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Red Internacional

Una ola de calor inédita azota Europa, Norteamérica, el norte de África, Oriente Medio y casi to­da Asia, generando incendios, sequía extremas, internaciones y muertes. Mientras el calentamiento global se profundiza, la irracionalidad de los capitalistas profundiza sus causas y expone tanto el discurso negacionista como a quienes culpan a "la humanidad".

Viernes 22 de julio | 15:51

Europa está viviendo una ola de calor histórica. El cambio climático ya llegó y nos muestra un mundo (ya no tan) distópico al que NO queremos acostumbrarnos.

Las temperaturas son récord para el continente europeo y llegaron a superar los 40 grados en algunas regiones. Ya hay más de 1200 muertos en los últimos dos meses y los médicos y enfermeros denuncian que los hospitales están desbordados.

Por supuesto, la crisis climática no reconoce fronteras: el norte de África, Oriente Medio y casi to­da Asia también están sufriendo el azote de calor. La agencia espacial es­tadunidense NASA difun­dió una imagen que muestra, en diferentes to­nalidades, la afectación de la ola de calor que ha causado la peor temporada de incendios en muchas de estas regiones.

El servicio meteorológico del Reino Unido realizó un pronóstico teórico, pero catastrófico: calculaban para 2050 las temperaturas que ya se están registrando hoy: 28 años antes.

Trabajar en la calle se volvió un infierno. Por estos días una noticia sacudió al Estado español: un barrendero de Madrid, llamado José Antonio González, perdió su vida trabajando. Tenía un contrato temporal, trabajó hasta morir por miedo a perderlo. La ola de calor lleva cobradas más de 500 muertes allí en algo más de una semana, y un estudio del Instituto de Salud Carlos III que analiza los factores socioeconómicos que intervienen en las olas de calor muestra que el nivel de renta es determinante en su impacto.

En otras palabras, el calor no golpea a todos por igual, más bien tiene contornos de clase. Que se extienden, como el propio capitalismo, por todo el mundo: por estos días también se conoció un video de un repartidor de UPS, en Texas, EE.UU. que llega tambaleando y desvanece entregando un paquete ante las temperaturas agobiadoras.

De un lado están sus mansiones europeas, del otro las viviendas de los sectores populares que no tienen como refrigerarse. Los trabajadores del aeropuerto de Londres, obligaron a suspender los vuelos porque las altas temperaturas deformaron la pista.

Esta película de terror que es la realidad no termina acá: en Francia más de 28 mil personas tuvieron que ser evacuadas de sus viviendas, por las altas temperaturas, las sequías y los focos de incendio que se siguen desarrollando.

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Don’t look up en la vida real: escenas de negacionismo explítico

La ola de calor también expuso a las posiciones negacionistas y su desprecio por la vida de las mayorías trabajadoras. En Madrid, un diputado de Vox bromeó diciendo "pues bueno, si te pilla la ola de calor en la calle te metes en un centro comercial o en una iglesia", ante la risa de sus colegas. "No es verdad que estemos viviendo episodios de calor distintos ni más graves de los que se han vivido de toda la vida de Dios", concluyó.

Otro tanto se vio en la televisión inglesa, en una escena calcada de la película Don’t look up: mientras el reportero dice que "con 40 grados, pienso que habrán cientos o incluso miles de muertes por esta causa... a todos nos gusta el clima agradable, pero esto no será un clima agradable sino letal, brutal", la periodista de la cadena GBN (medio conocido por su negacionismo y una suerte de copia británica de FOX) lo corta en diciendo que "¡John, deberíamos está contentos con el clima! No qué les pasa a los meteorólogos, especialmente en la BBC, que tienden que ser un poco fatalistas. ¿No hemos tenido siempre un clima caluroso?"

No es un "suicidio colectivo", más bien es un crimen social

Frente a este cuadro, el Secretario General de la ONU Antonio Guterres planteó que "la mitad de la población está en zona de riesgo, desde inundaciones, sequías, tormentas extremas hasta incendios. Ninguna nación es inmune. Y aún así seguimos con nuestra adicción al combustible fósil [...] Tenemos una opción. Acción colectiva o suicidio colectivo. Está en nuestras manos” [1]. Una línea similar al de los informe del Panel Intergubernamental Internacional Científico (IPCC) de la propia ONU, que señala a "la humanidad" como responsable del cambio climático.

Pero más que aclarar, este otro tipo de discursos, "no negacionistas", oscurecen las verdaderas causas del calentamiento global: la emisión de gases de efecto invernadero, cambios en el uso del suelo y la deforestación, promovidas por un puñado de empresas (y gobiernos y Estados) que manejan la producción de energía, alimentos, construcción o transporte. En otras palabras, es el modo de producción capitalista y su irracionalidad. Lo cierto es que "la humanidad" en el capitalismo está dividida en clases, los efectos de las catástrofes recaen sobre las mayorías trabajadoras. Y si, mientras el mismo IPCC plantea la necesidad de reducir a la mitad la emisión de GEI a 2035 y a cero a 2050 para evitar profundizar el calentamiento, y la producción no hace más que aumentar, está claro que en realidad estamos ante lo que Federico Engels llamó un "crimen social".

Mientras vemos las consecuencias de la ola de calor, la Unión Europea acaba de declarar la vuelta a los combustibles fósiles para la fabricación de energía. Alemania anunció incluso su regreso a la quema de carbón. Joe Biden en Estados Unidos no para de romper todo con el fracking, anunciando la perforación del golfo de México. Total, Shell, Equinor, British Petroleum, Gazprom, Aramco son algunas de las empresas que se benefician con estas políticas. Biden también anunció un fondo de 2,3 mil millones de dólares para políticas climáticas, que resulta insignificante ante los 800 mil millones que anunció para el rearme militar, especialmente de la OTAN. Una apuesta a la guerra en momentos en momentos donde la necesidad de coordinación para la transición es urgente. La irracionalidad capitalista es total.

Mientras nos siguen arrastrando hacia esta crisis de alcance mundial histórica, las petroleras siguen ganando: en estos días se conoció un estudio que revela que las empresas del sector petrolero consiguieron ganancias de 3 mil millones de dólares por día durante los últimos 50 años [2] (con más de 30 conociendo sus consecuencias).

Medidas urgentes

Hablamos de problemas, pero tenemos soluciones: nadie debería morir trabajando. Los trabajadores tienen que decidir sus propios protocolos de seguridad. Los gobiernos tienen que terminar de una vez por todas con el desfinanciamiento de los planes de manejo del fuego y los dispositivos de prevención.

En un momento histórico donde coinciden en tiempo y forma crisis climática, social y económica, es cuando más tenemos que poner un freno de mano y plantear un cambio revolucionario. No podemos ser actores de reparto mientras todo colapsa.

En pocas semanas, la COP27 de Egipto va a reeditar la hipocresía capitalista que ya vimos en la 26 y en las anteriores, a medida de mantener la dinámica capitalista. Frente a esto, necesitamos levantar una agenda ambiental anticapitalista junto a la clase trabajadora.

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Avanzar hacia una verdadera transición energética empieza por nacionalizar la producción de energía bajo control de los trabajadores, las decisiones no las pueden seguir tomando unas pocas empresas que piensan solo en sus ganancias. La economía se tiene que organizar en base a las necesidades de las grandes mayorías, preservando la naturaleza.

Porque no tenemos Planeta B, construir un futuro socialista y desde abajo es urgente.






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