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En el Chile de Piñera, Alberto Fernández insistió con la utopía de un capitalismo más humano

En su segundo día de visita oficial en Chile, el presidente argentino dio un discurso en la sede de la Cepal. Habló contra las "incapacidades del sistema", que dejó al descubierto la pandemia, pero insistió sobre la utópica idea de "recrear un capitalismo más humanitario".

Mirta Pacheco

@mirtapacheco1

Miércoles 27 de enero | 16:25

En su discurso, programado para este miércoles al medio día, Alberto Fernández comenzó hablando de las inequidades que se pusieron de manifiesto durante la pandemia: son "grandes las preocupaciones y desafíos que tenemos que tener frente a lo que nos está pasando: una auténtica tragedia. La pandemia ha dejado al descubierto la insuficiencia de un sistema, se llevó vidas pero también se llevó empresas y puestos de trabajo (...)".

Es cierto que esta pandemia puso de manifiesto, no las "insuficiencias", sino directamente cómo opera el capitalismo frente a grandes crisis, quiénes se salvan siempre: grandes empresarios haciéndose más millonarios y la mayoría trabajadora a nivel mundial sufriendo las consecuencias, o la carrera por el lucro capitalista que todos pudimos observar con la producción de las vacunas.

Al igualar empresas con trabajadores, oculta el hecho de que en todo el mundo fueron los segundos los que padecieron, muchas veces en forma catastrófica para sus vidas, los efectos sociales, sanitarios y económicos, de las políticas llevadas adelante por los Estados para enfrentar el Covid-19. Sin ir muy lejos, nada más en nuestra región, fueron dantescas las imágenes de personas muriendo en la calle por no poder ser atendidas, la lucha de trabajadoras y trabajadores de la salud en varios países que obligados por la falta de camas de UTI, de respiradores, salieron a las calles a exigir a los Gobiernos auténticas políticas sanitarias.

Esa parte de la realidad, Fernández prefirió omitirla, tal vez porque su discurso -llamado conferencia magistral- parecía más el de un analista que el de quien dirige un Estado capitalista como Argentina.

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También hizo referencia a nuestro continente como una de las regiones más desiguales del mundo, como se sabe por los datos que vienen arrojando los mismos estudios de la Cepal

"Ricos y pobres cayeron en esta pandemia, los pobres cayeron más seguramente", afirmó el presidente argentino. Pero sin irnos de nuestro país, los millones de dólares que el Gobierno destinó para pagar intereses de deuda a fondos buitres y al FMI, podrían haber sido utilizados para responder a las necesidades de los que cayeron más según Alberto Fernández. Para agosto del año pasado, el Gobierno del Frente de Todos ya había destinado para el pago de la deuda ilegal e ilegítima, unos U$$2 mil millones.

Otro estudio de la Cepal, del año pasado, aseguraba que Argentina, junto a Perú y Ecuador, estaba entre los tres países donde la desigualdad golpearía más fuerte, en medio de la pandemia.

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En cuanto a la ayuda que los gobiernos brindaron a los grandes empresarios, también fue una política de la gran mayoría de los Estados, en detrimento de la salvaguarda de los salarios de los trabajadores, Chile no fue la excepción..

Fernández sin ruborizarse planteó al respecto: "a la hora de la verdad, tuvieron que salir los Estados a socorrer a todos". Claro que como vimos, algunos fueron más "socorridos" que otros. Tal es así que en el presupuesto 2021 presentado al Congreso de la Nación por el presidente de Argentina, se eliminó el IFE, un subsidio escaso, pero necesitado por millones, sobre todo en los sectores mas pobres.

También hizo referencia al papa Francisco: "quedó en evidencia lo que siempre dice, que nadie se salva solo, que hay que organizarnos como humanidad". El problema con esta frase genérica es que no distingue a los grandes capitalistas, sus políticos, de las grandes mayorías a nivel mundial, que con desniveles, son las que pagan los platos rotos de las crisis capitalistas. Ya lo pudimos ver en la última gran crisis capitalista del 2008.

Luego reivindicó su decisión de no alinearse absolutamente con el Gobierno del expresidente norteamericano Trump, cuando llegó al gobierno. Lo cual en Argentina se explica por los negocios que el Estado sostiene con China, el rival de la potencia imperialista en decadencia, a margen de sus diferencias ideológicas con el reaccionario Donald Trump.

En ese tramo de su discurso defendió la experiencia del multilateralismo, aprovechando para saludar la decisión de Joe Biden de volver al Club de París. Ahí planteó la utopía por excelencia: "no estoy hablando de la insuficiencia del capitalismo, estoy hablando de que hay que recrear un capitalismo más humanitario ..." Y continuó: "porque un capitalismo que no atiende la importancia de la humanidad, no es un buen capitalismo. Este capitalismo de los derivados financieros, donde fortunas se hacen en minutos (...) la realidad es que hace ricos a muchos pero posterga a millones de seres humanos en el mundo". Esto último es una sintética descripción de cómo opera el sistema capitalista, donde esos derivados financieros los poseen las grandes empresas, sus oligopolios, asociados con los bancos. En su idea reformista del capitalismo, reivindicó a economistas ingleses del siglo XIX, con quien Marx ya había debatido profusamente.

"Tal vez haya que ir desterrando la lógica de la especulación (...)", afirmó. Para llevar a cabo eso, hay que terminar con el sistema capitalista, pues está en su ADN.

Luego hablando del tema de la educación, reivindicó la educación pública. Seguramente Piñera no escuchó eso con mucho agrado, ya que en Chile la educación es privada, con familias endeudadas de por vida para poder pagar la educación de sus hijas e hijos. De hecho fueron los estudiantes secundarios que dieron el puntapié inicial a la rebelión popular cuando saltaron los molinetes, gritando: "no son 30 pesos, son 30 años, en referencia a la herencia pinochetista.

Finalmente hizo referencia a la división ideológica de los Gobiernos de América Latina en los últimos 4 años. Otra frase que mucho no habrá agradado a Piñera, al frente de un gobierno derechista. Aunque casi al final del discurso, Fernández se ocupó de reivindicar el proceso constituyente "amañado" como dicen en Chile. "Chile está viviendo un momento único, está apunto de tener una nueva constitución". Pero esto no es ni más ni menos que la zanahoria para que el pueblo trabajador chileno y su juventud, se olvide de la gran lucha que protagonizó y confíe en los mismos políticos que sostienen el régimen actual.

"Chile está apunto de dar a luz a otro Chile, que seguramente tomará muchas cosas del Chile del presente (...)" Precisamente eso es lo que esperan Piñera y la clase dominante chilena: cambiar algo, para que nada cambie. Mientras tanto, la única referencia a la brutal represión que ejerció el Gobierno de Piñera frente a la rebelión popular fue "quiero que no exista más, se los digo de corazón, el dolor que vi en las calles de Chile". Ciertamente una referencia muy solapada.

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Ya para concluir, reivindicó a su gobierno por haberse aprobado la ley del aborto. Ignorando olímpicamente la lucha de décadas del movimiento de mujeres en Argentina.







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