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Red Internacional

Brasil. Entre amenazas golpistas, Bolsonaro cuestionó el sistema electoral en reunión con embajadores

En la reunión realizada este lunes con cerca de 70 embajadores y diplomáticos, el presidente brasileño se refirió a un presunto hackeo del sistema electoral en la primera vuelta de los comicios de 2018, cuando fue elegido. Sectores de la oposición presentaron una demanda al Supremo Tribunal Federal.

Jueves 21 de julio | 00:13

El presidente de Brasil Jair Bolsonaro recibió este lunes en su residencia oficial a cerca de 70 embajadores y diplomáticos de unos 40 países, para cuestionar el sistema de urnas electrónicas que se usa en Brasil desde 1996.

En su exposición ante los diplomáticos, Bolsonaro formuló duras críticas al Tribunal Superior Electoral (TSE) y acusó a sus miembros de "conspirar" para favorecer en las elecciones de octubre próximo al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, favorito para ganar unos comicios en los que el líder de la ultraderecha busca su reelección.

También volvió a descalificar el sistema electrónico de votación, al que comparó con un "queso suizo" por sus puntos vulnerables al ataque de piratas informáticos.

La puesta en escena es parte de los esfuerzos del presidente por revertir la fragilidad de su candidatura en la carrera electoral. Usando un tono defensivo, Bolsonaro llegó a ubicarse como perdedor de las elecciones frente a Lula cuando, cuestionando al juez Fachin, preguntó: "¿Será que ya está previendo que su candidato, al que hizo elegible, va a ganar las elecciones?"

La reunión fue comentada en los principales medios del país como un fracaso. Los representantes internacionales, que se encontraban allí obligados por la invitación oficial, no disfrutaron del show y se fueron sin saludar a su anfitrión. No asistieron los comandantes de las tres fuerzas militares, además de los jefes de los otros poderes.

Bolsonaro buscó oponer la cúpula de las Fuerzas Armadas a las demás instituciones encargadas de la organización de las elecciones, que ahora chocan con Bolsonaro. Buena parte de los altos mandos lo apoya a través del ministro de Defensa Paulo Sérgio Nogueira. El Ejército tiene miles de funcionarios en los altos puestos del Estado y actúa muchas veces como autoridad arbitral, con alta presencia en la vida política brasileña, una ubicación que quieren preservar hacia el futuro.

Bolsonaro hizo las habituales críticas a Lula, que capitanea nuevamente las alianzas del PT con la derecha, ahora junto al líder neoliberal Geraldo Alckmin, una política que se ha demostrado incapaz de derrotar la corriente de extrema derecha que emergió en su mandato. Atacó también a los jueces del Supremo Tribunal Federal Fachin, Barroso y Moraes, pretendiendo lavarle la cara a instituciones tan golpistas y arbitrarias como el Supremo Tribunal Federal o el Tribunal Superior Electoral, que en 2018 actuaron en común con la operación Lava Jato, encarcelando y proscribiendo a Lula.

La cita con los embajadores le trajo una enorme ola de críticas en la Justicia electoral y el Parlamento. Estas instituciones que jugaron un rol clave en el golpe institucional que derrocó a Dilma Rousseff, salieron a defenderse posando de paladines de la democracia.

El autoritario Poder judicial brasileño

El Poder Judicial de Brasil repudió los dichos de Bolsonaro, a través del jefe del Supremo Tribunal Federal (STF), Luiz Fux. "En nombre del STF, el juez Luiz Fux repudia que a cerca de 70 días de las elecciones haya una tentativa de colocar en jaque, ante la comunidad internacional, el proceso electoral y las urnas electrónicas", señaló un comunicado divulgado hoy por la Corte constitucional.

En una nota conjunta, 43 fiscales pidieron que la Procuradoría General de la República (fiscalía) investigue a Bolsonaro por sus dichos de ayer ante diplomáticos de todo el mundo. "La conducta del presidente de la República afronta la libertad democrática, con un claro propósito de desestabilizar y desacreditar el proceso y las instituciones electorales y, en este contexto, alberga, en tesis, la práctica de delitos electorales derivados del abuso de poder", señala la nota.

El texto reclama al fiscal general del Estado, Augusto Aras, que actúe "siguiendo su misión constitucional de protección de la democracia". Aras tiene la potestad para decidir si se abre o no una investigación contra Bolsonaro, aunque hasta ahora siempre se mostró alineado con el presidente, por lo que parece poco probable que lo haga.

Antes, otros 32 subprocuradores firmaron un manifiesto público contra las críticas de Bolsonaro y en defensa de la actuación de Aras, remarcando que la ley brasileña considera que el uso de poder federal para impedir la ejecución de la ley electoral es un "crimen de responsabilidad", lo que sería suficiente para abrir un proceso de "impeachment" (destitución parlamentaria) para apartar del cargo al mandatario.

También reaccionó el presidente del Tribunal Superior Electoral, Edson Fachin, quien sin nombrar a Bolsonaro, sostuvo que ese organismo "no puede tolerar acusaciones de fraude o mala fe" y sostuvo que el país le debe "dar un basta" al "inaceptable negacionismo electoral".

