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En defensa de Octubre

Ponemos a disposición la conferencia "En defensa de la Revolución de Octubre" que forma parte de Octubre, Escritos sobre la Revolución Rusa de León Trotsky.

Roberto Amador

Obrero de Madygraf y docente de escuela secundaria

Viernes 2 de octubre | 23:32

Ilustración: Ana Laura Caruso

“Marcha, libro mío; saluda de mi parte aquellos gratos lugares,
y al menos los visitaré del único modo que se me permite”.
Las tristes, Ovidio.

Noviembre de 1932, Trotsky llega a Copenhague, Dinamarca, invitado por una asociación de estudiantes que le propone dar una conferencia sobre la Revolución rusa. Es su primera aparición en público tras cuatro años de exilio. Su objetivo: ayudar a comprender cómo cuatro millones de obreros industriales y del transporte dirigieron a cien millones de campesinos.

Desde sus primeras proclamas y artículos clandestinos durante el régimen zarista, en los que trabajó meticulosamente en su juventud con el fin de que hasta un obrero casi analfabeto pudiese entenderlos; pasando por su experiencia como presidente del Soviet de Petrogrado con apenas 26 años, y las conclusiones tras la derrota de la revolución de 1905 que plasmó en “Resultados y perspectivas”; hasta su trabajo como jefe del Ejército Rojo a bordo del tren blindado, donde su máquina de escribir marchaba al ritmo de la locomotora, siendo destacado dirigente de la revolución junto a Lenin, Trotsky siempre escribió para que “los esclavos” aprendan a odiar sus cadenas con mayor conciencia y energía, “y las rompan lo antes posible”.

Deportado de la URSS en enero de 1928, sin equipaje, sin un solo libro, sin un lápiz ni una hoja de papel, esa siguió siendo su tarea. No cayó en las explicaciones subjetivas para entender el periodo de reacción que atravesaba el Estado obrero. No se enojó con la realidad, sino que buscó comprender lo que estaba ocurriendo para orientar a la Oposición de Izquierda, perseguida por el estalinismo y cuyos integrantes estaban siendo deportados o confinados a los campos de concentración. Aislado y con insuficientes medios materiales, el hombre adulto, que en su juventud supo ser el “potente y misterioso personaje que penetraba en todas las fábricas” con sus palabras, siguió en guardia, defendiéndose porque al hacerlo era consciente que defendía la Gran Revolución, porque como supo decir, “relatando, me defiendo, y a menudo, ataco”.

El artículo que quiero recomendar es de esta etapa de Trotsky. Es uno de los que diría que son de cabecera para mí: por el contenido y el valor histórico. El 27 de noviembre de 1932, tras cuatro años de exilio en Turquía, y con visa de tránsito de 8 días, llega a Copenhague, Dinamarca. Una asociación de estudiantes socialdemócratas lo invitó a realizar una conferencia sobre la Revolución rusa, que luego se publicará con el título, “En defensa de la Revolución de Octubre”. Era su primera aparición en público, y lo haría en un estadio frente a un auditorio de 2500 personas. Natalia Sedova, compañera de Trotsky, cuenta que, “el gobierno danés había prohibido la radiodifusión de la conferencia, invocando objeciones del rey y de la corte”, mientras que los estalinistas hacían movilizaciones de protesta. No era menor, quien tomaba la palabra era el hombre que, junto a Lenin, había dirigido la revolución que hoy sabemos que no solo hizo estremecer al mundo sino que abrió una época donde por primera vez en la historia la clase obrera tomaba el poder, destruyendo el Estado burgués e instaurando a través de los soviet (consejos) una democracia totalmente superior a la democracia burguesa.

Ya de por sí el contexto de este artículo es épico. Esa conferencia quedó registrada en las fotografías de Robert Capa, que capturó el momento y la energía de las palabras del orador de la Revolución. El contenido del texto es totalmente pedagógico. Me permito, citar algunos pasajes, a modo de invitación a la lectura.

León Trotsky. Foto de Robert Capa

“El objetivo de mi conferencia es ayudar a comprender”, dice Trotsky, las causas que han llevado a la revolución. “La sublevación solo puede conducir a la victoria real de la revolución y al levantamiento de un nuevo régimen en el caso de que se apoye sobre una clase progresiva capaz de agrupar alrededor suyo a la aplastante mayoría del pueblo”. Una clase progresiva, con una forma de organización superior, que agrupa alrededor suyo en el Soviet (consejo) a todos los sectores, constituye la forma irremplazable de frente único proletario en la revolución, y que permitió, por primera vez en la historia, que “cuatro millones de obreros de la industria y de los transportes” dirigieran a 100 millones de campesinos.

Esto no surgió de la nada, y no solo bastaron los efectos de la Primera Guerra Mundial para que así sucediera, sino que el Partido Bolchevique, sus militantes, que se habían forjado en “las huelgas y luchas callejeras, en las prisiones y en la deportación, habían adquirido el temple necesario”, supieron cuándo era el momento de tomar con seguridad y firmeza el poder, y que los explotados sean sujetos de su propio destino, “para construir con sus propias manos un porvenir mejor”.

Cuando vuelvo a leer este artículo, no puedo dejar de recordar la imagen de Trotsky agitando sus brazos con fuerte pasión, el más grande perseguido de la tierra, llamando a defender y a luchar por el socialismo, que significa para nosotros “… un salto del reino de las necesidades al de la libertad. También es este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, flanqueará la vía hacía una nueva especie más feliz”. En el marco de la crisis histórica que atravesábamos es necesario, hoy más que nunca, militar por esta perspectiva, siguiendo el legado de Trotsky.







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