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Enfermeras: en la primera línea contra el coronavirus

El coronavirus avanza y son las enfermeras quienes junto con médicos y médicas se encuentran en la primera línea de contagio. El reclamo de mejores condiciones de trabajo a nivel mundial se está haciendo oír.

Jueves 26 de marzo | 21:31

No es una novedad que la pandemia provocada por el COVID 19 desató una crisis sanitaria. El desborde en el sistema de salud se generó, por un lado, por medidas preventivas no tomadas a tiempo y, por el otro, por la precariedad de un sistema sanitario desfinanciado lenta pero constantemente por políticas de gobierno neoliberales.

Así las cosas y con los contagios masivos instalados, son las enfermeras junto con el conjunto de las y los trabajadores de la salud quienes se encuentran más expuestos al coronavirus. En el Estado español, por ejemplo, el 10% de las personas infectadas son personal de la salud.

Es importante señalar que las enfermeras es un gremio mayoritariamente femenino. Según la Organización Mundial de la Salud, conforman el 70 % de la fuerza de trabajo en salud y cubre el 80% de las necesidades de atención.

Y si bien por la pandemia ahora sus reclamos lograron mayor visibilidad, vale mencionar que no es la primera vez que exigen mejores condiciones laborales y mejores salarios, en la forma en que las contratan, en la necesidad de que exista un sistema de cuidado infantil para poder dejar a sus hijos e hijas mientras trabajan, una serie de derechos pendientes que frente a esta emergencia sanitaria resultan indispensables.

Hay países en donde la COVID 19 se ha expandido de manera exponencial, como por ejemplo en el Estado español. La saturación del sistema sanitario fue denunciado por las mismas enfermeras a poco de iniciarse el contagio masivo. Su reclamo fue concreto: más personal y más material.

Otro de los países europeos en donde golpea sin descanso el virus es en Italia. Resulta difícil encontrar un adjetivo que describa el escenario en el que las enfermeras de este país deben realizar sus tareas.

Hubo entonces un testimonio en primera persona que sacudió al mundo, fue la imagen de la enfermera Alessia Bonari con su cara marcada por el barbijo y los anteojos quien en Instagram escribió: "estoy físicamente cansada, la bata de laboratorio te hace sudar y una vez vestida ya no puedo ir al baño o beber durante seis horas", contó, y destacó que "al igual que todos mis colegas, que han estado en la misma situación durante semanas", "estoy psicológicamente cansada". "Esto no nos impedirá hacer nuestro trabajo como siempre lo hemos hecho".

La situación del sistema sanitario italiano es tan desesperante que ya murieron por el contagio del coronavirus 29 médicos. Y si bien todas las muertes son dolorosas, resulta muy difícil de aceptar lo que sucedió con la enfermera Daniela Trezzi, de 34 años, quien agotada por su largas jornadas en el hospital y luego de saber que había contraído COVID 19, se suicidó en el mismo hospital donde probablemente haya ayudado a salvar la vida de cientos de personas.

Esta situación tan extrema hizo que las mismas enfermeras encabezaran una campaña llamando a una huelga "Hazlo por nosotras" ya que ellas no pueden abandonar sus tareas.

De este lado del Atlántico, las condiciones para las trabajadoras no son muy diferentes. Por ejemplo en Perú, la enfermera Marlene Vargas, realizó un conferencia de prensa en donde denunció numerosas carencias en el sistema de la salud pública. La respuesta por parte del gobierno fue detenerla con la excusa de no haber seguido el protocolo de seguridad y la distancia social requerida.

Esta medida intentó ocultar lo que la enfermera Vargas estaba denunciando: jornadas laborales de más de 12 horas, falta de equipo de protección, movilidad restringida para que puedan llegar a los centros de salud. Perú está entrando en la tercera fase del contagio, etapa en la que los pacientes van a requerir camas y respiradores artificiales. Algo que está muy lejos de poder garantizarse.

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En Chile, la situación es muy similar en cuanto al sistema de salud, con la salvedad de que el gobierno de Sebastián Piñera implementó un toque de queda nocturno y paradójicamente a la mañana las y los trabajadores viajan hacinados en los medios de transporte. Esto generó una reacción de los distintos sectores de la industria y la minería que organizaron comisiones de higiene y seguridad para exigir a las patronales medidas básicas para evitar los contagios entre los trabajadores y sus familias.

Por su parte, en la ciudad de Chiapas, en México, también están denunciando la falta de insumos, medicamentos y equipos de protección necesarios para hacer frente a la pandemia.

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Como decíamos al inicio, la pandemia dejó al descubierto no solo el deterioro de los servicios de salud producto de las políticas neoliberales, sino además la situación de precarización laboral en la que deben desarrollar sus tareas las enfermeras, por ejemplo.

Desde los medios de comunicación se ha instalado la idea de que las enfermeras son las “heroínas” de esta pandemia. Su trabajo se evidenció como indispensable, pero quizás debemos analizar si muchos discursos en los medios masivos de comunicación no buscan, en realidad, “romantizar” las condiciones que las mismas trabajadoras denuncian, la precariedad laboral que las pone en riesgo y del que ningún gobierno se hizo cargo.

Las enfermeras en la primera línea, pero el conjunto de las trabajadoras y los trabajadores de la salud muestran hoy quiénes sostienen la Salud pública.







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