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Red Internacional

Elecciones de medio término. Estados Unidos: la marea republicana que no fue

Las proyecciones indican que los demócratas conservarían la estrechísima mayoría en el Senado, y que los republicanos retomarían el control de la Cámara de Representantes pero por un margen mucho menor al esperado.

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Miércoles 9 de noviembre | 12:59

Probablemente pasen algunos días hasta que se conozca la composición del Congreso norteamericano luego de las elecciones de medio término. Hasta ahora, las proyecciones indican que los demócratas conservarían la estrechísima mayoría en el Senado, y que los republicanos retomarían el control de la Cámara de Representantes pero por un margen mucho menor al esperado.

Si esto se confirma, el resultado dejará dos años de un “gobierno dividido”, es decir, una suerte de impasse institucional por el que ya transitaron varios presidentes, entre ellos Obama.

Aunque los republicanos avancen en posiciones de poder, por ejemplo, controlar la cámara baja, se quedaron sin su “marea roja” en un año que se presentaba muy favorable para un triunfo opositor, con una inflación del 8 % anual. Mientras que los demócratas, a pesar de la baja popularidad del presidente Joe Biden, tuvieron un resultado mejor de lo esperado, aunque no les sobró nada.

Las elecciones de medio término funcionan como una suerte de plebiscito sobre el gobierno de turno, en particular, la marcha de la economía. Sin embargo, este año entraron otros elementos en la balanza, como el derecho al aborto (y otros derechos democráticos) y sobre todo el peso de la extrema derecha republicana del expresidente Donald Trump, que al menos hasta ayer lideraba casi sin cuestionamientos el Grand Old Party.

El resultado de los “midterms” muestra que en términos generales no hubo un giro a la derecha. Y que puede haber empezado el declive del liderazgo de Trump de la mano de la derrota de los candidatos ultras apadrinados por el expresidente, en particular, en Pensilvania y Arizona. Pero esta definición es demasiado general para explicar las tendencias políticas más profundas que se vienen desarrollando desde la crisis capitalista de 2008 y se profundizaron con la elección de Donald Trump en 2016.

El trumpismo como expresión de un “populismo” de derecha vino para quedarse, aunque no fue expansivo más allá de su núcleo duro. Pero este núcleo duro de extrema derecha es una fuerza político-social intensa, no un fenómeno de ocasión, surgida de la profunda polarización política y social que se ha instalado como signo de época, y que se expresa de manera distorsionada en las llamadas “guerras culturales”. Entre los votantes republicanos, una porción cercana al 70 % considera que Trump fue el ganador de las elecciones presidenciales de 2020, y por lo tanto, que el gobierno de Biden es ilegítimo. El sector más ultra de esta base electoral fue el que protagonizó el intento de toma del Capitolio el 6 de enero de 2021 bajo la dirección política del propio presidente, que intentaba que el Congreso no validara el resultado electoral.

La victoria arrasadora de Ron DeSantis y Marco Rubio en Florida, dos referentes claros de la derecha republicana, es una de las excepciones de la jornada. DeSantis es una suerte de trumpista de buenos modales. Ganó con un discurso duro de “ley y orden”. Promete derrotar a los “woke”, es decir, los “progres”. Se define “pro vida” pero a diferencia de otros estados republicanos, Florida no ha liquidado completamente el derecho al aborto, sino que lo ha limitado a la semana 15. Varios analistas destacan el alto porcentaje del voto latino para DeSantis como un síntoma. Sin embargo, no parece en principio un fenómeno generalizado. En Florida se concentra en gran medida el electorado latino más de derecha, compuesto sobre todo por el exilio cubano y venezolano. Aunque es un signo de alerta.

El resultado lo deja a DeSantis bien ubicado como una alternativa a Trump en las primarias presidenciales del partido republicano. Esto fue recibido con cierto alivio en el establishment imperialista norteamericano, que ya veía con preocupación el posible retorno de Trump a la Casa Blanca en 2024. Sobre todo en un momento en que la Casa Blanca, con su rol en la guerra de Ucrania, había recuperado el liderazgo sobre los aliados europeos para su disputa con China.

Joe Biden, un representante clásico del “centro” demócrata, llegó a la Casa Blanca impulsado por la ola “anti trumpista” y ayudado por la estrategia “malmenorista” de sectores políticos más radicalizados que tanto dentro como fuera del partido demócrata eran la base del “fenómeno Sanders”.

Biden y los demócratas lograron contener y canalizar hacia las elecciones el proceso que se había abierto tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía. Sin embargo, su gobierno que se ha vuelto muy impopular, ha dejado un flanco izquierdo en el que se expresan fenómenos muy interesantes, entre ellos la tendencia a la sindicalización de sectores de vanguardia amplia en el movimiento obrero, la llamada “generación U” que consiguió nada menos que sindicalizar plantas y almacenes de Amazon. Le quedan por delante dos años en los que, según la mayoría de los analistas económicos, es probable una recesión y quizás también batallas de clase si se profundizan las tendencias que por ahora solo se han esbozado.


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