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Red Internacional

Inicia el mes y muchos asalariados verán depositados sus sueldos, pero la posibilidad de ahorrar es prácticamente imposible. Por el contrario, la deuda de los hogares viene en ascenso. El 70 % de los que tomaron deuda en pandemia lo hicieron para comprar alimentos y medicamentos.

Lucía Ortega@OrtegaLu_

Lunes 1ro de noviembre | 19:18

Arranca el mes y muchxs asalariadxs tienen depositado su sueldo. ¿Momento para planificar los gastos? ¿Buscar apartar una parte para ahorrar y darse algún gusto o proyectar alguna compra o vacaciones?

Es frecuente encontrar publicidades que recomiendan "dónde invertir los ahorros", distintos "tips o consejos para ahorrar", aprovechas las ofertas como cybermonday o multiplicar tus ingresos en distintas plataformas de billetera vitual.

Lo cierto es que así como llega, a muchxs el sueldo se les escurre de las manos en el mismo momento: alquileres, pagos, tarjetas, cuotas de préstamos, o directamente el rojo del saldo del mes pasado.

El 31 de octubre fue el día mundial el ahorro, “una fecha que probablemente no celebres”, ironiza una nota con atino.

De acuerdo al Indec, una familia necesitó $ 70.532 para cubrir los costos de la Canasta Básica en septiembre, mientras al mismo tiempo, el 60 % de los trabajadores ganaba menos de $ 40.000 en el segundo trimestre.

También podemos encontrar que el promedio de ingreso de los trabajadores en "mejores condiciones", aquellos formales y con trabajo estable, que son analizados en el índice RIPTE (Remuneración Imponible de los Trabajadores Estables) que elabora el Ministerio de Trabajo fue de $ 94.157,71. Un valor inferior al costo de una canasta de consumos mínimos, estimado en $ 112.243 por los trabajadores de la Junta Interna de ATE-Indec. Los sueldos no alcanzan, mientras la inflación se acelera. El costo de la crisis no lo puede pagar el pueblo trabajador.

De otro lado, más de un tercio de los asalariados no está registrado y cerca de la mitad de los ocupados sufre algún tipo de precarización laboral. En tanto que casi 2 millones están desocupados.

Familias endeudadas

Esta situación de insuficiencia de ingresos dio lugar a un incremento de la deuda de los hogares: el 70% de los hogares que tomaron deuda en pandemia lo hicieron para comprar alimentos y medicamentos.

Esa es la conclusión que llega un estudio realizado de manera conjunta por CEPAL (Comisión Económica para America Latina y el Caribe) y la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (Idaes-Unsam), sobre 5.200 casos encuestados a nivel nacional entre marzo y junio de 2021.

El estudio advierte un fenómeno de “estatización” y “familiarización” de los compromisos, acompañado de un sentimiento de "desclasamiento" en sectores medios.

¿Cual fue la estrategia de las familias para atravesar la crisis pandémica? Consultados por el destino del dinero, el 70% de los hogares manifestó que tomó deuda para pagar gastos cotidianos como alimentos y medicamentos.

Pero ese no fue el único destino que las familias le dieron a la deuda contraída en pandemia. De acuerdo con el relevamiento, la mitad de los encuestados dijo haberla usado también para pagar impuestos, servicios y expensas y para financiar deudas previas.

Asimismo, alrededor del 45% de los hogares destinó ese dinero a saldar tarjetas de crédito, el 32% tomó deuda para pagar el alquiler.

Sin ir más lejos, quienes firmaron contrato de alquiler en noviembre pasado y ahora se realice el aumento anual basado en la nueva Ley de Alquileres basado en el Índice para Contratos de Locación (ICL), tendrán un incremento en torno al 50 %, según el Índice para Contratos de Locación (ICL) que publica el Banco Central siguiendo la evolución de precios y salarios.

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Por último, el 28% aseguró que se endeudó para pagar cuotas de colegio y prepagas, entre otros conceptos (la cuenta no suma 100% porque la misma familia pudo haberse endeudado para cumplir con distintos compromisos).

