TRIBUNA ABIERTA

Encuesta

Hay una pregunta directa que yo por mí jamás me habría hecho: a quién prefiero, si a Gabriela Michetti o a Rodríguez Larreta. No sé si hay un dilema que me sea más ajeno.

Jueves 19 de marzo de 2015 | Edición del día

Hay una pregunta directa que yo por mí jamás me habría hecho: a quién prefiero, si a Gabriela Michetti o a Rodríguez Larreta. No sé si hay un dilema que me sea más ajeno. La otra tarde, sin embargo, me llamaron a mi casa para una encuesta (siempre atiendo a los encuestadores, pues son los únicos que me llaman) y me hicieron esa pregunta (siempre respondo lo que me preguntan, de modo que respondí).

Antes tuve que aclarar, porque así me lo pidieron, que no estaba dispuesto a votar ni por uno ni por otro: ni en la elección nacional ni en las PASO. Aun así, me pidieron que opinara a cuál de los dos me parecía mejor que apoyara Mauricio Macri. Vi a mi dedo marcar el dos: inclinarse por Rodríguez Larreta. En el teléfono no me preguntaron por qué. Pero yo sí me lo pregunto.

Existe dentro del peronismo una corriente que lleva hasta el extremo la consigna del General Perón de que mejor que decir es hacer. Desprecio total por la palabra y el valor social del lenguaje (como si Perón no hubiese sido también un gran conversador, un gran hablador, un gran creador de frases). Sergio Massa, por ejemplo, confesó hace pocos días que, en caso de ser Presidente y tener que inaugurar las sesiones legislativas, no está capacitado para hablar por más de treinta minutos. Pero es Macri, según creo, el paladín de esta tesitura. Oponiendo hablar con hacer, pretende que sabe hacer mostrando que no sabe hablar.

No obstante, al mismo tiempo, y es esto lo más notable, nos recuerda a un Isidoro Cañones: el niño rico que, medio playboy, medio tarambana, si algo sabe es no hacer nada. ¿Qué clase de pragmatismo a ultranza puede urdirse con esa base? ¿Cómo puede erigirse así el mito del hacer absoluto, un hacer sin decir y por ende sin pensar, gestión sin política y sin ideología?

En mis horas de CGP lo advertí, lo entendí en los andenes del subte, viendo los videos transidos de amarillo con informes de lo que se hace en la ciudad de Buenos Aires. Ahí aparece Rodríguez Larreta, una y otra vez Rodríguez Larreta, ensuciándose los zapatos y a veces hasta las manos, embutido en cascos deformes, trajinando calles que no constan en su GPS, hablando con vecinos cuya existencia no sospechaba, dejando listo lo que luego Macri vendrá a consignar como su “hacer”.

Alfil del PRO, o peón del PRO si se quiere, Rodríguez Larreta es macrista. Michetti, en cambio, no es macrista, sino macriana; tiende a parecerse a Mauricio. Yo creo que es más justo que Mauricio apoye, no a quien quiere ser como él, sino a quien hace posible que él sea como es, y consigue que haya gente que lo vota. Por eso marqué el botón que marqué, la otra tarde, en el teléfono. Porque no sólo lo que uno vota, sino también lo que no votaría ni muerto, admite una justificación.







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