nacional recupere el protagonismo de conducir resortes básicos de la economía en la industria y en el comercio", dijo hace pocos días Carlos Muia, el presidente de la Unión Industrial de Catamarca que recibirá hoy al Presidente Alberto Fernández en una de las plantas de Confecat.

Muia se convirtió, según distintos medios, en un emblema de ese empresariado nacional.

Según anunció el Gobierno en un comunicado, "el dueño de esa empresa, acompañando el actual proceso de reactivación económica y de desarrollo industrial, hizo su aporte haciéndose cargo de dos marcas icónicas de nuestro país, como Grafa y Ombú, que de ese modo volvieron a manos argentinas".

En la visita a la fábrica, Fernández estará acompañado por el gobernador Raúl Jalil.

Pero, ¿quién es Carlos Muia?

Un modelo empresario polémico

Muia es dueño de la empresa textil Confecat y de cuatro plantas textiles en el norte, lo que lo convierte en el mayor empleador de la provincia.

Seguramente ese tema será nombrado en el acto de hoy. Pero lo que pocos hablarán es cómo construyó su imperio. Algunos hechos, tomando solo la última década, nos dan una pista.

En diciembre de 2012 sus trabajadores encabezaron uno de los conflictos más recordados de la provincia. Realizaron huelgas y cortes, obligaron a los sindicatos del Vestido y el Calzado a intervenir, porque a pesar de que todavía había “crecimiento”, la empresa seguía con los compañeros despedidos, no respetaba las escalas salariales y pagaba sueldos de miseria. Sus trabajadores y trabajadoras cobraban 2.600 pesos por diez horas o más de trabajo, lo que era exactamente el valor del Salario Mínimo, Vital y Móvil de ese momento. Pero además el 80% de ese monto Muia lo cubría son un subsidio estatal y solo ponía el resto.

Crédito: El Esquiú
Crédito: El Esquiú

Los reclamos por las condiciones de trabajo y salariales siguieron siendo una constante en las fábricas de Muia. Recordemos que las industrias textil y del calzado tienen un gran porcentaje de trabajo precario y sin registrar, además de la tercerización.

Muia mantuvo todos estos años los favores del Estado, nacional y provincial, para sus negocios. Por ejemplo la utilización de jóvenes que son utilizados como “mano de obra barata” en el marco del Programa Entrenamiento Laboral que dependen del Ministerio de Trabajo. La mitad de esos ingresos están a cargo del Estado y la otra de la empresa.

Pero uno de los hechos más escandalosos fue el que sucedió durante la pandemia. Ante el aumento de casos de covid en las líneas y la falta de protocolos y aislamientos, los trabajadores y sus representantes hicieron una asamblea y pidieron la intervención de las autoridades. Así fue como el Comité de Emergencia y la Dirección Laboral dispusieron una inspección y desinfección. ¿Qué hizo Muia? Decidió no pagar el día 2 de noviembre, cuando los trabajadores se manifestaron en la puerta de la fábrica. También los dos días que las autoridades tuvieron que suspender la producción hasta elaborar un informe sobre la situación. No le bastó: cuando se decidió la suspendió de la misma por cuestiones sanitarias, decidió adelantar las vacaciones del personal.

Crédito: Catamarca actual
Crédito: Catamarca actual

Lo más cínico es que tras arriesgar la vida de cientos de trabajadores, este año fue el primero en abonar la propuesta de Daniel Funes de Rioja de impedir el ingreso o descontar el salario de quienes no estén vacunados. “Nosotros tenemos que preservar la salud de nuestro sector” tiró. Un caradura.

Se ve que el anfitrión del Presidente prefiere tener sus propias leyes y principios con tal de sacarle la última gota de sudor (y sangre si hace falta) a sus trabajadores y trabajadoras.

Por eso detesta los sindicatos, aunque nadie sospecha de que las conducciones del Vestido y el Calzado sean combativas. Además de los hechos que contamos, hay otro en septiembre de 2017 que lo pinta como lo que es: un patrón prepotente. Ante su decisión de adelantar las vacaciones de cientos de trabajadores, solo porque le interesaba para su negocio, se generó un malestar que los voceros gremiales transmitieron en algunos medios. Muia les contestó que “algunos desayunan con ácido. En vez de gastar pólvora en chimango, deberían preocuparse porque la provincia tenga un perfil productivo”.

Es “perfil productivo” siempre busca como exprimir al obrero pero también mamar de la teta del Estado.

Ya contamos como en 2012 pagaban el 20% del salario, el resto el Estado. Hace pocos meses firmaron un convenio con el ministro Matías Kulfas, por el que se reducen los aportes patronales que deben realizar las industrias textiles y del calzado de Catamarca y La Rioja.

Durante la pandemia encabezó, con otros referentes empresarios del NOA, un reclamo “increíble” ante el Gobierno: pidieron que el Estado pueda abonarles entre el 30% y el 40% del sueldo de los empleados. Además pidieron no pagar impuestos ni cargas sociales por un año. El pedido se lo reiteraron cuando muchos de ellos, entre ellos Muia, se reunieron con Alberto Fernández a fines de 2020. Muia es el único que no tiene barbijo ni para la foto...

Crédito: Unión Industrial de Tucumán
Crédito: Unión Industrial de Tucumán

Muchos de esos favores finalmente son otorgados por el Gobierno.

El último hecho que muestra quién será hoy mostrado como “modelo empresario” es su pedido de una (contra) reforma laboral. “No se puede seguir con un régimen de contratación de trabajo de hace 50, 60 o 70 años", pide Muia. "Si tenemos que ir a un régimen de trabajo que sea mucho más moderno; tenemos que liberar la potencialidad que tiene el empresario. El empresario no se anima a generar trabajo genuino porque está condicionado por las leyes laborales. Todos queremos respetar la dignidad del trabajador, pero tenemos que tener la liberar de contratar y de despedir”. Más claro imposible.

Una utopía reaccionaria

Este miércoles el Gobierno intentará mostrar esa “burguesía nacional” que recupera empresas. La realidad es otra.

Por un lado, la mayoría de las grandes empresarios siguen en manos extranjeras, tendencia que pudimos ver con el kirchnerismo, el macrismo y actualmente. Según el último informe, las empresas extranjeras dominan los principales indicadores económicos, concentran el 77,5% de las ganancias y el 82% de las exportaciones.

Por otro, los más conocidos “empresarios nacionales”, además de estar en muchos casos asociados a las multinacionales, no son muy distintos: viven de la explotación de la clase trabajadora y los subsidios (y hasta estafas) al Estado. Alcanza con nombrar a los Vicentin, los Pagani, los Rocca, los Pérez Companc o los Midlin. Muia es otra "pequeña" muestra.

La búsqueda del peronismo de una “burguesía nacional” que encabece la recuperación del país es hoy, como siempre, una utopía reaccionaria.




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