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Red Internacional

El billete verde paralelo subió y las alarmas se encendieron. ¿Habrá un nuevo salto del tipo de cambio? Si la cotización aumenta se deteriorará el poder de compra del salario. Guzmán aseguró que no habrá devaluación luego de las elecciones y justificó el pago millonario al Club de París, daría “más previsibilidad”. ¿Alcanzan los controles oficiales para evitar presiones en el tipo de cambio o se necesitan medidas de fondo?

Viernes 25 de junio | 20:42

El dólar blue volvió a subir este viernes. En lo que va de junio, acumula una suba de $ 17, el mayor avance mensual en lo que va del año. Según especialistas se explica por un reacomodamiento de la cotización, después de haber descendido durante los primeros meses del año.

Este jueves la empresa estadounidense MSCI, que realiza índices bursátiles, reclasificó a la Argentina a la categoría de Mercados Independientes, desde “Emergentes”. Es una clasificación menor a lo que esperaban los “mercados”, y pudo repercutir en los movimientos del tipo de cambio de este viernes. La reducción de categoría se debe a los controles de capitales que tiene la Argentina, y que el capital financiero internacional rechaza porque pretende tener la libertad de poder fugar capitales.

El aumento del dólar paralelo, el período electoral que se avecina y una reducción de las exportaciones para esa fecha (por motivos estacionales) encendieron las alarmas sobre si puede haber un salto brusco del dólar.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, desechó la posibilidad de que haya una devaluación del peso después de las elecciones legislativas que se celebrarán en noviembre. En relación a la estabilidad cambiaria, el funcionario aprovechó la ocasión para justificar el pago de U$S 430 millones al Club de París, lo considera “un paso importante que nos va a dar un horizonte de mayor previsibilidad”. También el Fondo festejó el “arreglo”. ¿Previsibilidad para quién? Son millones de dólares que no se destinan a mejorar la salud o a un IFE.

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El Gobierno logró patear para adelante una parte del vencimiento de U$S 2.400 millones con el Club de París para renegociar esa deuda con el organismo, mientras continúan las conversaciones con el FMI. En lo que resta del año hay vencimientos con el Fondo por U$S 4.589 millones, con los mayores pagos concentrados en septiembre y diciembre, según detalló un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso.

No hay nada que festejar, la hipoteca de la deuda solo se posterga, pero igual se pagará. Poco importa que la dictadura sea el origen de la deuda con el grupo de países, o que los dólares del préstamo histórico que otorgó el FMI financiaron la campaña electoral de Macri, el Gobierno está dispuesto a pagar. La proclama del 25 de mayo, impulsada por un sector del kichnerismo, que proponía "impulsar la suspensión de los pagos por capital e intereses con el FMI y el Club de París, mientras se extienda la emergencia sanitaria" es un papel mojado.

Atar el billete verde

El Gobierno decidió desacelerar las minidevaluaciones del tipo de cambio oficial que realizaba para contener la inflación. Un informe de Ecolatina, indicó que “actualmente el dólar oficial parece tan calmo como controlado” aunque advierte que no se puede descartar la posibilidad de un aumento del dólar en la Argentina.

La consultora considera clave para mantener al tipo de cambio la disponibilidad de reservas internacionales netas. En 2020 descendieron más de 60 %, en lo que va del año se está recuperando, pero su stock todavía es limitado. En la actualidad, las mismas son mayores a los U$S 8.500 millones, si bien implican un aumento en relación con el cierre del 2020, también muestran una baja de 20 % en la comparación interanual.

El documento explica que “considerando que ya pasó la temporada alta de liquidación de divisas del agro, y que en el segundo semestre el Banco Central históricamente vende reservas en lugar de acumularlas, este número enciende algunas señales de alerta, especialmente de cara al mediano plazo”.

