Política

FUERZAS ARMADAS

Exitosa “campaña” de Rossi: la carrera militar tiene un 500 % más de inscriptos para 2021

¿Por qué este año el Colegio Militar contó con seis veces más postulantes que el año anterior? Alguna de las causas habrá que buscarlas en el empoderamiento de las Fuerzas Armadas por parte del gobierno del Frente de Todos.

Rosa D'Alesio

@rosaquiara

Sábado 26 de diciembre de 2020 | 13:14

Es un dato relevante que este año la carrera militar tenga tantos inscriptos. Según Rosendo Fraga, para 2021 “se han presentado 14.500 postulantes, entendiendo por ellos a quienes se han presentado a unidades militares para retirar la solicitud, para las 600 vacantes de ingreso al Colegio Militar; es decir, 24,1 aspirantes por cada lugar. Se trata de un número excepcionalmente alto para el Ejército”.

El analista político compara estas cifras con la de los años de Gobierno del macrismo. Según Fraga, “en 2018 se presentaron 2005, lo cual son 3,3 por vacante; esta relación en 2019 fue de 3,8 y el año pasado para el año en curso se presentaron 3500 postulantes, con 5,8 de relación entre lugares disponibles y aspirantes a ingresar”. Pero este año representó más de 6 veces la cantidad del año anterior.

En tanto que para la Escuela de Suboficiales se han presentado 19.040 postulantes para 1.100 vacantes: 17,3 aspirantes por cada lugar. En 2018, siempre según Fraga, “se habían presentado 3.177 para la misma cantidad de vacantes, lo que da una relación de 2,8 aspirantes por cada una (en 2019 esta relación fue la misma)”.

Lo que resta es analizar las causas que expliquen -o por lo menos nos planteen hipótesis- que nos permita reflexionar sobre este incremento de matriculados en el Colegio Militar.

Partamos de un breve recorrido sobre las Fuerzas Armadas en el siglo XX. A la salida de la última dictadura militar, fueron repudiadas por un amplísimo sector de la sociedad. Los crímenes de lesa humanidad, la capitulación de las cúpulas militares ante tropas inglesas en la Guerra de Malvinas, fueron las principales causas que llevaron a que la institución militar perdiera poder.

El Partido Militar, que había tenido el poder de decidir sobre la vida interna del país, a través de los distintos golpes militares que realizaron a lo largo del siglo XX, estaba liquidado.

Ante esto -en particular desde el gobierno de Carlos Menem quién disciplinó a los militares y terminó sepultando los restos del Partido Militar-, las fuerzas de seguridad crecieron en número y presupuesto.

Los distintos gobiernos constitucionales, impedidos de usar a los militares para la represión interna, como había sido hasta poco después de la salida de la dictadura -la huelga de la Ford de 1985y la masacre en el copamiento a La Tablada, sería una de las últimas-, empoderaron fuerzas represivas como la Gendarmería, que salió impune de la dictadura, a pesar que participó activamente en el genocidio de clase.

El repudio de las masas, y la posibilidad de hacer carrera en las fuerzas de seguridad, llevó a que aumentaran las matriculas en estas instituciones y que descendiera en las Fuerzas Armadas.

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Los gobiernos de Néstor y Cristina, en los cuales fueron llevados a juicios los militares más emblemáticos que protagonizaron los crímenes de lesa humanidad, instalaron la idea de nuevas Fuerzas Armadas depuradas.

Desde allí, comenzó otra etapa del intento de reconciliar a la sociedad con esta institución. Algo que se propusieron todos los gobiernos, desde Raúl Alfonsín hasta esta parte.

El actual gobierno, pegó un nuevo salto en este camino. Alberto Fernández, a poco de asumir, llamó a "dar vuelta de página" del genocidio, porque “Todos los oficiales de nuestras tres fuerzas han salido de la democracia”.

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Luego, le otorgaron a las Fuerzas Armadas un rol destacado durante la pandemia, ubicándolos en tareas “humanitarias”, que, como venimos denunciando desde La Izquierda Diario, realizan cotidianamente organizaciones sociales, barriales, y que bien podían llevar adelante los sindicatos durante la cuarentena.

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El objetivo del Frente de Todos, no fue que los militares repartieran comida a los que se quedaron sin trabajo -agravado durante la cuarentena-. Esta tarea, disfrazada de humanitaria, escondía el propósito de represtigiar y reconciliar a las Fuerzas Armadas con la sociedad.

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El resultado de esta política fue sondeada en mayo pasado, que mostraron un aumento de la imagen positiva de las Fuerzas Armadas.

Según las diferentes encuestas, dos tercios de la población tienen una imagen positiva y confianza en ellas, inmediatamente por debajo de la educación pública.
Agustín Rossi, ministro de Defensa, fue el encargado de llevar esta política adelante y visualizar a los militares como actor relevante del Estado.

Esta política no fue gratuita, Rossi les permitió a los militares que homenajeen acciones como el Operativo independencia -que fue la antesala del golpe militar-.

Este represtigio militar que intenta impone el gobierno peronista, es una de las hipótesis a analizar para conocer por qué el Colegio Militar tiene seis veces más inscriptos. Otra de las causa, habrá que buscarla en la propia crisis económica, el desempleo, que afecta a los sectores más populares. Además, que bajo el gobierno de Alberto Fernández se ha aumentado el presupuesto militar, incluyendo los salarios. Y otro dato relevante a tener en cuenta, es que bajo este gobierno se muestra a los militares como ajenos a esa institución genocida que recorrió el siglo XX. Las Fuerzas Armadas han demostrado a lo largo de su historia, su carácter antiobrero y contrarrevolucionario.

Que hoy estén realizando tareas “solidarias” en barrios carenciados no tiene otros objetivos que persuadir las protestas contra el hambre, los despidos o rebajas salariales, y a su vez represtigiar al principal brazo armado del Estado capitalista, que aunque no contengan miembros de la vieja dictadura, tienen los mismos objetivos de defender a la burguesía cuando se vea amenazada su propiedad e intereses.

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