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Red Internacional

Pequeñas historias que son botones de muestra de lo que está pasando en la comunidad educativa: entre la precarización laboral de las y los pibes, el hambre, escuelas que se caen a pedazos y docentes que contienen entre barbijos y máscaras.

Viernes 3 de septiembre | 16:49

Volver a la escuela a las clases presenciales es muy duro. Uno carga con sus propios miedos y con las presunciones que día a día se van confirmando. Las condiciones para una presencialidad segura son una ilusión o quizás parte de un relato: termómetros rotos; medidores de dióxido de carbono inexistentes o sumamente escasos para la cantidad de aulas y alumnos; ventanas trabadas o rotas que no permiten que se cumpla lo que plantea el protocolo, la circulación cruzada del aire como fundamental.

Pero lo que más me golpea de esta vuelta a la presencialidad es encontrarme con mis estudiantes, a los que hasta hace poco sólo podía referirme como las y los TED (así se llama a los chicos que nunca pudieron conectarse por ningún dispositivo para acceder a las clases virtuales).

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Estos días, por ejemplo, me encontré con Alejandra. Tendrá unos 16 años y vive en las afueras de La Plata en un barrio de trabajadores donde la realidad y la pandemia pegan duro. Ingresó al aula muy dispuesta, pero al mirar sus ojos los vi perdidos, como que estaba en otro lugar.

Me acerqué para preguntarle si se sentía bien y me contestó que no entendía nada del tema. “Estoy cansada, profe, ayer trabajé 14 horas, mitad como niñera y mitad en la heladería”. “Claro", le contesté, "es medio difícil poder pensar con ese ritmo de trabajo”.

"Mientras no tenía que venir al colegio busqué trabajo por todos lados", agregó, "pero el hecho de ser mujer y menor de edad hizo que no pudiera encontrar nada. A los chicos varones sí les dan trabajo, a nosotras no”, expresó a regañadientes. Alejandra no sabe si va a poder terminar el secundario, porque tiene que trabajar precarizada, como la mayoría de los jóvenes que desean insertarse al mercado laboral.

En la provincia de Buenos Aires, El 50% de los menores de 18 años son pobres. Estas son las condiciones en que el gobierno de Axel Kicillof nos envía a las aulas, cuando vemos los pasacalles que dicen que nos cuida, ¿esto es cuidar?

Hoy, un alumno, dormido en el fondo del aula. Vi que no había prestado atención a la clase. Me acerqué a hablar. "¿Estás muy dormido?", le pregunté. "¿Cómo estás?". Se incorporó y me respondió: “tengo hambre”. Eran las 11.30. El curso seguía con clase toda la tarde hasta 17.30. La escuela no tiene comedor, ni siquiera funciona el bufet.

Las y los chicos en el entreturno de la técnica se quedaban almorzando en la escuela. Hoy, por la pandemia, van a la calle. Son menores. La mayoría vive lejos y no hace a tiempo a volver a casa para comer, además de no poder afrontar el gasto del micro. ¿Se puede estudiar con hambre?. La respuesta claramente es no.

El gobierno de Kicillof entrega una magdalena o un alfajor a cada alumno y alumna y a veces, algo de leche. ¿Esto es suficiente para que las y los pibes en edad de desarrollo y crecimiento puedan tener una alimentación sana y nutritiva?. Las cajas de comidas que se dan a las familias no contienen provisiones frescas, ni verduras, ni frutas, que son vitales para una dieta balanceada.

Estas historias son pequeñas muestras de lo que está pasando en las diferentes comunidades educativas. Otras instituciones no pudieron todavía abrir sus puertas porque, después de un año y medio de pandemia, siguen estando inhabitables. Un año y medio en el que no se hizo nada.

Si a esto le sumamos la decadencia de las estructuras, escuelas a las que se les caen los techos, aulas diminutas donde el consejo de educación aprobó llenarlas con pibes hasta con 50 cm de distancia, el transporte público abarrotado de personas y cada vez con servicio más precarios, falta de vacunas para las familias, pibes y docentes, entre otras cosas, se va armando un escenario donde es evidente que la vuelta a clases es parcial, precaria e insegura.

En el medio de todo esto, una campaña en donde los partidos políticos burgueses no tienen propuestas para que esta crisis no la sigan pagando los mismos de siempre, y sobre todo las y los jóvenes, que tienen como oferta una educación precaria y una oferta de trabajo más precario aún. 

Muchos no pueden acceder al colegio por estar bajo la línea de pobreza, con hambre y/o porque tienen que trabajar por más de 12 horas diarias. Necesitamos nuevas escuelas, un plan de obras de emergencia para acondicionar las existentes. Un plan de viviendas populares, que genere trabajo para todos. Comedores y meriendas acordes a las necesidades de las y los pibes.

Frente al escenario de elecciones inminente es necesario que la tercera fuerza sea el Frente de Izquierda y los Trabajadores - Unidad, porque es el único espacio político que toma la problemática de la falta de trabajo en la juventud y tiene una propuesta: la reducción de la jornada laboral a 6 horas que garantice un sueldo que sea igual a la canasta básica. Porque la juventud merece otro futuro y para eso el presente tiene que ser darlo vuelta todo y que nuevas voces jóvenes entren al Congreso y a los Consejos municipales.

 




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