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La Izquierda Diario

La planta de Canning del Grupo Techint se encuentra funcionando hasta que finalice la conciliación obligatoria el 14 de marzo. Algunas reflexiones para esta etapa de la lucha.

Alejandra VercellinoTrabajadora de Siam reinstalada - Movimiento de Agrupaciones Clasistas (MAC)

Jueves 11 de marzo | 21:20

Luego de sostener un acampe por más de tres semanas, acompañado de un paro total de la planta de 20 días, los trabajadores de la planta de Ternium - Siderar Canning levantaron las medidas de lucha hasta que finalice la conciliación obligatoria el 14 de marzo. Esperando que la empresa y el sindicato lleguen a un acuerdo favorable a sus reclamos, se abre un impasse en este duro conflicto. A continuación planteamos algunas reflexiones para esta lucha que no termina.

Algunos de los reclamos de los obreros de Canning vienen de vieja data, y uno de ellos -el de encuadramiento en el convenio 17- lleva 25 años siendo exigido mediante medidas de fuerza, denuncias en el Ministerio de Trabajo y hasta por la vía legal. La empresa se negó sistemáticamente todos estos años a reconocer los derechos de los trabajadores. Cansados de esta situación, estos dieron una enorme pelea frente a una de las patronales más importantes del continente, cuyo dueño es uno de los hombres más ricos del país. Esta lucha ya cobró relevancia nacional y mueve el piso de la rama industrial más grande del país; se impone como un ejemplo de que se puede pelear contra los empresarios más poderosos, que se pueden enfrentar los despidos y conquistar un mejor salario. Luego de duras derrotas donde más de 70 mil trabajadores metalúrgicos fueron despedidos durante los años anteriores, numerosos cierres y entrega salarial, los trabajadores de Ternium - Siderar han dado una pelea importante a pesar de la dirección del gremio y de las mediaciones del Gobierno.

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El contexto nacional de esta lucha es de un agravamiento generalizado en las condiciones de vida de trabajadoras y trabajadores. Durante el primer año de este gobierno peronista no solo no se recuperó el poder adquisitivo, sino que se siguió perdiendo; la situación de los sectores más empobrecidos se tornó desesperante; crece el malestar en la “primera línea”, que sigue dando la vida en malas condiciones laborales y salariales -con el agravamiento que implica la existencia de los “vacunatorios vip”-; se perpetuó la amenaza de cierres y despidos masivos en sectores que siguen en crisis -o la utilizan de excusa-; se dejan pasar los intentos patronales de volver a la “nueva normalidad” exponiendo las vidas trabajadoras. A esto se suma la crisis habitacional que sufren millones de personas. Esto despertó luchas de todo tipo como las de Guernica, ferroviarios contra los despidos, tercerizados de Edesur (EMA, por cambio de convenio), aeronáuticos contra los despidos y la flexibilización, Coca - Cola, Gotan, y muchos más.

En estos 25 días de lucha los trabajadores no solo tuvieron que resistir el ataque de la patronal con despidos, persecuciones y pedidos de desafuero, sino también los aprietes del Ministerio de Trabajo del gobierno de Alberto Fernández, que dictó una conciliación que nada decía sobre sus reclamos, pero imponía garantías para que la empresa pudiera sacar producción. También enfrentaron las amenazas de la Justicia, cuando una fiscal se hizo presente en los portones para amedrentar a los trabajadores junto con la Policía Bonaerense de Kicillof.

La dirección de la UOM desde el primer momento intentó apaciguar el reclamo de las bases, no solamente pidiendo a los trabajadores que crean en promesas verbales de la patronal en las negociaciones, sino dejándolos solos en las iniciativas y medidas de lucha. La UOM no convocó a ninguna medida de solidaridad a nivel de la Seccional Avellaneda y menos nacional, sino que no sacó un solo comunicado reflejando semejante ataque a una de las fábricas más importantes de la seccional.

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Lo que sí hizo el sindicato luego de la asamblea del 2 de marzo, fue publicar en redes sociales un texto cizañero aduciendo que el conflicto estaba trabado por culpa de "intereses de política externa". Así se refieren a los trabajadores solidarios que luego de largas jornadas laborales se acercaban hasta Canning para apoyar y dar fuerzas a los metalúrgicos y sus familias. Los burócratas sindicales buscaron dividir a la Seccional Avellaneda poniéndola en contra de la lucha de Ternium, porque son cada vez mayores las muestras de solidaridad de los trabajadores de distintas metalúrgicas hacia la lucha que llevan las bases, como mostraron Tenaris - Siat, GRI Calviño, Siam, Gotan, y muchas más. A pesar de ser varias fábricas de la misma seccional, el rol de la dirigencia es dividir para seguir reinando al beneficio de las grandes patronales.

No obstante, los trabajadores lograron poner en el centro sus demandas, y obligaron a la empresa a sentarse a negociar. Si algo se consigue en la mesa de negociación abierta será gracias a la fuerza demostrada por ellos mismos. Creemos fundamental que la experiencia obtenida en esta dura pelea sirva para que los trabajadores avancen en organizarse en forma independiente de los burócratas y de los patrones. Quienes escribimos estas líneas entendemos que la sola posición de parar la producción de una de las plantas de los Rocca, por más alto impacto económico que pueda tener, no alcanza para golpear fuertemente a uno de los dueños del país.

Quedó demostrado que ante estos ataques de los empresarios, la ayuda del intendente Granados y el gobernador Kicillof, con la pasividad criminal de la UOM, es necesario el lanzamiento de una gran campaña nacional de apoyo a la lucha de Ternium – Siderar. Ante el aislamiento es necesario tomar medidas como cortes de ruta o movilizaciones para visibilizar el reclamo, y coordinar con otros sectores que también sufren el ajuste y flexibilización como los docentes, los jóvenes precarizados, quienes luchan por un pedazo de tierra, las mujeres que salen de a miles a las calles porque cada 28 horas hay un femicidio, los trabajadores de la salud. Si nos unimos no hay patronal que se salga con la suya.

A su vez, las asambleas de base como órgano soberano central de los trabajadores deben imponerse hasta el final como método; hay que pelear para que existan representantes votados en asamblea en las mesa de negociación y que no se firme ningún acuerdo sin el aval de la misma. Partimos de contar con trascendentes experiencias de lucha como la de Siam, donde la apuesta fue convertir la lucha en una causa popular contra los despidos en el Conurbano, apostando a visibilizar la lucha con cortes en el Puente Pueyrredón, convocando reuniones de coordinación en la puerta de la fábrica, festivales donde se soldó la unidad con el barrio, dándole un lugar protagónico a las mujeres y sus familias en el acampe. Se trató de un conflicto muy duro, que a pesar de la traición de la dirección de la UOM conquistó reinstalaciones históricas.

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Los trabajadores no debemos resignarnos solo a "meter presión" sobre los dirigentes que no nos representan. Claramente la dirección del sindicato por momentos puede verse acorralada y obligada a tomar tal o cual medida por presión de las bases; pero es una tarea necesaria exigir a la burocracia que tome medidas y que las mismas se realicen efectivamente. Ante la posibilidad siempre latente de traición de los dirigentes de la UOM, es necesario contar con una fuerte agrupación clasistas que tenga influencia en la base de la fábrica, tome las posta en las asambleas, piense estratégicamente el conflicto para vencer, y sobre todo, que marque una perspectiva para recuperar las comisiones internas y el sindicato para ponerlos en manos de los trabajadores.




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