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Red Internacional

Política. FMI, ajuste y crisis en el Frente de Todos: la necesidad de otro camino y romper con el FMI

La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque del oficialismo en diputados disparó una crisis de magnitud en la coalición oficialista. Queda un Gobierno más débil para el camino a 2023 y para administrar la crisis. El kirchnerismo intenta despegarse del ajuste pero anunció que seguirá siendo parte del Frente de Todos. El 8 de febrero, una cita de honor: masiva marcha a Plaza de Mayo para rechazar el acuerdo con el FMI, con un programa de salida favorable a los trabajadores y el pueblo.

Lunes 31 de enero | 23:09

Tuvieron que pasar apenas 78 días de la derrota del oficialismo en las elecciones de noviembre, y 82 horas del anuncio del principio de acuerdo con el FMI, para que estallara una nueva crisis dentro del Frente de Todos.

Los alcances de la misma, que se hizo pública el lunes por la noche, habrá que seguirlos en las próximas horas y días. No es el primer cimbronazo dentro de la coalición de Gobierno, pero sí amenaza con ser el más fuerte. El calendario hasta el 2023 se le hace más largo que nunca a un Gobierno que sufre un importante debilitamiento tras dos años de crisis económica, pandemia y derrota electoral.

Algo ya se puede saber: el trabajoso camino para intentar resolver el problema estratégico de la renegociación de la deuda con el FMI, y la administración de la crisis que ello conlleva, ha sufrido una fuerte deslegitimación desde adentro de sus propias filas.

El relato que se intentó instalar en los últimos días desde el propio presidente junto al ministro Guzmán y otros funcionarios, respecto de que el alcanzado era un acuerdo sin ajuste y sin condicionamientos, fue torpedeado desde adentro. La fortaleza de la coalición no fue tanta como para vender de forma unificada semejantes espejitos de colores, desmentidos por los propios datos dados a conocer respecto del ajuste fiscal acordado y un sendero de devaluación, aumento de tarifas y medidas recesivas, cuyos detalles aun no fueron informados y son materia de negociación en Washington.

No está de más señalar, en este plano, que no son pocas las voces del propio oficialismo que han quedado en off side porque el viernes habían salido apresuradamente a apoyar el acuerdo como la “única alternativa posible” o “el menos malo” que se podía lograr. Hoy son muchos los que se encuentran “recalculando”.

Al parecer, en el pensamiento de Máximo Kirchner prima el hecho menos ilusorio de que el camino de nuevos ajustes y sometimientos que vendrán de la mano del FMI, comprometen cada vez más su capital político. La autopreservación y el cálculo político están a la orden del día, bajo la premisa mucho más realista de que lo que viene con el Fondo solo puede ser peor. Posiblemente, el rechazo a los diversos planteos del kirchnerismo para lograr el acuerdo (20 años de plazo de pago y rechazo a las sobretasas, entre otros), así como el descontento en sectores de su base social y militante, hayan sido algunos de los factores que también impulsaron la carta de este lunes.

Si ya las elecciones de noviembre les habían implicado una derrota, el largo camino que ahora aparece por delante bajo las recetas del organismo internacional amenaza hoy con lastimar más aun su influencia política: la fría letra de tecnicismos burocráticos detrás del acuerdo implica nuevos ataques a los trabajadores y sectores populares, donde el kirchnerismo tiene una parte importante de su base social y electoral.

El futuro inmediato aún tiene múltiples incógnitas. Una de ellas, es cómo romperá su silencio Cristina Kirchner, cuando finalmente decida hacerlo ella en persona. Una segunda pregunta está referida a cómo votarán quienes responden a ella en el Congreso Nacional, cuando llegue la hora de levantar la mano a favor, en contra o abstención respecto del acuerdo final con el FMI, cuya temible letra chica se terminará de negociar con los burócratas de Washington en las próximas semanas, presumiblemente antes del 21 de marzo, cuando tiene fecha un nuevo vencimiento (impagable) con el organismo internacional. ¿Buscarán Máximo y Cristina incidir sobre la letra final de esa negociación que aun no está terminada? ¿Correrá riesgo la aprobación del entendimiento en el Congreso? Por ahora, son conjeturas que solo el tiempo develará.

