Política

ASAMBLEA LEGISLATIVA 2020

Fernández confirmó el rumbo extractivista: megaminería, hidrocarburos y agronegocio

El presidente lo dejó claro: la "santísima trinidad extractivista" no se toca. Tras la derrota de su alianza con la UCR en Mendoza, el Frente de Todos sigue apostando a la entrega de recursos y bienes naturales.

Valeria Foglia

@valeriafgl

Domingo 1ro de marzo | 14:10

En su discurso de apertura de sesiones en el Congreso, Alberto Fernández, que había dado prioridad al comienzo al pago de la deuda externa, ratificó el rumbo que ya era conocido: seguirá impulsando los negocios del sector extractivista, local y extranjero, como supuesto “motor” de desarrollo de la economía y fuente de divisas para cumplir con el FMI y los especuladores.

Durante su mensaje, sin embargo, se encargó de incluir una frase que, fuera de contexto, podría ser una buena noticia para aquellos que pelean en defensa de la biodiversidad y la salud de las comunidades: “Tenemos que salir del extractivismo”. Muchos podrían haber sentido genuino entusiasmo por la mención despectiva por parte del presidente hacia el esquema de saqueo, destrucción y contaminación que domina el sector productivo desde hace décadas. Sin embargo, acto seguido el presidente se despachó diciendo que hay que “generar una industrialización de base nacional, pyme y tecnológica, que permita desarrollar una cadena de proveedores en torno a los recursos naturales y otras actividades”. El agua, los cerros, el petróleo, el litio, los bosques, etc., como meras mercancías destinadas a la exportación. “También discutir cómo ponemos en valor la industria de bienes de capital para el sector del petróleo, la minería y el campo”, agregó, por si quedaba alguna duda del respeto a la “santísima trinidad” extractivista.

Es con todos nomás: el Gobierno del Frente de Todos tiene algo para cada sector. Aunque evitó extenderse sobre "el campo" (en el marco de las últimas negociaciones sobre retenciones), lanzó guiños al agropower que nos hacen olvidar la chapa de la Dirección de Agroecología anunciada recientemente y que se encargará de, en palabras de Fernández, “el desarrollo de experiencias de producción agroecológica de alimentos", que por supuesto no cuestionen el modelo productivo y contaminante de los sectores concentrados del agro.

Iniciamos una renovada batalla nacional por el gas y el petróleo”, lanzó Fernández minutos después de haber expresado que “tenemos que salir del extractivismo”. No sorprende: en su "ley de solidaridad”, el Gobierno ya había incorporado la baja de retenciones a petroleras y mineras, a las que no se les pidió su “cuota solidaria” pese a haber amasado ganancias siderales.

Mientras a nivel mundial se discute la necesidad de abandonar la dependencia a los combustibles fósiles en tanto causantes de la crisis climática y ecológica, el mandatario los definió como “palanca para el desarrollo productivo de nuestro país”, dando cuenta de la particular visión que tiene el oficialismo, que hace pocas semanas anunció un Green New Deal local (aunque en EE. UU. tiene sus propios límites, abarca la descarbonización).

El extractivismo sigue y seguirá. Ante la mirada atenta de Juan Cabandié, ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Fernández reconoció abiertamente: “Vamos a extraer los recursos a partir de un entramado productivo, tecnológico y diversificado en todas las provincias argentinas”, prometiendo el envío al Congreso de un proyecto de ley para dar impulso a la minería y los hidrocarburos, estimulando “la inversión nacional e internacional” para, en sus palabras, “crear cientos de miles de empleos directos e indirectos en los próximos años”.

Traducido: seguirá el saqueo de recursos y bienes naturales y se proponen extenderlo a todas las provincias, aun las que resistieron el avance de sectores extractivistas, como en Mendoza, Neuquén, Jujuy, Catamarca y Chubut. En un mensaje que pareció dirigido a la provincia gobernada por el radical Rodolfo Suárez (su aliado en la “ley cianuro” derrotada por el pueblo), el presidente habló de “grandes posibilidades pendientes” en materia de minería, agregando que se proponen avanzar “con pleno respeto a estándares ambientales y participación social”, especialmente con “la minería metalífera y la del litio”, que “se presentan como grandes oportunidades para aumentar las exportaciones argentinas”. La excusa, rebatida por décadas de decadencia y pobreza estructural, es la generación de puestos de trabajo y el impulso de economías regionales.

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Alberto Fernández empleó palabras sueltas como “extractivismo” y “cambio climático”, pero ninguna de las políticas que anunció representa siquiera una transición hacia el final de este modelo de muerte y devastación para beneficio de un puñado de multinacionales, bancos y grandes empresarios locales. Sus menciones al pasar sobre la ley de bosques, un plan nacional de erradicación de basurales a cielo abierto y la adhesión al plan Ciudades Sustentables son aspectos decorativos de un discurso profundamente extractivista.

La lucha de quienes defienden la vida y la salud de las comunidades, los ecosistemas, los bienes y los recursos naturales forzosamente deberá mantenerse con independencia de los Gobiernos extractivistas que a nivel nacional, sin grieta, se proponen entregar aquellos a las multinacionales y profundizar no solo la destrucción y el despojo, sino también los lazos de dependencia de nuestro país. Por eso este 22 de marzo la Marcha Plurinacional por el Agua para los Pueblos culminará en la Plaza de Mayo, denunciando la complicidad del Gobierno con este modelo injusto y destructivo.







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