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Estados Unidos: ¿qué hay detrás del debate sobre más impuestos a los ricos?

Gastón Remy

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Fotomontaje: Juan Atacho

Estados Unidos: ¿qué hay detrás del debate sobre más impuestos a los ricos?

Gastón Remy

En las últimas semanas cobró visibilidad la propuesta de aplicar impuestos a la riqueza de los millonarios en los Estados Unidos que promueve la senadora por Massachussets, Elizabeth Warren, y el senador por Vermont, Bernie Sanders. En las plataformas electorales de ambos pre-candidatos en las internas presidenciales del Partido Demócrata se presenta un plan de gravar el patrimonio de las familias millonarias “mantenido en cualquier lugar del mundo e incluyendo en el cálculo, incluso residencias, PYMES, activos guardados en fideicomisos, activos para la jubilación, activos bajo el nombre de un hijo menor de edad, y propiedad privada con un valor de 50.000 dólares o más” según el programa de Warren. Las alícuotas impositivas van desde el 2 % al 8 % anual e incluyen una serie de medidas atendiendo a las distintas formas de evasión fiscal que practican a diario los ultra ricos [1].

Entre ellos se encuentra el dueño de Amazon, Jeff Bezos, primero en el ranking de la revista Forbes con un patrimonio de 124.700 millones de dólares; segundo, Bill Gates, dueño de Microsoft (U$S 93.500 millones) y tercero, Warren Buffett (U$S 84.000 millones), los tres hombres más ricos del planeta son de origen norteamericano y en su conjunto poseen el 60 % de la riqueza generada por los trabajadores en la Argentina, el equivalente al PBI de Chile y más de doce veces la economía de Bolivia en 2018. Esto en un panorama más general donde 26 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial (3.700 millones [2]). Las cifras dan escalofríos por sí mismas y, desde el año 1987 en que empezaron a medir el patrimonio de los más ricos, este no ha dejado de crecer e incluso, tal como advierte el economista Thomas Piketty, en momentos de una baja en el crecimiento de la economía mundial como pronostican para el 2020, se amplían las posibilidad de que sus patrimonios crezcan en forma aún más acelerada.

En Argentina las versiones de aplicar impuestos progresivos surgieron cuando al candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, se le escapó la necesidad de ampliar la recaudación fiscal con tal de pagar la deuda sea a la uruguaya o a la portuguesa [3]. Pero el hecho de que en el corazón del imperio candidatos de uno de los principales partidos del establishment sostengan gravar los patrimonios de los ultra millonarios o 18 millonarios hayan escrito una carta [4] a quien sea el futuro presidente en los Estados Unidos solicitando que les cobren más impuestos; cuando por otra parte, lo predominante en el mundo es la reducción impositiva a las corporaciones y a los millonarios, expresa que por abajo empieza a incubarse un profundo malestar con los gobiernos a la medida de los millonarios, frente a los cuales el bipartidismo norteamericano ensaya demagogia por derecha como la que representa el presidente Trump o por “izquierda” a través de los candidatos Warren y Sanders.

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No es la benevolencia del millonario

El economista Thomas Piketty en su libro El capital en el siglo XXI explica cómo Estados Unidos fue el país precursor de aplicar impuestos a los ingresos considerados “excesivos” durante la época de entre guerras. Entre 1919 y 1922 tomó la delantera con tasas marginales a los ingresos netos superiores al 70 %, lo cual duró hasta mediados de la década de 1920 (bajando a 25 %), para luego, a partir del crack del 29´y el inicio de la Gran Depresión, subir las tasas a valores de 63 % (1933) y continuar este rumbo en los años previos a los preparativos de guerra. En ese período, 1937-1940, el impuesto a las sucesiones o herencias experimentó un crecimiento similar alcanzado tasas de entre 70 y 80 %.

