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Red Internacional

El aparato represivo de la dictadura y la democracia.“En los 70 desaparecieron a mi abuelo, en 2020 la Policía mató a mi hermano”

Entrevistamos a Cintia Alfonso, Graciela Aguilar y Milta Cáceres. Hermana, mamá y abuela de Lucas Verón respectivamente. A Lucas lo mató la bonaerense y a su abuelo lo desaparecieron. Tres generaciones de mujeres que luchan contra la impunidad y este 24 de marzo dicen “salgamos a las calles”.

José Muralla@murayeando

Lunes 22 de marzo | 17:49
#24M: "La policía desapareció a mi abuelo y ahora me mató a mi hermano" - YouTube

Una familia qué siente en carne propia la continuidad del aparato represivo del Estado entre dictadura y “democracia”. Cómo cuenta Cintia, “hace 45 años la policía desapareció a mi abuelo y hace 8 meses policía mató a mi hermano”. Y luego prosigue “nunca cambiaron y se va a poner peor. Porque esto viene de arriba como hace 45 años con el golpe”.

Tres generaciones de mujeres contra la impunidad del Estado

Martín Aguilar, el esposo de Milta, papá de Graciela y abuelo de Cintia y Lucas, fue desaparecido un mes antes del golpe genocida. “Salió a trabajar y fue como si se lo hubiese tragado la tierra”, dice Milta que lo buscó por todos lados. “Yo solita recorrí las morgues los juzgados, presenté un hábeas Corpus y lo único que me respondían era que espere”. Sola también crío a sus tres hijos.

A Lucas Verón lo mató la bonaerense el día que cumplía 18 años, cuando salió a comprar una gaseosa. Ese mismo día Sergio Berni había estado arengando a los policías en La Matanza, con su ya característica pantomima militar. “Con la pandemia le dieron más fuerza a la policía, más poder para hacer lo que quieran cómo hicieron cuando mataron a Lucas” dice Cintia mientras se le quiebra la voz. Y sentencia “para mí el Estado tiene toda la culpa, siempre la tuvo”.

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Es que la maldita bonaerense no sólo tiene aún represores de la dictadura en sus filas. Sino que la impunidad se renueva de generación en generación, en cada gatillo fácil, en cada causa trucha armada, en cada femicidio que cometen y encubren.

“Esto que le pasó a Lucas pasa cada día”, dice Graciela. “Pasó con Facundo” le sopla Cintia. “Pasó con Facundo” repite su mamá. “Y pasa cada día, y el poder político esta al tanto”, completa Graciela.

“Si nosotras no salíamos a pelear esto quedaba en la nada. Hay que salir a las calles”

Otro parecido entre los dos casos es que fueron las mujeres, la familia quienes se movieron en busca de la verdad y la justicia. De aquella verdad el Estado ocultó y sigue ocultando en pos de la impunidad.

Hace 45 años atrás, Milta recorriendo decena de dependencias sola, sin apoyo mientras trabajaba para mantener a sus tres hijos. Mientras el Estado le decía que siga esperando.

Hace casi 9 meses, la familia de Lucas que enseguida encontró a los testigos, las cámaras. Porque la comisaría N°2 de González Catán ya había activado el “operativo encubrimiento”. Que le salvaron la vida a “moneda”, el amigo de Lucas que iba con él en moto aquél trágico día. Porque los mismos policías asesinos se lo querían llevar “a declarar” sin testigos, sin un adulto presente siendo que era menor, y la familia lo impidió.

“Si no fuera por nosotros, por la familia de Lucas, los amigos el barrio que nos movimos esto quedaba en la nada” dice Graciela con bronca. “Porque policías, jueces, fiscales, políticos están todos metidos todos saben lo que pasa. Me dicen que no hay que meter a todos en la misma bolsa, pero para mí son todos lo mismo”.

Pero no es sólo una opinión. Quedó demostrado en las causas, donde hay dos detenidos por el homicidio: los oficiales Ezequiel Benítez y Cintia Duarte. Pero también tres policías por el encubrimiento. Entre ellos Diego Ocampos, el segundo jefe departamental de La Matanza. Y también otra causa contra el fiscal Juan Pablo Tahtagian qué participó del encubrimiento. Por último, una cuarta causa contra la Bonaerense que cuando iban en caravana hacia el juzgado al cumplirse 5 meses del asesinato intentó impedirles el paso a los golpes y apuntándoles con armas largas.

Los dos policías asesinos estaban en el hospital al que llevaron a Lucas el día de su muerte. Tuvieron el cinismo de hacerse los que consolaban a su familia. “Yo tomé el vaso de agua que me dio ella”, dice Graciela estallando de bronca. Y Milta interrumpe indignada "¿ellos no tienen madre, no tienen hijos, no tienen nada? Son perros desde que nacen, son asesinos". "Son asesinos", repite. Y es que sí, son asesinos. Pero sólo se comportan así quienes están seguros de la impunidad que tienen.

Todo este entramado suele rendir sus frutos de impunidad. Un mecanismo que demostró un funcionamiento muy aceitado entre las diferentes instituciones del Estado. No hubo improvisación, no fue casualidad que se complotaran las jerarquías policiales, los oficiales, los agentes y el fiscal. Pero no contaban con una familia aguerrida y con todo un barrio que se sublevó, desbaratando cada una de la maniobras.

“Hay que salir a las calles el pueblo se tiene que levantar”

Con estas palabras Graciela saca las conclusiones necesarias de toda la pelea que dieron. “Si no salís a las calles la justicia no te la van a dar. Yo no creo que exista la justicia, pero tenemos que salir a las calles demostrar que no nos vamos a quedar callados, que esto no puede seguir pasando” dice Cintia.

Por eso este 24 de marzo ellas van a estar marchando junto al Encuentro Memoria, Verdad y Justicia. “Si tenemos que marchar a Plaza de Mayo, a donde sea nos tenemos que juntar. Nosotras estamos peleando por justicia por Lucas pero también para que no haya otro Lucas más. Ahora también justicia para los desaparecidos. Nosotros tenemos que tener vos por toda la gente que nos mataron nosotros somos su voz”.

Se cumplen 45 años del golpe de Estado. De una dictadura que finalizó hace 38 años, pero dejó su rastro de impunidad en las fuerzas represivas, en la “justicia”. No da lo mismo que te quedes en tu casa. Salgamos a la calle con Milta, con Graciela, con Cintia. Por Lucas, por Martín. Por los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos. Por todos los pibes asesinados por el Estado en “democracia”. Porque no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.




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