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Red Internacional
La Izquierda Diario

Este miércoles 17, el país se moviliza por el femicidio de Ursula Bahillo provocado por el policía Matías Martínez. Pero hace apenas 48 horas, la docente Mirna Palma fue asesinada en Formosa por un policía retirado que, luego, se suicidó. En Córdoba, detienen al piloto Javier Galván, de la Fuerza Aérea, mientras su pareja sigue desaparecida. #NiUnaMenos es un reclamo profundo y desgarrador que está vigente.

Andrea D'Atri@andreadatri

Miércoles 17 de febrero | 13:26

Dibujo: Jessica Flores

Uno de cada cinco femicidios es cometido por miembros de fuerzas policiales y armadas. La cifra, por sí misma, habla de una cuestión estructural que no se limita a lo que muchos prefieren adjudicar a "una manzana podrida".

Las pibas, en todo el país, supieron traducir su temor en consigna: "¿De la policía, quién nos cuida?" dicen los cartones con letras de colores que portan en cada movilización para reclamar Justicia por alguna que ya no está.

Foto: Enfoque Rojo

El Estado perpetra, reproduce, legitima y revictimiza

Por eso, cada vez que alguien se pregunta dónde estaba el Estado cuando mataron a Ursula en Rojas, a Mirna en Formosa, a todas y cada una, decimos que estaba cumpliendo con "su responsabilidad": la de legitimar y reproducir la violencia contra las mujeres. En ocasiones, de manera directa y brutal a través de los agentes de su brazo armado; en otras, más indirectamente, con jueces que emiten dictámenes plagados de prejuicios patriarcales que revictimizan a las víctimas o que encubren a femicidas en la impunidad.

¿Y el Poder Legislativo? Allí duermen, desde el 2015, varios proyectos de ley para declarar la emergencia nacional en violencia de género. Entre ellos, uno presentado por los diputados Nicolás del Caño y Myriam Bregman del PTS/Frente de Izquierda que propone un abordaje verdaderamente integral, con partidas presupuestarias que ayuden a las mujeres víctimas de violencia efectivamente para tener un refugio transitorio, pero también un hogar permanente, un subsidio que cubra la canasta básica, etc. Claro que el gobierno decidió que el presupuesto priorice los pagos al Fondo Monetario Internacional, mientras el ajuste se descarga sobre los sectores más vulnerables.

Mientras tanto, desde el Poder Ejecutivo, los ministerios nacionales y provinciales se enredan en programas y servicios que se inauguran con fotos para la prensa y las redes sociales, pero de los que después, nadie se responsabiliza por su inoperancia.

La violencia machista no es una psicopatología

El ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, dijo que Matías Martínez tiene una personalidad transgresora, como los que cometen femicidios, que se encuentra de licencia en la Policía bonaerense con carpeta psiquiátrica. En muchas ocasiones se escuchan justificaciones sobre "raptos de locura", pérdida de control, etc. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, se encuentran denuncias previas contra el agresor, realizadas por las víctimas. O testimonios de familiares y amigas que escucharon a la víctima quejarse de las conductas agresivas, abusivas, persecutorias de su pareja o expareja.

Todos los días, casi todas las mujeres somos víctimas de alguna forma de violencia sexista. Y una de nosotras, cada 23 horas -según las estadísticas-, se convertirá en una víctima fatal.

Pero estos no son casos aislados, ni que surgen repentinamente de la nada. Los femicidios son el último eslabón de una larga cadena de violencias: mujeres acosadas sexualmente, violentadas psicológicamente, verbal o económicamente, abusadas y violadas, golpeadas en una sociedad que a las mujeres les reserva la sobreexplotación y la precarización laboral, la discriminación y la desigualdad, la cosificación sexista.

Por una vida libre de violencia machista

Por eso decimos que mientras el Estado capitalista reproduce y legitima la opresión patriarcal contra las mujeres, es garante de que la violencia contra las mujeres siga ocurriendo sin que ninguna institución de este podrido régimen político haga nada para evitar que esa violencia llegue a convertirse en letal y tengamos otro femicidio que sumar a las aborrecibles estadísticas.

Las comisiones, coordinaciones y programas que inventan los gobiernos son palabras vacías mientras el presupuesto se destina a pagar a los usureros internacionales. Las comisarías "de la mujer" y los cursos de Género a las fuerzas represivas del Estado son nada más que un barniz para decorar a las instituciones más odiadas por la juventud y el pueblo pobre que es blanco, permanentemente, del gatillo fácil y la represión cuando sale a luchar por sus derechos.

Hoy, la ministra de Mujeres, Género y Diversidad declara, como sorprendida que las mujeres "no ven en el Estado un lugar donde pueden buscar ayuda y que esa ayuda venga, por las respuestas deficitarias que dan cuando intervienen y en parte porque el Estado tenemos que llegar antes para asistir y proteger antes que las violencias escalen”. Casi parece que nos estuviera tomando el pelo.

El Estado tiene "género": es capitalista, defiende, sostiene, legitima los intereses de la parasitaria clase de los explotadores, los empresarios, los terratenientes, los bancos.

Conquistar una vida libre de violencia machista requiere de una lucha revolucionaria por acabar, de raíz, con este régimen social y su Estado fundado en la violencia de la explotación y la opresión de la inmensa mayoría. Es el único camino realista para gozar de la plenitud de la vida, del pan y también de las rosas.




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