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“Eternity”: cementerio de los vivos

“El cementerio de los vivos” del artista italiano Maurizio Cattelan se mostró en la Plaza Sicilia de Palermo como parte de la programación de “Art Basel Cities” esta semana.

Jueves 13 de septiembre de 2018 | Edición del día

Del 7 al 12 de septiembre se realizó en Buenos Aires, el “Art Basel Cities”, un festival de arte de origen suizo, que contó con dieciocho intervenciones en el espacio público de la Ciudad, conformando el circuito llamado “Rayuela” curado por Cecilia Alemani. Los barrios que participaron fueron La Boca, Costanera Sur, Puerto Madero, Recoleta y Palermo, donde se pudieron ver obras al aire libre y también diferentes propuestas en espacios de arte.

Una de las propuestas más interesantes de este museo a cielo abierto, fue “Eternity” de Maurizio Cattelan, reuniendo más de 200 obras de la cual participaron reconocidos artistas locales como Marta Minujín, Tomás Sacareno y Nicola Costantino.

Al respecto, el artista Ignacio Bechara quién participó del proyecto nos comentaba: ““Eternity” es una obra colectiva ideada por el artista italiano Maurizio Cattelan, que consiste en dar forma a un cementerio para vivos. Basándose en antiguas tradiciones, Cattelan propone un juego simbólico para exorcizar la muerte. A partir de una convocatoria abierta, artistas locales presentaron proyectos que finalmente dieron forma al centenar de lápidas instaladas en la Plaza Sicilia y que permanecieron exhibidas desde el jueves 6 de septiembre hasta el miércoles 12.

Cada artista pudo trabajar con sus propias temáticas, ya que si bien la convocatoria implicaba una serie de normativas comunes, no había límites a la hora de apropiarse del concepto. Lo que me atrapó, fue la posibilidad de realizar una obra que me permitiera abordar desde un lugar diferente el concepto de la muerte, que es un tema recurrente en mi producción. La idea de un cementerio para vivos me pareció muy atractiva, ya que juega en el límite entre lo simbólico y lo inaudito. Pensar en la posibilidad de la eternidad es en sí mismo, una contradicción muy atractiva. Creo que debemos aprovechar cada oportunidad de replantearnos el concepto de la muerte, para dejar de temerle a lo desconocido. Comprender que no tenemos el control de la muerte y que la misma es un hecho natural e irremediable es mucho más liberador que la opresión que genera el miedo a la muerte”.

No es la primera vez que el artista Maurizio Cattelan presenta este proyecto. En el abril pasado realizó una versión de “Eternity” en la Academia de Bellas Artes de Carrara, donde las lápidas realizadas por estudiantes fueron en honor a artistas, tanto vivos como muertos, como Jeff Koons, Marchel Duchamp y René Magritte. En la convocatoria realizada en Buenos Aires, las lápidas debían tener el nombre de una persona viva, con sus respectivas fechas.

Esta obra, plantea esa relación entre la vida y la muerte y, por medio de los cementerios como los vivos viven la muerte. La elección de qué y cómo es la lápida está realizada por cada uno de los artistas participantes que respondieron a la convocatoria. Ignacio, agrega: “Creo que lo que a la gente le aterra de la muerte, no es la muerte en sí misma, sino la incertidumbre del devenir. Conocemos la muerte a partir de la pérdida de los demás, por ende, los cementerios no son otra cosa que anclajes al pasado o medios para entablar una relación con la ausencia. Una lápida está concebida originalmente con el fin de sustituir el cuerpo de los que ya no están, es por eso que me propuse trabajar a partir de fotografías cotidianas, que cumplen la misma función, operando como disparadores de recuerdos”.

“Mi lápida se construyó a partir de un proceso de rememoración personal, donde tomé una cantidad considerable de fotografías cotidianas, que me permitieron hacer un recorrido por mi vida hasta hoy, en donde cada fotografía lleva anotado al dorso, parte de esa avocación. Así, la lápida, se convirtió en una suerte de urna donde dichos recuerdos están resguardados. En definitiva, lo único vívido que nos queda luego del paso de la muerte, son los recuerdos”.

Por otro lado, la obra con sólo unos días de duración fue una obra colectiva. “El hecho de que fuera una obra colectiva fue también un incentivo extra para participar. Es interesante ver tu obra en un contexto imposible de manejar, ya que ante la colaboración de tantos y tan diversos artistas, el espacio adquirió múltiples lecturas. Lápidas muy diferentes entre sí, convivieron en un mismo ámbito, creando un conjunto amorfo, que habla de la diversidad nuestra mirada. Si bien “Eternity” no fue una obra en la que los artistas trabajarán en conjunto, sino la suma de todas las partes, no podemos negar que es el reflejo que pone en evidencia la pluralidad de lenguajes que se están manejando hoy en día en el campo de las Artes Visuales en Argentina”, cierra Ignacio.

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