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Red Internacional

PASO 2021.Ellas y ellos, o nosotras: para fortalecer nuestras luchas en el Congreso y en las calles

Este domingo, las mujeres y disidencias sexuales de Córdoba, que somos parte de la mitad de la población en nuestro país, tendremos que decidir a quién votamos para que nos represente en el Congreso Nacional. Columna escrita por la precandidata a Senador Nacional Laura Vilches para ser publicada en el sitio BambaCoop de la ciudad de Villa Carlos Paz.

Laura VilchesConcejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

Miércoles 8 de septiembre | 10:01

Hemos sido nosotras y nosotres quienes venimos estando a la cabeza de luchar y conquistar nuevos derechos como el derecho al aborto y esa pelea, nos permite tener ejemplos sobre cómo hacer para avanzar, para para tener una vida más digna.

Fueron las pibas las que nutrieron con su fuerza enorme la marea verde, las que hoy se enfrentan en cada punto del país no sólo a las instituciones y personajes patriarcales sino a todas las formas del extractivismo y a quienes lo defienden, son las madres de los pibes asesinados por el gatillo fácil, las trabajadoras de la primera línea las que estamos al frente de la lucha contra la impunidad o defendiendo el derecho a la salud y la educación.

Estas elecciones se dan en un marco en el que la mayoría de la población trabajadora, las mujeres, las juventud vemos, cada día, el empeoramiento de nuestras condiciones de vida, la pobreza, la miseria, la desocupación y la precariedad laboral que se acrecienta. Y esta situación que nos afecta tiene responsables políticos.

¿Es acaso la dupla de “Ellas”, las mujeres de Hacemos por Córdoba, la que ha defendido nuestros derechos? Claramente, no. Ellas son las responsables de la política de un partido que lleva 20 años en el gobierno de la provincia que impuso que las trabajadoras docentes, de la salud, de la limpieza o la gastronomía estemos entre las que tenemos peores salarios o con contratos basura o monotributistas, sin derechos laborales. El ejemplo más crudo es el de las trabajadoras del Ministerio de la Mujer, las que casi sin derechos laborales se enfrentan a diario con todas las situaciones de una violencia estructural que impacta sobre nuestras vidas: es la violencia económica de la precariedad que nos expone a la violencia psicológica, física, sexual en las parejas, el trabajo, los lugares de estudio.

Pero también, esa dupla que se pretende “defensora de los derechos de las mujeres” es la que legitima la violencia simbólica de una campaña desde la que llaman al voto “por Juan” (Schiaretti). Una campaña en la que Juan Schiaretti, “como hombre” se impone desde las carteleras y los spots para legitimarlas a ellas y su política precarizadora de nuestros derechos.

A “ellas”, a Alejandra Vigo, que votó contra el derecho al aborto legal en el Congreso; a “ellas”, a Natalia De la Sota, la hija de quien impuso el PPP (que quiere presentar como ley en el Congreso nacional), un programa con el que las pibas se vuelven mano de obra ultra barata para las patronales de call center, gastronómicas, jardines maternales privados, tercerizadas de la limpieza. “Ellas”, las que defienden el agronegocio y los emprendimientos inmobiliarios que destruyen el bosque nativo; “ellas” las que en nombre de esos negocios, avalan el ataque a las comunidades originarias de nuestras sierras, un ataque que se descarga con toda la saña de la violencia sexual y física hacia nuestras hermanas de los pueblos indígenas.

No son “ellas” las que garantizarán nuestros derechos. Tampoco lo serán aquellos varones o mujeres de Cambiemos, que se pelean por quién es la versión “más dura” para atacar los derechos de los laburantes, las mujeres y disidencias, la juventud como representantes de los sectores más concentrados del capital nacional e imperialista.

Tampoco lo serán aquellos varones que encabezan las listas del Frente de Todos como representantes de lo más rancio de la Iglesia Católica, del Opus Dei como Martín Gill, o de esos mismo sectores que impulsan la degradación de nuestro ambiente en nombre de los mismos negocios del “desarrollismo” bajo matriz extractivista como Caserio, férreo impulsor de la autovía de Punilla.

No será de ellos y ellas de quienes vengan las fuerzas para defender nuestros derechos, como mujeres, trabajadoras, como disidencias sexuales, como defensores y defensoras del ambiente y nuestro monte nativo.

La fortaleza vendrá pura y exclusivamente de nosotras, las que siempre estuvimos del mismo lado, peleando codo a codo, impulsando asambleas en los lugares de trabajo, estudio, en los barrios, para luchar contra la violencia machista en todas sus formas, para conquistar nuevos derechos como el aborto, e ir por más separando a la Iglesia del Estado, garantizando la real inclusión laboral trans en trabajos con todos los derechos.

Es de la confianza en nuestra propia fuerza, desde abajo y organizadas y organizados junto a los compañeros de nuestra clase trabajadora que lograremos imponer nuevas demandas como la reducción de la jornada laboral, que permite avanzar contra esa irracional situación que nos atraviesa, tanto a quienes tenemos la suerte de tener un laburo en blanco, como a quienes no tienen empleo o éste es precario. ¿Cómo puede ser que en pleno siglo XXI la más avanzada tecnología como la que observamos en el sector de aplicaciones o en la virtualidad escolar bajo pandemia se combine con la tracción a sangre de pibes y pibas pedaleando horas o la superexplotación que vivimos las docentes trabajando muchísimas horas para llegar a fin de mes?

Nuestra lista, Fortalecer la Izquierda, que encabezo junto a Liliana Olivero, se propone emerger a nivel nacional, en estas elecciones, como una gran fuerza política que conquiste bancas para alzar nuestra voz y fortalecer nuestras luchas, en el Congreso y en las calles.




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