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Red Internacional

Tras la simpatía ganada por los carpinchos por hacer valer su preexistencia original en el humedal usurpado por los chetos del Nordelta, ahora los quieren acorralar para su “preservación”. Pero también existen otras especies roedoras como los coipos. Aparentemente ellos tampoco cumplen con los “códigos de estética visual y moral” que predomina en el imaginario de paisaje prístino de los ricos.

Euge VielleRedacción Zona Norte | GBA

Martes 24 de agosto | 21:41

¿Qué son los coipos? Te cuento Michel…

El coipo (Myocastor coypus) es un roedor grande, parecido a la nutria y al castor, propio de Sudamérica y habitante nativo de humedales. Puede alcanzar un peso entre 4 a 10 kg., con una longitud corporal que va de los 40 a 60 cm. y su cola se llega extender de 30 a 45 cm., la cual tiene un rol fundamental para navegar en el agua. Se alimenta de tallos, raíces, granos y cortezas. También se caracterizan por su dentadura anaranjada.

Este “primo” del carpincho, también está bajo la mira de la Asociación de Vecinos de Nordelta (AVN). Esta asociación se encarga de la administración de 40 barrios, y es la que propuso el traslado de los carpinchos a un “espacio de refugio” a construirse para tal fin con el consenso de la Dirección de Flora y Fauna de la provincia de Buenos Aires, la cual dictaminó que sí hay “superpoblación” de carpinchos y que “el perjuicio ocasionado por la interacción de los carpinchos con los habitantes del complejo se enmarca dentro de la categoría grave”.

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Un horror, Michel, un horror

Así como el carpincho, el coipo también es monitoreado desde el 2014 por el gran panóptico de la AVN, que le permitió determinar que la población de carpinchos había crecido un 17 % respecto al 2020. Pero a diferencia del carpincho, el coipo no fue catalogado como plaga mediante operación mediática. Aún.

Sin embargo, desde la propia página de AVN, declaran que entre 2014 y 2016 hubo un crecimiento exponencial de población de coipos; en 2017 bajó considerablemente y luego se mantuvo estable. Se alega desde la misma publicación que fue obra de la responsabilidad de los vecinos, de mantener un control “indirecto” sobre estos roedores como ser la instalación de cercos electrificados, que no mata pero aleja.

Existe una empresa que brinda servicio exclusivo para este tipo de clientes, y anuncia así su eficacia al 100%: “Estos cercos se instalan en los barrios cerrados de la zona Norte, Nordelta, Santa Bárbara, y los barrios cerrados de Villanueva. En todos estos barrios, en sus lagunas habitan coipos, los cuales ingresan a los jardines linderos con el lago ocasionando grandes daños. Por ejemplo: nadan en las piscinas defecando dentro de ellas, roen la corteza de los árboles, se comen las raíces de la grama, cavan pozos en el jardín, anidan bajo los decks”.

Durante los mencionados años de crecimiento de población de coipos, también florecieron denuncias de vecinas del barrio Los Sauces, donde por ejemplo explican, en la revista Locally del Nordelta, que la AVN contrataba a la empresa Garden Group para eliminar a los coipos con trampas de hierro que les quebraban los huesos. También por esos años denunciaron la extraña desaparición de una familia de gansos, ya que había quejas de los vecinos sobre esta población de aves porque defecaban en las entradas de las casas, o se cruzaban en el tránsito.

Blando con los ricos, duro con las estatuas y con los pobres

El intendente Julio Zamora junto a Gisela Zamora, la 1er. candidata a Concejal por el Frente de Todos no paran de inaugurar cosas para la campaña. Ayer mismo inauguraban la estatua de un yaguareté como símbolo de la fauna autóctona. Cuatro meses antes, inauguraban la estatua de los carpinchos frente a la estación fluvial de Tigre por el Día Mundial de la Tierra. Y si de tierras y territorios como los humedales desguazados por los grandes negocios inmobiliarios como Nordelta, se habló más que nunca durante la última semana, la pareja Zamora no ha emitido declaración alguna.

El silencio se deberá a que su orientación política es continuar privilegiando estos negocios para los ricos, donde a partir de este año se anunció la aprobación y construcción de 1.500 nuevas viviendas en Nordelta, a costa de la destrucción del ecosistema nativo, y en detrimento de los barrios más pobres y carenciados de condiciones básicas habitacionales.

Lo que es urgente es invertir ya mismo las prioridades, como planteó recientemente Paula Akerfeld, en un comunicado en contestación a la cínica preocupación de Constantini, dueño de Nordelta: “Desde el Frente de Izquierda Unidad, junto a organizaciones ambientalistas y vecinos, llamamos a organizarnos y exigimos que se apruebe la Ley de Humedales. Esta ley prohibiría que se realicen sobre ellos actividades que afecten su composición, estructura y funcionamiento como el agronegocio y el negocio inmobiliario”.

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