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Red Internacional

Tribuna Abierta.Espacios de discusión y debate en la universidad en contexto de crisis socioambiental

A dos años de la presentación del primer libro de la colección de Ciencia y Marxismo que reunió a más de un centenar de científiques, docentes, estudiantes y militantes en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, una sentida reflexión en el contexto actual de profunda crisis y lucha socioambiental.

Miércoles 22 de diciembre de 2021 | Edición del día

Hace unos días Facebook me recordó que ya habían pasado dos años de la presentación del libro “Genes, células y cerebros” (primer libro de la colección “Ciencia y marxismo” de Ediciones IPS) de Hilary y Steven Rose, la cual se llevó a cabo en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Si bien el título del libro puede hacernos pensar que se trata de reflexiones sobre la biología, en realidad es una crítica muy fundada y profunda a los modos en que el sistema capitalista se apropia de la investigación científica para hacer negocios. Les invito a leer lo que dice Wikipedia de Steven Rose (neurobiólogo) y de Hilary Rose (socióloga feminista) para empezar a entender de qué va la cosa.

Tanto la presentadora, Constanza Rossi (bióloga), como los cuatro panelistas: Guillermo Folguera (biólogo, filósofo), Matías Blaustein (biólogo, filósofo), Nicolás Fernández Larrosa (biólogo) y Juan Duarte (psicólogo) desarrollaron algunas de las tantas temáticas que aborda el libro, las que nos generan más inquietud. Serían necesarias dos o tres más de estas charlas para abarcar todos los capítulos del libro.

Algunas ideas que rescato de las exposiciones

La ciencia no es neutral (mal que le pese a nuestro querido Adrián Paenza). Cuando los gobiernos recortan presupuesto, sin duda lo que hay que hacer es exigirlo, pero cuando sí hay plata, no tenemos que quedarnos tranquiles, sino que debemos preguntarnos a qué se destina, qué ramas de la investigación se elige incentivar. Y junto con estas, LA pregunta clave: ¿Quién se beneficia (Cui bono)?
Actualmente en Argentina la Academia no está discutiendo nada, no hay debates acerca de qué ciencia queremos en nuestro país. Y lo que es peor: no hay lugar para la diversidad, no hay experiencia en construir en el pluralismo de ideas, más bien, ante una voz disidente aparece el ataque y la descalificación. La ciencia hegemónica está cómodamente instalada en su sillón.
El derrotero de la investigación científica se entrecruza con el de los movimientos sociales. Los feminismos aportan varios ejemplos, como la oposición a la eugenesia cruel llevada a cabo en distintos momentos y lugares a lo largo del siglo XX y la visibilización de las posturas machistas biologicistas (de las cuales tenemos en Argentina dos exponentes contemporáneos: Diego Golombek y Ricardo Cabrera).
Los distintos reduccionismos son funcionales a los negocios que se nutren de cierto tipo de investigación. El libro aborda varios casos, pero en la presentación se profundizó en dos temáticas: la genómica (1) y las neurociencias (2).

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1. Genómica. Desde la primera gran “promesa prometeica” que fue el Proyecto Genoma Humano (un fiasco millonario) hasta el bluff del “envíenos su escupida que le diremos todo sobre usted”, la loca idea de que una persona ES sus genes, y que por lo tanto secuenciando su ADN sabremos todo sobre ella, incluyendo su pasado (ancestros) y su futuro (enfermedades), sigue generando plata y enormes bases de datos, probablemente inútiles, en todo el mundo. La genómica tiene muchas derivaciones, como las relacionadas con la manipulación para el diseño de especímenes, ya sea en la agroindustria, en la ganadería o en fertilización asistida (diseño de bebés).

2. Neurociencias. Si en el siglo XX se afianzó la idea de que somos nuestros genes, en el XXI la idea a afianzar es que somos nuestros cerebros. Entonces a las escuelas van cerebritos que hay que entrenar, nutrir correctamente y formatear para que encajen donde les toque encajar. Y si no encajan, ahí tenemos a las farmacéuticas diseñando pildoritas para aplacar a mentes desviadas. Esta es quizás la última de las promesas prometeicas, y ya pronto llegaremos a la conclusión de que es otro gran y millonario bluff. Por otra parte, nuestro exponente estrella alabador de la neurociencia a nivel local, Facundo Manes, ya es muy criticado por cierto espectro de la comunidad científica, pero ¿hay tantas diferencias entre lo que dicen y hacen unes y otres?

Falsas antinomias y la necesidad de una ciencia anticapitalista

En lo que se refiere a la investigación científica, es anacrónica y falsa la antinomia Estado (lo público CONICET, Universidades Nacionales, Ministerio/Secretaría de Ciencia y Tecnología…) versus empresas privadas/ multinacionales (Monsanto, Syngenta, Barrick Gold…). En la charla se nombraron varios ejemplos que demuestran que son dos caras de la misma moneda. La nefasta historia del glifosato en nuestro país, incluido el vergonzoso maltrato al Dr. Andrés Carrasco es el más claro. En las intervenciones del público al final, una asistente contó el caso de la directora del Banco Nacional de Datos Genéticos, que al mismo tiempo es accionista de Genda, un laboratorio privado que hace análisis genéticos, o sea, no solo hay intereses comunes sino que a veces encontramos a las mismas personas de un lado y del otro.

Como suele pasar, queda en evidencia una gran conclusión: queremos otra ciencia en nuestro país y una gran pregunta cómo hacemos para conseguirla. Esta ciencia subsidiaria del sistema capitalista, fragmentada, individualista, patriarcal, no es la que queremos; queremos una ciencia para la gente, capaz de dialogar con otros saberes, participativa, feminista, que reivindique el apoyo mutuo, alejada de los intereses de las multinacionales y los consejos del Banco Mundial. Pero ¿cómo construimos el camino hacia esa ciencia digna? En la búsqueda de estrategias no hace falta empezar de cero. Existe una tradición de movimientos críticos de la ciencia hegemónica y propositivos de otro quehacer científico, como Science for the people, al que adscribieron les autores del libro.

A modo de cierre

Hacia el final se destacaron intervenciones de asistentes con mucho entusiasmo. La mayoría de las personas que asistieron a la presentación eran jóvenes con ubicaciones políticas bastante demarcadas, de izquierda, anticapitalistas, y que mostraron mucho interés por ser parte de esta necesaria construcción.
En los dos años que transcurrieron desde ese encuentro, pandemia de por medio, este tipo de actividades fueron reemplazadas por encuentros virtuales, que suplieron, pero que de ninguna manera pueden equipararse (¡si lo sabremos les docentes!). El rápido deterioro ambiental y los numerosos conflictos que estallan en nuestro país y en América requieren que avancemos en generar estos espacios de discusión y debate tanto en la universidad como en el amplio espectro de instituciones de educación formal. Como dijo Guillermo Folguera: “Urge articular militancias” y yo creo que tiene razón.




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