Más de fondo, si creemos la palabra empeñada en cartas previas, Cristina Kirchner había afirmado que nunca sería opositora a su propio Gobierno (léase, ni Chacho Alvarez, ni Cobos). Ahora bien, por estas horas, tampoco se la ve del todo oficialista. En el amargo camino que el FMI acompañará de forma trimestral hasta 2023, la estrategia del kirchnerismo parece ser que el costo político lo pague Alberto Fernández, y preservar su capital político para nuevas etapas, en cuyo sendero habrá un capítulo nada menor en la definición de las candidaturas del año próximo. A la vez, intenta jugar el rol de contener a los descontentos, sin (por ahora) sacar los pies del plato.

Ese terreno, teórico, está cruzado sin embargo por una gran cantidad de incógnitas e imponderables que atravesarán el futuro próximo de la Argentina. Para los trabajadores, las mujeres y la juventud, se trata de aprovechar las brechas en las alturas para impulsar más que nunca la lucha por sus derechos.

Máximo denuncia pero seguirá siendo parte del Gobierno de ajuste

La carta-bomba de Máximo Kirchner, a la vez que señala que su renuncia parte de no “compartir la estrategia utilizada y mucho menos los resultados obtenidos en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, muestra todos sus límites para quien quiera ver en ella una alternativa distinta de salida a la crisis.

Mientras que algunas figuras de segunda línea del Frente de Todos recalculan rápido y salieron raudas a resaltar la “dignidad” del hijo de Cristina, lo cierto es que el ahora ex jefe de bloque reivindica explícitamente su pragmatismo y de ninguna manera alienta un camino de ruptura con el capital financiero internacional. Tan solo aboga por “corregir los errores y abusos del FMI que nunca perjudican al Organismo y su burocracia” y reivindica haber apoyado la reestructuración de la deuda con los bonistas privados, a pesar de tener algunas críticas. Vale recordar que en su familia, reivindican ser "pagadores seriales" de deuda, es decir, ser parte de una historia que convalidó el saqueo del país, más allá de su retórica.

En otro plano, un dato decisivo tiene que ver con el hecho de que Máximo Kirchner explicita en su carta que seguirá siendo parte del bloque del Frente de Todos, es decir, continuará siendo parte orgánicamente de un Gobierno que en los próximos meses se predispone a redoblar el ajuste y el sometimiento del país al capital financiero internacional, priorizando esos intereses por sobre las acuciantes necesidades sociales de un país con un 40 % de pobreza.

Por el desconocimiento soberano de la deuda

A la misma hora que Máximo Kirchner enviaba su carta explosiva, un hecho de vital importancia tenía lugar en el Parque Lezama de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, decenas de referentes de organizaciones políticas, sociales, juveniles y de derechos humanos se dieron cita para organizar una masiva movilización para rechazar el acuerdo del Gobierno con el FMI.

La misma, tiene un antecedente. Convocadas por el Frente de Izquierda, más de 100 organizaciones se habían coordinado para movilizarse a Plaza de Mayo el pasado 11 de diciembre, en lo que resultó una marcha multitudinaria contra el FMI.

Hoy la apuesta se redobla. El próximo 8 de febrero a las 18 hs habrá otra movilización de estas características, pero en un contexto más acuciante.

Como señaló por estas horas Nicolás del Caño, no se trata de palabras, sino de pasar a los hechos: “Los sindicatos y organizaciones sociales que están en contra del acuerdo con el FMIl deberían poner toda la fuerza en las calles para derrotarlo".

Para esa lucha decisiva, en la que se juega el presente y futuro de las grandes mayorías obreras y populares en los próximos años, el Frente de Izquierda ofrece un programa, que parte del rechazo al acuerdo con el FMI y el desconocimiento soberano de la deuda, como parte de un programa integral que incluye medidas de emergencia como la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior para evitar la fuga de capitales, la estatización bajo control obrero de las privatizadas y otros recursos estratégicos del país, entre otras medidas que solo pueden ser implementadas por un Gobierno de los trabajadores basado en la movilización obrera y popular, que reorganice la sociedad en función de los intereses de las mayorías.




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