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Red Internacional

Carlos Coronel trabajaba tercerizado y no registrado en una empresa contratada por la Municipalidad que conduce Germán Alfaro.

Viernes 11 de noviembre | 00:00

Esta mañana se produjo un accidente evitable en Muñecas al 1500, en San Miguel de Tucumán. Carlos Coronel, capataz de una obra que realiza hace varias semanas reparaciones en la zona, salió de la casilla móvil que usan para guardar herramientas y también tiene el baño, se descompuso y murió tras golpear su cabeza contra materiales de construcción.

“Él tenía problemas de azúcar y sufrió una descompensación, tropezó en el escalón más alto y cayó dando su cabeza contra estos materiales”, señalaron a LID unos trabajadores que estaban en el lugar. “Nadie se hizo cargo, ahí quedó tirado, la ambulancia demoró 20 minutos, intentaron reanimarlo pero ya estaba muerto, su cara estaba toda golpeada”, contaron apesadumbrados.

Sus familiares denunciaron que el ingeniero “decía no saber nada” ante la consulta si tenía algún tipo de cobertura. Tuvieron que llevar el cuerpo a su casa hasta conseguir el servicio de sepelio. “¿Cómo puede ser que el intendente contrate empresas que tengan así a nuestra gente, que no hagan controles, que permitan esto? Tienen que tener a los trabajadores en blanco, como pueden darle la obra a terceros sin que les den siquiera un seguro, la Municipalidad sabe el riesgo que corren, Hicieron un abandono de persona”, denunciaba Juana Rivadeneira, su hermana, ante los canales de televisión.

Todos se están lavando las manos, el ingeniero, el intendente que no controla que los trabajadores tengan los papeles en regla y los tengan en blanco", agregó la hermana de Carlos Coronel. No les dieron ni siquiera el transporte para llevarlo a su casa, ningún tipo de cobertura. La desidia de la Municipalidad y la patronal por ella contratada se cobra nuevamente una vida obrera, hasta el momento el Sindicato de la Construcción no emitió palabra sobre la terrible muerte de Carlos Coronel. De 47 años, trabajaba hace 3 años “en negro” en esa empresa, de la que los familiares no conocían ni el nombre. Su cuerpo estuvo tirado casi 7 horas en la calle hasta que la familia pudo solucionar, como pudo, el traslado hasta su casa.

La precarización laboral mata

“Él era el encargado de la obra, manejaba toda la gente y así le pagan ahora. Quedó tirado como un perro, hubo que buscar un auto, tirarlo en una cama, buscar una empresa porque ellos no se están haciendo cargo de nada. ¿Es justo eso para un trabajador? Los tienen así trabajando en negro, ¿para qué?”, se preguntaba un compañero.

Mientras las constructoras amigas de los gobiernos, tanto municipal como provincial, se llenan los bolsillos, los trabajadores sufren jornadas extenuantes expuestos a peligros muchas veces sin elementos mínimos de protección, a merced de accidentes laborales fatales y secuelas. Hace unos años vimos el caso de Enzo Orellana quién murió también producto de la misma desidia patronal y estatal, la empresa para la que trabajaba también llevaba adelante importantes obras para el Gobierno provincial. Y todo ante el silencio de un poderoso sindicato que debería defender sus derechos Incluso a pocas cuadras del lugar donde murió Carlos, dos jóvenes veinteañeros murieron electrocutados por no tener los calzados adecuados mientras manipulaban materiales en una casa en construcción.

La precarización laboral se cobra otra vida obrera mientras unos pocos cuentan millones y tanto el gobierno como el sindicato miran para otro lado. Sólo la organización desde abajo de los trabajadores poniendo comités de higiene y seguridad, eligiendo delegados en cada obra pueden parar contra esta desidia criminal que cada año cercena la vida de los trabajadores y los expone a la explotación y accidentes evitables.


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