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Red Internacional

La epidemia se mueve en las venas abiertas de una salud añosamente quebrada. El heroísmo es una palabra hueca cuando la sanidad tiene las manos vacías. Reflexiones en cuarentena.

Viernes 24 de abril de 2020 | 12:31
Imagen| Desde abajo

Hoy la soledad de los abrazos se siente inmensa, de los abrazos con olor a piel. Colma los paisajes del mundo todo; un mundo que anda doliendo de un virus capital. La naturaleza, hoy espectadora, se ríe y con derecho ganado.
Aquellos con techo giran entre resguardos, ocupaciones, preocupaciones y algunas perezas. Aquellos en la calle no saben a dónde ni cómo girar, con tanta miseria alrededor se resguardan en su espacio mundo; un espacio que hacen propio en lo enormidad de lo ajeno.

Transita una peste de la nueva era, pero también circulan las de antaño, las que nunca se fueron mientras la moneda cae siempre del mismo lado y para placer de los mismos anfitriones. Esas toxinas capitales que carcomen las entrañas de laburantes ante los ojos de cerdos y serpientes y flagelan los brazos de quienes despiertan y hacen arrancar al mundo desde siempre.

Circula la epidemia y cibercircula el centinela, entre moralinas teñidas de salubridad que pregonan un salvavidas individual entre paredes, buscando una redención popular que jamás tendrán. La gorra es la misma, ayer y hoy.
La epidemia se mueve en las venas abiertas de una salud añosamente quebrada, que denuncia y exige a gritos que la cuiden para poder cuidar. El heroísmo es una palabra hueca cuando la sanidad tiene las manos vacías.

Para las mayorías, la cuarentena camina y el hambre no le pierde pisada; y la pisada cada vez se agiganta más. La miseria a la que arrojan a millones sobrevuela por el aire y aterriza en los bolsillos cada vez más ajustados. Hoy mucho más.
El hospital sangra y se desangra. El cartón se vuelve ataúd, la pista de hielo es una morgue. La muerte, en maratón permanente y sin cuarentena, no permite la despedida.

Pero en este salto doliente de la historia, la solidaridad se vuelve razón y deber. El abajo no descansa, nunca lo hace. Golpea, denuncia, exige y batalla. Jamás en singular. Plural es su esencia. No fabrica ilusiones, produce verdades. La misma historia lo sabe, aunque no la escriba.
¿Humanizar al virus capital?, no. Bien sabemos que hay que desterrarlo. Es nuestro deber y nuestra razón. A lo mejor y para mejor de toda la humanidad haya llegado la hora, nuestra hora.


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