Bolsonaro ya es objeto de una investigación en el Supremo por su dura campaña contra las urnas electrónicas, a la que se lanzó a mediados del año pasado, cuando todas las encuestas comenzaron a señalar a Lula como claro favorito para las próximas elecciones.

El frente político

El presidente del Senado, Rodrigo Pacheco, dijo en una nota oficial que "el Parlamento, cuya composición fue electa por el actual y moderno sistema electoral, tiene la obligación de afirmar que las urnas electrónicas darán al país el resultado fiel de la voluntad popular, sea cual sea".

Sectores de la oposición consideraron que esta campaña favorecería un posible desconocimiento del resultado de los comicios de octubre próximo en caso de que Lula se imponga.

Hasta ahora, todas las encuestas plantean la victoria de Lula como el escenario más probable. El expresidente contaría con cerca del 45 % de las intenciones de voto, frente al 30 % que tendría Bolsonaro.

Bolsonaro había obtenido autorización del Congreso para hacer gastos multimillonarios para apalancar su campaña, intentando atenuar los efectos de la miseria y pobreza de su programa ultraliberal con fines puramente electorales. Sin embargo, es posible que los efectos de esta política no se reflejen a tiempo para octubre.

Y si bien desconfiar de su propia campaña es cuestionable para ganar influencia en sus tropas, la apuesta a la retórica trumpista ya se demostró útil al republicano en el 2020, y Bolsonaro pareciera querer repetirla a raya, ya que cuadra con el objetivo de proyectar el 7 de septiembre, día de la independencia de Brasil, como palco electoral principal antes de la contienda de octubre.

Este martes, sectores de la oposición presentaron al STF una nueva denuncia contra Bolsonaro. El recurso lleva la firma de diputados del PT, Partido Democrático Laborista (PDT), Partido Verde, Red de Sustentabilidad, Partido Socialismo y Libertad y Partido Socialista Brasileño, entre otros.

"No se puede permitir que se utilice el cargo de Presidente de la República para subvertir y atacar el orden democrático, crear el caos y desestabilizar a las instituciones", dice la demanda.

También se acusa a Bolsonaro de hacer uso de la estructura del poder público en forma ilícita, de propaganda electoral anticipada, de abuso de poder político y económico y de atentar contra el Estado democrático de Derecho.

La justicia que hoy cuestiona Bolsonaro es la misma que lo favoreció en las elecciones que lo eligieron, encarcelando y proscribiendo a Lula, favorito en las encuestas en aquel momento. Sin embargo, Lula y sus aliados hicieron las paces.

El factor imperialismo: el cinismo del partido demócrata

La embajada estadounidense no hizo referencia pública al evento. La embajadora Elizabeth Bagley ya había censurado en anteriores situaciones similares los intentos de poner en duda al sistema electoral. El representante de Estados nidos en la reunión fue el encargado de negocios Douglas Koneff, que confirmó su presencia a último momento.

El gobierno de Joe Biden divulgó una "declaración oficial de confianza en las instituciones democráticas brasileñas" en un tono parecido al que venía teniendo. Así se lo había transmitido personalmente a Bolsonaro el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan. "Las elecciones brasileñas conducidas y probadas a lo largo del tiempo por el sistema electoral e instituciones democráticas sirven como modelo para las naciones del hemisferio y del mundo. Confiamos en que las elecciones brasileñas de 2022 van a reflejar la voluntad del electorado. Los ciudadanos y las instituciones brasileñas siguen demostrando su profundo compromiso con la democracia. En la medida que los brasileños confíen en su sistema electoral, Brasil mostrará al mundo una vez más la fuerza duradera de su democracia".

Como destacó el analista internacional André Barbieri en Esquerda Diário de Brasil, "La rápida oposición de la Casa Blanca es un revés adicional para Bolsonaro, que viajó en junio a Los Ángeles para participar de la Cumbre de las Américas y había hecho propaganda de las buenas relaciones con Biden, a quien le pidió ayuda en la disputa electoral. Se trata de un gran cinismo del Partido Demócrata, que orquestó la operación Lava Jato y muchos golpes en América Latina y en el mundo, y pretenden posar de garantes de la democracia".

Combatir a la extrema derecha

Barbieri puntualizó también que "repudiar al bolsonarismo no significa abrazar la estrategia de Lula de aliarse a la derecha, a la que han acomodado también el PSOL y Rede. El autoritario Poder Judicial brasileño no puede dar salida a los chantajes de la extrema derecha, a los que alimentaron desde el golpe de 2016. Las propias manifestaciones de Bolsonaro muestran que el enfrentamiento está en el terreno de la lucha de clases, en las calles y en cada lugar de trabajo y estudio, con un programa integral de los trabajadores que parta del rechazo a toda y cualquier amenaza golpista. Bolsonaro no va a ser simplemente ’tragado por los hechos que pretendía cambiar’. Debe ser combatido con un programa consciente, anticapitalista, para que la clase trabajadora y el pueblo pobre forjen su fuerza en forma independiente de la clase dominante para el escenario que vendrá luego de las elecciones".




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