El 40 % de la población encuestada presenta una alta vulnerabilidad financiera. ”Esta situación afecta de manera particular a los hogares con niños con bajos ingresos, cuyos jefes o jefas de hogar poseen empleos informales, no trabajan o son beneficiarios con asignaciones como AUH y habitan en las regiones más pobres del país” concluye el informe.

También indican que el pedido de préstamos a familiares y amigos fue el más recurrente. En tanto que en bancos fue el 45 %, y crece en bajos ingresos y mujeres jefas de hogar con menores a cargo

¿Quién le debe a quién?

Con esta pregunta Silvia Federici, Verónica Gago y Luci Cavallero ponen en cuestión la deuda externa e invierten la causalidad con la que el régimen presenta endeudados y acreedores.

¿Quién le debe a quién? Ensayos transnacionales de desobediencia financiera! es una reciente publicación en donde las autoras indagan de qué forma la deuda externa se conecta con el endeudamiento en los hogares y pesa más sobre las mujeres, así como cuáles son las estategias de resistencia que se elaboran en distintas partes del mundo.

“Es importante focalizarnos sobre la deuda que afecta especialmente a las mujeres. En estos años hemos descubierto -en Estados Unidos, aunque es una situación global- que las mujeres que trabajan tienen una deuda enorme. ¿Y por qué? Porque en los trabajos que tienen reciben sueldos mínimos, lo cual no les permite ninguna autonomía”, dijo Silvia Federici durante la presentación.

Efectivamente, la deuda externa que en este momento el Gobierno se encuentra negociando con el FMI (la otra parte correspondiente a los fondos privados ya fue reestructurada sin prácticamente quita de capital) tiene una imbricación directa con la deuda de los hogares.

La deuda externa tiene, en el caso de los países tercermundistas, un histórico vínculo con la limitación de las políticas públicas: siempre a favor del recorte y la llamada “austeridad”, señalan las autoras. "Como en un juego de dominó, progresivamente la deuda externa, a medida que empobrece, se conecta con la expansión del endeudamiento de los hogares", concluyen.

Desendeudades nos queremos

Es frecuente culpabilizar a las personas pobres por no llegar a fin de mes, como si se tratase una cuestión de mérito, esfuerzo, o audacia poder tener un mínimo ingreso, o incluso el casi "lujo" de poder ahorrar.

En economía se denomina "propensión marginal a consumir" a la parte del incremento de tu ingreso que se destina a consumo, y "propensión marginal al ahorro" a la parte del incremento que se ahorra. A medida que las familias tienen mayores niveles de ingreso, la propensión a ahorrar es mayor. Pero lógicamente, ello no es por voluntad, o inteligencia, sino por capacidad adquisitiva.

El poder de compra perdió desde noviembre de 2015 a agosto de este año el 21 % en el sector privado registrado y el 28 % en el sector público. Entre los informales, el derrumbe es del 30 % desde octubre de 2016. La burocracia sindical de la CGT es cómplice de dejar pasar el ataque al poder adquisitivo del salario.

Ante la aceleración de los precios, es urgente un aumento de emergencia de salarios y jubilaciones del 20 % para recuperar todo lo que se perdió en los últimos cuatro años, y que se ajusten automáticamente según la inflación.

Un aumento que cubra el costo de la Canasta Básica, junto a planes de vivienda para que alquilar no sea una condena de por vida para el pueblo trabajador. La reducción de la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, sin rebaja salarial y el reparto de las horas de trabajo disponibles entre ocupados y desocupados, unido a una pelea por terminar con las formas de precarización laboral, es una medida fundamental para empezar a terminar con el flagelo de la desocupación y los bajos ingresos.

¿Podríamos enfrentar el poder de los grupos concentrados de la economía sin "patear el tablero" de la deuda externa, que asfixia y ahoga al pueblo trabajador?

Lejos de cualquier audacia individual, esta salida requiere una fuerte unidad del conjunto de los trabajadores para pelear por una vida que merezca ser vivida, porque endeudarse no sea una necesidad vital, para que ahorrar, tener acceso al ocio y proyectar hacia adelante no sea un lujo.

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