Siguiendo la evolución histórica de las tasas impositivas en los Estados Unidos y, en otros Estados actores centrales de las dos guerras mundiales (Reino Unido, Alemania y Francia), el propio Piketty admite –a su manera– que los grandes capitalistas aceptarán mayores impuestos solo excepcionalmente y, aunque no lo considera, el Estado también se dispondrá a modificar el sistema impositivo, pero como producto de la guerra o cuando exista una “amenaza a las bases mismas de la sociedad”. En este sentido los impuestos progresivos en el siglo XX fueron un “efímero producto del caos” sostiene Piketty, o podríamos decir, que han sido una suerte de reflejo tardío al resultado de la lucha de clases, las depresiones económicas y/o ante la guerra entre los Estados con el fin de evitar que las situaciones críticas lleven a los capitalistas y sus Estados a perderlo todo. En ellos no hay ninguna actitud benevolente, sino que actúan por instinto de clase, aunque a veces este tipo de regulaciones les pueden fallar o ser completamente insuficientes como demostró la convulsiva época de entre guerras.

En pleno siglo XXI, el grupo de economistas liderado por Piketty sueña con recuperar un sistema impositivo progresivo, aunque sin sacar las conclusiones de los hechos fundamentales del siglo XX que él mismo analiza como expone la economista Paula Bach y que son los fundamentos para se haya dado un Estado de tipo benefactor, pasando de esta manera en forma directa a considerar que con un impuesto a la fortuna global de los millonarios se puede reconstruir, de alguna manera, un “Estado social” [5] como supo existir en forma excepcional entre fines de la Segunda Guerra y el inicio de la ofensiva neoliberal desde los ‘70.

A partir de entonces comenzó una reducción sistemática de los impuestos progresivos sobre los millonarios y las corporaciones. Tal es así, que dentro de los miembros de la OCDE (una organización de 36 países dominada por las potencias imperialistas que fijan estándares comunes en materia impositiva, financiera, laboral, etc.) en 1990 había 12 países con impuestos a los patrimonios, hoy solo 4 países pertenecientes a esta organización sostienen una carga impositiva de carácter progresivo sobre quienes perciben los mayores ingresos. Con la llegada de Donald Trump, las empresas en los Estados Unidos recibieron la mayor reducción impositiva de la historia del país y también los millonarios tuvieron nuevas facilidades impositivas, aunque los resultados en materia de inversión no fueron los anunciados por las autoridades de la Casa Blanca, mientras continúo creciendo la desigualdad social.

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Los economistas Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, en sus estudios sostienen que los estadounidenses más ricos, el 0,1 % de la población, han casi triplicado su participación en la riqueza, de un 7 % a un 20 % desde finales de los ‘70 hasta 2016, mientras la porción de riqueza que comparte el otro 90 % de la población ha disminuido de 35 % a 25 % durante ese mismo período. En un libro de co-autoría de próxima publicación, El triunfo de la injusticia, aseguran que por primera vez en el año 2018 las 400 familias más ricas pagaron menos impuestos que la clase trabajadora y los pobres (62 millones de hogares). Los primeros tributaron un 23 % a los gobiernos locales, estatales y federal, mientras que los segundos un 24,4 %. Con estos antecedentes, vuelven a encenderse las alarmas de los hombres y mujeres del establishment, aunque por el momento estemos lejos de una “Segunda guerra” o de una grave amenaza de la lucha de clases.

