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COVID-19

Empresa reconvierte su producción para ventiladores mecánicos ¿y si lo hicieran todas las empresas bajo control de sus trabajadores?

La empresa Teccap, a principios de abril, comenzó a trabajar un prototipo de ventilador mecánico para poder ponerlo al servicio de la pandemia de COVID-19 y el pasado jueves entregó al Ministerio de Salud un dossier con toda la información técnica del ventilador mecánico de emergencia -Oxigena VMI-19- con la idea de conseguir una aprobación para su uso, según consignó el Diario Financiero.

Sábado 6 de junio | Edición del día

Para financiar el proyecto, la empresa publicó en redes sociales un folleto con los datos, llamando a las personas a realizar donativos, recibiendo aportes de hasta $10 millones de pesos. Pudiendo así realizar una inversión para llevar a cabo la producción del prototipo y proponerlo al Minsal.

Desde la empresa, señalan que el plan es fabricar 50 equipos a la semana -de una capacidad total de 80 semanales-, los que serán un 30% más económicos que un ventilador de similares características importado. También indican que son ventiladores mecánicos de emergencia invasivos "de último recurso", y adelanta que ya están desarrollando un nuevo prototipo, un ventilador de transporte o pesado, "estamos trabajando para tener un prototipo para pruebas en julio".

Esto parece un avance importante respecto a industria y tecnología en el país, sin embargo, en medio de esta pandemia, es urgente la reconversión de la producción, para poner la industria al servicio de la salud pública. Esto no se logrará bajo los estrechos márgenes de la buena voluntad de uno o dos empresarios.

Las funciones de la producción tecnológica e industrial del país están en manos de los empresarios de la SOFOFA que, incluso, han sostenido su postura de mantener en funcionamiento las empresas que no son esenciales para la pandemia, a pesar de que esto pone en riesgo la vida de miles de trabajadores y trabajadoras que se ven obligados a seguir cumpliendo labores sin las medidas de seguridad requeridas mínimas y bajo amenaza de despido. O también en casos como los de la planta de Quilicura de IDEAL, donde varios trabajadores denunciaron que la empresa mantiene las líneas productivas con trabajadores contagiados, o la fábrica de L’OREAL en San Bernardo, donde las trabajadoras denunciaron que la empresa las obliga a trabajar sin ninguna medida de precaución, vemos lo irracional de la organización social en base a las ganancias de unos pocos.

Para que la industria y la tecnología se dirijan a solventar las necesidades de la salud pública por el COVID-19, la re conversión de la producción debe ser llevada a cabo por quienes trabajan en las fábricas y centros de estudio científico. Es decir, estas empresas deben ponerse bajo gestión y control de sus trabajadores y trabajadoras, y que, mediante una organización democrática, decidan el rol de las empresas en medio de esta crisis. Si ponemos esta medida en perspectiva, serían cientos de empresas las que estarían al servicio de la producción de insumos médicos, rompiendo así con el ciclo de desmantelamiento y colapso de la salud pública, que comenzó Pinochet y que desarrollaron todos los gobiernos post dictadura, y que este gobierno criminal ha profundizado.

A las medidas del gobierno, hay que oponerles la más amplia organización de las y los trabajadores de los sectores productivos, para que sean estos los que tomen el camino de la crisis en sus manos y pongan la industria al servicio de las necesidades de las mayorías. Los empresarios jamás tendrían la voluntad de reconvertir por completo la producción, pero los trabajadores, que sufren las peores consecuencias de esta crisis, tienen la fuerza para hacerlo.







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