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Red Internacional

A propósito de la discusión abierta en estas elecciones, sobre la reducción de la jornada laboral: las y los telefónicos tenemos ejemplos de lucha sobre esta cuestión. ¿Es posible llevar adelante una pelea por la reducción de la jornada? Un debate con Yasky, Marín de Foetra y la CTA.

Soledad DomenichettiTrabajadora telefónica | Agrupación Violeta | @soledome1 Historiadora

Florencia SarachoTrabajadora Telefónica Agrupación Violeta | @fsaracho2014

Sábado 14 de agosto de 2021 | 16:10

En estos días circularon propuestas sobre la reducción de la jornada laboral de algunos dirigentes sindicales: de Palazzo, de Yasky y de Claudia Ormaechea, diputada nacional y secretaria de Derechos Humanos, Género e Igualdad del gremio bancario.

Para quiénes no los conocen, son parte integrante de la lista del Frente de Todos. Sus proyectos nada dicen de garantizar un salario, como mínimo, igual a la canasta familiar ni de repartir esas horas para terminar con la desocupación. También hay que decir que, luego de algunos días de debate, desde el propio gobierno nacional, vetaron el debate, en palabras del ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas que dice “que no hay jornadas laborales extensas y que es ´impensable´ reducirlas”.

Recordemos que en solo un año vimos un aumento de 2,5 millones de pobres, que los jóvenes y las mujeres son los más afectados por la precarización laboral y el desempleo, que tres de cada cuatro niños son pobres en el conurbano bonaerense. No se puede seguir responsabilizando de todo esto a la pandemia, como hace Alberto Fernández. Al contrario, son decisiones políticas las que nos llevan a esta situación.

Muy distinto es lo que lo que plantea la Agrupación Violeta; y el PTS en el Frente de Izquierda Unidad, en las voces de Nicolás Del Caño o Myriam Bregman: la reducción de la jornada laboral a 6 horas, con un salario que como mínimo cubra la canasta familiar indexado a la inflación, que junto con el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, apunta a que trabajen todos y todas, con plenos derechos, planteando una salida de fondo a la crisis que vivimos. Una campaña que ponga en agenda que los trabajadores no tenemos que solo aceptar migajas de los empresarios, donde unos dejan la vida en las fábricas y otros no tienen trabajo. Poner el norte para que los trabajadores peleen por esta salida, como en su momento se peleo por las 8 horas de trabajo, que al igual que ahora los empresarios y gobiernos decían que era “imposible”.

Un debate con Claudio Marín y el ejemplo de lucha de los telefónicos

Claudio Marín, secretario adjunto de Foetra y parte de la CTA, apoya el proyecto de Hugo Yasky. Pero en su propio gremio juega en contra de este reclamo. Los empresarios, seguramente, se opondrán a cualquier avance de los trabajadores por limitado que sea porque implicaría poner en discusión sus ganancias. Bien sabemos que toda conquista de la clase trabajadora depende su lucha y organización, y de ninguna manera del lobby parlamentario o las “buenas intenciones”.

Cabe preguntarse entonces, ¿qué estarían dispuestos a hacer los dirigentes sindicales para que realmente se avance en la reducción de la jornada? Claudio Marín, ¿estaría dispuesto a dejar su “convivencia pacífica” con Osvaldo Iadarola, -su aliado en la conducción de Foetra que forma parte de la Pastoral Social- para impulsar una gran asamblea con miles de telefónicos, efectivos y tercerizados? Y también tenemos que decir que, para eso, hay que discutir, nuevamente, la necesidad de la independencia política del gobierno. Sin ella, es imposible avanzar en la pelea por nuestros derechos. Ya se pronunciaron en contra. ¿Están los dirigentes sindicales dispuestos a esto?

Hace solo algunos días, Claudio Marín en C5N declaró que las direcciones sindicales no “tuvieron la fuerza” para enfrentar los despidos durante la pandemia. Como respondió Myriam Bregman, “claro que los sindicatos tienen la fuerza, pero hay que proponérselo”. Al parecer, dirigentes como Marín y Iadarola que están en sus cómodos sillones decidiendo burocráticamente desde hace décadas, se olvidaron del poder de fuego con el que contamos la clase obrera organizada. Fue con gran determinación y lucha que las y los trabajadores telefónicos logramos recuperar la jornada histórica de 7 horas de trabajo, que se nos había arrebatada con la privatización de Entel.

Sin embargo, esta conquista, que podría haberse desarrollado como ejemplo para el conjunto de la clase obrera del país, terminó en papel mojado para la conducción de Foetra que, con el tiempo, creó condiciones para liquidarla. Lo más notable fue la firma de actas flexibilizadoras en los últimos años, bajo el gobierno macrista, con la que aumentaron la jornada de trabajo en algunas áreas técnicas a 9 horas. Así como también la promesa incumplida del pase al mismo convenio para los trabajadores de la telefonía móvil y las condiciones ultra precarizadas, con jornadas extenuantes en las que se encuentran nuestros compañeros tercerizados (técnicos, call center, maestranza) y con salarios muy por debajo de los efectivos.

Ni demagogia, ni falsas promesas. La reducción de la jornada es una necesidad y es posible

Los hechos nos indican que la discusión planteada desde los dirigentes gremiales afines al gobierno nacional se trata, nada más y nada menos, que de demagogia electoral. ¿Por qué? Porque se trata de la misma burocracia sindical que viene imponiendo aumentos salariales por debajo de la inflación, que no peleó por la reincorporación de miles de despedidos en pandemia, entre ellos de los trabajadores de Polymont-Claro; que no lleva adelante ninguna pelea seria por terminar de una vez y para siempre con el tercerismo y la precarización laboral que se lleva vidas obreras como la de Matías Dimuro; la misma que no levanta más que en los días del calendario feminista los derechos de las mujeres. ¿Se puede plantear que se está por la reducción de la jornada sin que afecte al salario mientras aceptan el ajuste que viene aplicando el Gobierno (que estas direcciones sindicales apoyan y están alineadas) como parte de su plan de acuerdos con el FMI?

Por el contrario, el Frente de Izquierda Unidad, que se propone ser tercera fuerza nacional, una alternativa al peronismo y la derecha que gobernaron todos estos años plantea que el avance de la ciencia y la técnica haría posible que trabajemos menos y todos, y que en nuestro tiempo libre podamos disfrutar del descanso, el arte y la cultura. Pero para lograrlo hay que exigirles a las conducciones sindicales burocráticas que dejen la demagogia de lado, e imponerles desde abajo y con organización, la unidad entre efectivos y tercerizados, ocupados y desocupados. Poner en marcha todas nuestras fuerzas para los momentos más duros que están por venir frente a una crisis que va en aumento, y conquistar nuevas bancas en el Congreso que estén al servicio de la clase trabajadora es un desafío para el que nos preparamos.




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