Socialismo millennial, la nueva amenaza

La crisis de 2007-2008 que se inicio en el corazón de Wall Street y, es considerada la más grande desde la Gran Depresión, comenzó a delinear una nueva forma de pensar en amplios sectores de la juventud en los Estados Unidos. La advertencia provino del órgano de prensa del liberalismo mundial, The Economist, que en su número de febrero de este año tituló en su portada “Socialismo Millennial”. En el artículo destaca que el 51 % de la juventud de 18 a 29 años en los Estados Unidos considera al socialismo como un sistema social superior al capitalismo según la encuestadora Gallup. Si bien las y los jóvenes aún tiene una idea amplia de socialismo, más ligada a algunas reformas en materia educativa, laboral, en el ámbito de la salud, estos mismos jóvenes vienen protagonizando una experiencia de lucha contra los grandes empresarios como es el caso del reclamo por un salario de 15 dólares la hora que tuvo un primer triunfo parcial contra el gran explotador Wall Mart o las huelgas al propio Jeff Bezos de Amazon. La juventud viene girando a izquierda en sus ideas políticas a la par que participa de movimientos como Occupy Wall Street, por el aumento de salarios, en defensa de la población negra frente a la violencia policial (Black Lives Matters) o contra el cambio climático, entre otros. Al mismo tiempo, sectores de trabajadores inician huelgas masivas, como los profesores o la reciente huelga en General Motors, la más importante en los últimos 40 años, donde señalan el malestar que atraviesa en especial la juventud trabajadora. “Es duro ver que la gente joven no tiene las mismas cosas que nosotros: una casa, un coche… Los nuevos empleados están viviendo en casas de sus padres, y no se pueden permitirse comprar los vehículos que producimos aquí”, afirma Carla Duckett, empleada desde hace 18 años en la empresa automotriz emblema de los Estados Unidos.

El marxista, Antonio Gramsci afirmaba que en muchas ocasiones las grandes crisis no se traducían en forma automática en una lucha de clases abierta, si no que las mismas daban a lugar a nuevas formas de pensar, la cuales, a su vez, podían estar anticipando acontecimientos convulsivos entre las clases. Algo de esto estarían intuyendo los candidatos del “ala izquierda” del Partido Demócrata que apuestan a un diálogo audaz con la juventud estudiantil y trabajadora, proponiendo “reconstruir la clase media” y “cuidar la democracia” mediante un plan de impuestos sobre los ricos que va acompañado de algunas medidas para recuperar parte del Estado benefactor con un perfil ecologista denominado (Green New Deal). No sería la primera ocasión en la historia en la que los demócratas juegan el rol de contener dentro de los marcos del capitalismo a distintos movimiento sociales y políticos que empiezan a cuestionar las raíces de fondo de la principal potencia imperialista del mundo. Mientras tanto, desde la vereda de enfrente Trump responde que “Estados Unidos, nunca será socialista”, apostando a la polarización política para de estar manera contener los malestares sociales dentro del juego de los partidos republicanos y demócratas que se alternan en el poder salvando los negocios de los millonarios y las políticas imperialistas de los Estados Unidos en todo el mundo.

El dedo en la llaga

Si bien el impacto de los impuestos sobre los patrimonios de los ricos representa unas pocas monedas (U$S 275.000 millones por año que equivalen al 4 % del gasto público de 2018), esta suma de dinero permitiría según Warren “tener guarderías para todos los niños de cero a cinco años; escolarizar a todos los chicos de 3 y 4 años. También nos alcanzaría para subir el salario de todos los trabajadores que se ocupan de cuidar a los chicos y a todos los maestros del preescolar. Podríamos hacer todo eso y construir escuelas técnicas, universidades comunitarias, y educación gratuita universal para los primeros cuatro años de la educación superior".

Lo que dejan al desnudo las implicancias del plan de los demócratas no es justamente el intento de recrear un capitalismo con “rostro humano”, si no que sus propias cifras ponen el dedo en la llega del capitalismo. La historia descripta por Piketty muestra que el capitalismo es una fábrica salvaje de desigualdad, solo las grandes crisis y guerras o las revoluciones, llevaron a tomar algunas medidas a posteriori para atemperar este flagelo a cambio de un costo altísimo para las mayorías trabajadoras. Por el contrario a los intentos de emparchar al capitalismo, de lo que se trata es de expropiar y socializar bajo control de los trabajadores las fuentes de la riqueza que se genera a diario en las corporaciones tecnológicas, alimenticias, energéticas o en el transporte, por solo mencionar a algunas empresas que operan en las áreas estratégicas de la economía.

