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Estados Unidos: una huelga general para terminar el cierre del gobierno

Tras 29 días del cierre de administración más largo en la historia de los Estados Unidos, la amenaza de Trump de dejar el gobierno cerrado por “meses o incluso años” toca muy de cerca a más de 800.000 trabajadores. La declaración de Trump –la provocación de un hombre que se arrinconó a sí mismo- está teniendo consecuencias muy concretas.

Miércoles 23 de enero | 21:00

La retórica de Trump respecto al cierre toma elementos del discurso de Demócratas e izquierdistas. Describió la situación en la frontera con México como una “crisis humanitaria” y declaró que el gobierno debía realizar una “huelga”. No obstante, la crisis de la que habla no es la de los niños separados de sus padres deportados o los miles que esperan recibir el estatus de refugiados sino de supuestos violadores, pandilleros, terroristas y narcotraficantes que tratan de colarse por la frontera meridional. La “huelga” a la que se refiere es contra la reticencia de los demócratas a financiar la promesa electoral de un muro xenófobo. Miembros de la administración Trump se hicieron eco de la caracterización de una “crisis fronteriza”, allanando el camino para una potencial declaración de emergencia nacional antes de que el presidente decidiera súbitamente descartar esa posibilidad.

A medida que la administración Trump sigue flaqueando, el presidente tiene poco en que sostenerse más allá de la propuesta central de su campaña: un muro xenófobo. El cierre administrativo –del cual Trump se reconoce como orgulloso impulsor- dialoga directamente con la menguante base: no busca expandir su popularidad como presidente sino mantener y consolidar su estrecha base, algo que tampoco está logrando. A pesar que el apoyo republicano a la construcción del muro fronterizo permanece en el 82%, sólo el 29% de los estadounidenses consideran que sería “inaceptable” reabrir el gobierno sin la misma. Mientras tanto, el nivel de aprobación de Trump reflejó una dura caída en recientes encuestas, incluso en sectores considerados como su núcleo duro. Esto nos conduce a la pregunta de qué tan democrático es un sistema en el cual un solo impopular e incompetente líder puede tomar a 800.000 trabajadores de rehenes. A pesar de que la intransigencia de Trump sin dudas pretende demostrar a sus votantes su determinación a la hora de cumplir sus promesas, el cierre de la administración no le está sirviendo para aumentar su apoyo de cara al 2020.

Los Demócratas tienen su propio imperativo político: la #resistance (resistencia) Demócrata al muro de Trump nunca fue ideológica sino poco más que un reflejo de su estrategia electoral anti-Trump y un pataleo por el exorbitante costo de la mencionada construcción. Más de la mitad de los senadores del este partido votaron a favor de la ley del cerco seguro (secure fence act) de George W. Bush en 2006, con algunos “si” notables como Hillary Clinton, Chuck Schumer (líder de la minoría en el senado, NdT) y Barack Obama. A pesar de que “progresistas” como Nancy Pelosi (presidenta de la cámara de representantes, NdT) votaron contra la ley, la gran mayoría se apuraron a recordar en público que son duros respecto a la seguridad fronteriza y la consideran una alta prioridad. La presidenta de la cámara de representantes criticó a la ICE (policía fronteriza, NdT) pero rehuyó a demandar la abolición de dicha agencia. Incluso aquellos Demócratas que exigen el cierre de la agencia enmarcaron su postura como un llamado a una correcta y mejorada ejecución de la seguridad limítrofe. Mientras al público se niegan servicios considerados no esenciales -incluidos el mantenimiento de los parques nacionales y muchas de las inspecciones alimentarias de la FDA- y 800.000 trabajadores no perciben salarios, los congresistas siguen cobrando la totalidad de sus dietas.

Ante este ataque, los sindicatos públicos no se movilizaron. Si bien la Federación Americana de Empleados del Gobierno (AFGE por sus siglas en inglés) ha demandado al gobierno federal, argumentando que es ilegal obligar a los trabajadores a trabajar sin remuneración, no ha habido un llamado a la acción colectiva. Los trabajadores de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA por sus siglas en inglés) gozarían de un inmenso apoyo público si se declararan en huelga. El tráfico aéreo, y con ello grandes sectores de la economía, colapsaría. La administración Trump se vería obligada a dar marcha atrás en el transcurso del día.

Para esto, los trabajadores de base necesitan sus propias formas de organización. Siguiendo el ejemplo de la Teacher´s Spring (primavera docente), pueden organizarse en las redes sociales. De esta manera, pueden obligar a sus líderes tímidos, legalistas y burocráticos a tomar medidas. Este tipo de acción de huelga para derrotar el cierre inspiraría a los trabajadores en todo Estados Unidos. Mostraría que la clase obrera, simplemente al negarse a trabajar, puede detener a Trump, su muro racista y toda su agenda reaccionaria. Los trabajadores sabrían que no pueden confiar en los Demócratas del Congreso, pero pueden confiar en su propio poder.

Jacqueline Simon, directora de política pública de la AFGE, dijo que "los empleados federales están sumamente dedicados a la misión de sus agencias" y que "creen en el servicio público; ellos creen en lo que hacen. No le van a dar la espalda a su deber". Aunque los trabajadores de los aeropuertos trabajan en sectores estratégicos y podrían dar un golpe a la economía de los Estados Unidos, Trish Gilbert, vicepresidente ejecutiva de la Asociación Nacional de Controladores de Tránsito Aéreo, declaró que el sindicato "no aprobará o respaldará ningún tipo de actividad como [una huelga, paro u otra acción laboral]” si el cierre continúa. "Hemos hecho un juramento", dijo.

Este encuadre por parte de los burócratas sindicales es falso. El hecho de que los trabajadores federales actúen de manera colectiva no demostraría una falta de devoción a su misión ni una falta a sus juramentos. Sería el camino más rápido y seguro hacia el final del cierre de Trump; sentaría un precedente para luchar contra la continua devaluación del trabajo; sería un paso hacia el reconocimiento y la construcción del poder de la clase trabajadora. Sólo el poder de la clase trabajadora puede construir un mundo en el que es imposible un cierre de un solo hombre sobre un muro racista.

Traducción: La Izquierda Diario







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