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Red Internacional

Reseña cinematográfica.El último asadito. ¿Querés que juguemos a que se viene el fin del mundo?

A 21 años de El Asadito, una película testigo de una época que cada tanto vuelve a golpearnos la puerta.

Jueves 30 de diciembre de 2021 | 19:00

Es 30 de diciembre de 1999 en Rosario y un grupo de amigos se junta a comer un asado en la terraza. Durante el transcurso de la tarde el festejo y la euforia de la reunión se van diluyendo entre el vino y el agua de la pileta, y pronto los personajes se verán envueltos en un río de confesiones, sueños frustrados y balances de una vida tumultuosa en el precipicio del siglo XX. Esa podría ser toda la sinopsis de El Asadito, película de Gustavo Postiglione del año 2000 que puede verse en Octubre TV.

El fin de siglo. El fin del milenio. Se terminaba 1999 y en el mundo se respiraba un aire de incertidumbre sobre el nuevo siglo que se venía en tan solo unas horas. En medio de esa tormenta, los amigos buscan refugio y escape en el (p)asado, porque no hay nada como una juntada con amigos para sentir esa sensación de que, aquí y ahora, todo está bien. Para representar ese fin agonizante, el director elige hacer un film sostenido principalmente por la conversación, lo cual me parece un acierto porque para mí, los noventa, es la década de la conversación. Yendo hacia el norte, pienso en Seinfeld, serie noventosa por excelencia, que lo sintetizó muy bien: “solo dos tipos sentados en un café, conversando. Este es el show”. Entonces, decía, los personajes hablan; uno filosofa sobre las mujeres, otro intenta vender un auto, otros dos juegan a ver quien sabe más de actores y películas. Pero a medida que hablan, las palabras se van poniendo más pesadas y desde la banalidad surgen las verdades.

“-Vos sabés que cuando yo era pendejo, creía que cuando llegara el último día del siglo se venía el fin del mundo.

  •  ...pero ustedes realmente creen que se viene el fin del mundo?
  •  realmente, a nosotros nos vendría bien que pase algo… algo que nos conmueva…”

    Parece profético ese anhelo, teniendo en cuenta que poco después sucedería el estallido del 2001. Que vaya si nos conmovió. Pero la película logra situarse en la agonía previa de aquella clase media que, luego de crecer bajo la dictadura, vivió en carne propia los 30 años en los que el neoliberalismo se iba asentando en el país. Por eso en El asadito reina la desesperanza: el que era banquero ahora maneja un taxi, otro se las rebusca con un videoclub, uno “se fue” y tiene éxito en el extranjero. Y otro se quiere suicidar. Paradójicamente, el que quiere ser conmovido es el más viejo. Será porque también hubo un tiempo que fue hermoso y lo llegó a conocer.

    Para los desesperanzados el fin del mundo, entonces, aparece casi como un deseo para que se termine la amargura de esa vida descolorida, deseo que intenta llevar a la realidad uno de los personajes al agarrar un arma y llevársela a la cabeza.

    “Sin duda, nada es más natural hoy en día que ver a la gente trabajar de la mañana a la noche y en seguida elegir, entre el café, el juego y la charla, el modo de perder el tiempo que les queda por vivir.” Albert Camus, La Peste

    Cruzando el río, tres jóvenes recorren Montevideo y matan el tiempo tomando birras, hablando de minas y mirando televisión. Si el Asadito es la versión adulta y desesperanzada de la agonía de fines de los noventa, 25 Watts, película uruguaya de 2001, representa el tedio de una juventud que deambula entre el desempleo y la falta de perspectivas, sin haber vivido todavía algo que los conmueva. Volviendo a Seinfeld, podríamos decir que este film “se trata de nada”. Las dos películas transcurren en un momento continuo, una tarde, un día, un fragmento de la vida cotidiana, donde ni el pasado ni el futuro existen y solo queda un presente que asfixia. Si el neoliberalismo quitó el derecho al juego y al café, la charla se vuelve ese espacio de refugio, donde la opinión importa y la anécdota es rey. La nada y el tedio como espacios de resistencia involuntaria a un mundo cada vez más deshumanizado.

    Ya sería un cliché hacer hincapié sobre las similitudes que podemos encontrar en la sociedad a 20 años de estos films. Sin ir más lejos, la palabra apatía es la que más se repitió durante las elecciones de este año. Y el fin del mundo… bueno, digamos que hoy es una posibilidad bastante concreta. Pero tal vez de lo que se trate es de hacer pesar más las diferencias.

    Una vez en una clase un profesor nos preguntó qué pensábamos cuando hablábamos de cine argentino. La pregunta nos hizo reflexionar acerca de qué consideramos que es el ser argentino y cómo está representado en el arte. Bueno, creo que no hay nada más argentino que un asado (con verduras para los vegetarianos) con amigos o familia para olvidar las penas y sentir, al menos por un rato, que todo está bien. Espero que puedan hacerlo este fin de año y, por favor, no se olviden de regar los malbones.




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