Una salida de este tipo le permitiría a la población trabajadora acceder a otro nivel de vida comenzando por contar con una cobertura universal y pública de salud, educación gratuita en todos los niveles, un nivel de ingresos acorde al valor de la canasta familiar, como también una progresiva reducción de la jornada laboral, repartiendo las horas de trabajo –sin afectar el salario–, aprovechando las enormes ventajas del avance tecnológico y de la productividad del trabajo con la que cuenta Estados Unidos, donde por ejemplo, la misma se duplicó entre 1979 y 2016 según el U.S. Bureau of Labor Statistics (y se triplicó desde 1957). Aunque, sin embargo, se trabaja más, y no menos, que hace 40 años [6].

Proponerse un rumbo que vaya más allá de la distribución del ingreso, que cuestione las bases mismas de la generación de riqueza que reposa en la propiedad privada de los medios de producción, puede liberar cada vez más a los trabajadores del tiempo necesario para reproducir sus condiciones de vida materiales, disponiendo de esta manera de mayor tiempo para el ocio y el esparcimiento. Pero como han demostrado los hechos, cualquier intento de avanzar sobre las riquezas de los millonarios despertará su resistencia y la de su Estado, lo cual plantea la necesidad de abrir un debate sobre cuál es la estrategia y el programa que permitirán organizar a la fuerza social de los trabajadores sumando aliados indispensables como la juventud y el conjunto de los oprimidos. No es tiempo de esperar una “utópica” benevolencia de los millonarios, si no de prepararse para derrotarlos.

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NOTAS AL PIE

[1En el caso del Plan de Warren las alícuotas son del 2 % para las fortunas de 50 millones de dólares y, en caso de superar los 1.000 millones, tributan un 1 % adicional, o sea, en total un 3 %. El Plan Sanders propone, alícuotas de: 1% entre 32 a 50 millones de dólares; 2% entre 50 a 250 millones, 3% entre 250 a 500, 4% entre 500 a 1.000 millones, 5% entre 1.000 a 2.500, 6% entre 2.500 a 5.000, 7% entre 5.000 a 10.000, 8% por encima de 10.000 millones[[https://www.elcohetealaluna.com/un-caso-para-micky-vainilla/].

[2ONG Oxfam, enero 2019.

[3El candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, como parte de las necesidades fiscales para pagar la deuda, aludió a una modificación de las alícuotas de bienes personales, sin especificar si cambiaría los módicos valores previos a la rebaja implementada por Macri que dejó a las alícuotas de bienes personales luego de una modificatoria a fines de 2018, en 0,25 % por bienes declarados que superen en hasta $3 millones el mínimo a partir del cual se declara el impuesto, de 0,50 % si se supera entre $3 millones y $18 millones y de 0,75 % en adelante

[4Entre los firmas se encuentran el magnate húngaro, George Soros; la heredera del imperio Disney, Abigail Disney; el cofundador de Facebook, Chris Hughes o Molly Munger, hija del vicepresidente de Berkshire Hathaway, Charlie Munger, entre otros, solicitan el cobro de un impuesto moderado a sus riquezas.

[5En la historia del capitalismo este tipo de situaciones han sido excepcionales y tuvieron lugar a partir de la nueva relación de fuerza entre los Estados y las clases sociales que se originaron tras la salida de la Segunda Guerra, en el marco de la vasta destrucción de fuerzas productivas que le dieron la posibilidad al capital de reconstituir la tasa de ganancia y relanzar un nuevo ciclo de acumulación en todo el mundo, denominado boom de postuguerra, que comenzó a agotarse hacia mediados de la década del ‘60 en las principales potencias capitalistas del mundo. La respuesta de los gobiernos al ascenso obrero, con fuerte participación estudiantil, en distintos puntos del mundo fueron desvíos o fuertes derrotas mediante dictaduras sangrientas como en América Latina, sobre esta base, lanzaron un conjunto de medidas de desregulación financiera, económica y social que adoptó el nombre de “neoliberalismo”, un plan a favor de los sectores más concentrados del capital, descargando la crisis sobre la clase trabajadora y los sectores populares

[6Mercatante, Esteban. “Trabajar 6 horas, ¿Una utopía? disponible en https://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/trabajar-6-horas-una-utopia/
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Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.
Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.
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