Un respiro para Guzmán fue el aumento de los precios que las materias primas que implicó un ingreso mayor de dólares por las exportaciones. Si bien los precios FOB de los principales productos de exportación del sector agroindustrial mostraron un descenso hasta la primera mitad del mes de junio, luego de los máximos alcanzados en mayo, las exportaciones “netas” del sector agroindustrial argentino (descontando importaciones temporarias de soja), alcanzarían U$S 32.825 millones para el año 2021. Esta suma significa U$S 10.800 millones más que el valor de exportaciones netas alcanzado durante el 2020, según publicó un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.

En tanto, este viernes el directorio del FMI aprobó la asignación de Derechos Especiales de Giro (DEG) por U$S 650.000 millones para sus miembros de los cuales Argentina recibirá alrededor de U$S 4.300 millones. El vocero del FMI, Gerry Rice, sostuvo que esperan que se complete a finales de agosto la asignación de dichos fondos. Esto le daría cierto alivio al Gobierno. La incógnita es que sucederá con los vencimientos con el FMI en lo que queda del año, es decir si se irán más dólares para la deuda o se postergará su pago.

En este escenario incierto, se expresan los deseos del capital financiero por una devaluación. Así, el banco internacional Morgan Stanley publicó un informe que señala que prevén una devaluación a comienzos de 2022 similar a la del 2014 (fue parte de la “sintonía fina” que realizó el Gobierno de Cristina Fernández). Según el banco, “al FMI le gustaría ver una brecha cambiaria más pequeña para cuando entre en vigor un nuevo programa”.

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Las declaraciones de Morgan Stanley no son una sorpresa. El año pasado hubo fuertes presiones devaluatorias llevadas adelante por los agroexportadores, los lobos de Wall Street, y los sectores más concentrados del empresariado. No se puede descartar que vuelvan a presionar por un aumento del tipo de cambio. Una devaluación implica una transferencia de ingresos regresiva desde el pueblo trabajador hacia el gran capital. Las consecuencias de una devaluación recaen sobre los trabajadores ya que impacta en la inflación y contrae el poder de compra de los ingresos populares. Un nuevo golpe a los salarios ya deteriorados.

Terminar con el vaciamiento

El Gobierno se juega a mantener a raya el tipo de cambio oficial, los controles cambiarios no serán desarmados en los próximos meses. También, el ministro confía en poder postergar los pagos al FMI y pasar las elecciones sin cimbronazos cambiarios. Esperar y ver.

Fernández se niega a afectar los intereses de los sectores concentrados, pero se necesitan medidas de otra clase para evitar las presiones devaluatorias, y asegurar que los dólares estén disponibles para invertir en infraestructura como vivienda o para atender las necesidades sociales.

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Los recursos se podrían destinar a un plan de obras públicas para terminar con la desocupación y que comience por la atención del déficit habitacional, agravado con la pandemia. Es necesario un IFE de al menos $ 50.000 para aquellos que lo necesiten, hay más de dos millones de desocupados en todo el país.

En vez de seguir destinando recursos a la deuda ilegal, hay que rechazar el acuerdo con el FMI y el Club de París. Hay que movilizarse por el desconocimiento soberano de la deuda.

El comercio exterior está controlado por un oligopolio privado, en su mayoría extranjero. Las empresas realizan maniobras para no liquidar los dólares al BCRA, o subfacturan y evaden impuestos. El monopolio estatal del comercio exterior bajo el control de los trabajadores terminaría con el poder que tienen las grandes empresas exportadoras para imponer una devaluación. Todo lo que se venda y se compra de Argentina tiene que estar en función de las necesidades sociales, de lo que se necesita para vivir.

Los bancos son otro actor relevante en este circuito, son los que permiten que los dólares se fuguen al exterior, grandes empresas como Telefónica, Pampa Energía de Marcelo Mindlin, Techint, entre otras fugaron durante el macrismo como reveló el periodista Horacio Verbitsky. En cambio, la nacionalización del sistema bancario, y la creación de un banco público único, bajo gestión de los trabajadores protegería el ahorro nacional, podría otorgar créditos baratos para trabajadores y sectores populares, y para los pequeños comerciantes golpeados por la crisis, y terminar con el vaciamiento del país vía la fuga de capitales.

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