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Red Internacional

Editorial.El sistema, la política y la antipolítica

Una campaña signada por el malestar y el desencanto. El cuco de la “antipolítica” para sostener el sistema. Ni la “política” actual ni la “antipolítica”: otra política. Editorial de El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario que se emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Jueves 26 de agosto | 23:24
  •  Faltan poco más de dos semanas para las elecciones primarias que tendrán lugar el 12 de septiembre. Reina cierta incertidumbre por unos comicios que se desarrollarán en un contexto particular, con la pandemia de por medio. Sin embargo, hay cierto acuerdo generalizado en el hecho de existe una apatía extendida y mucha decepción o hasta pesimismo sobre las perspectivas. Más allá de los estudios de opinión o las encuestas que están registrando este fenómeno (pero, sabemos que las encuestas vienen pifiando bastante), tanto en el clima de la calle, en la conversación pública, en lo que uno habla con amigos o familiares, se nota esta sensación. También en algunas elecciones locales que tuvieron lugar en el último tiempo hubo algunas señales en este sentido, por ejemplo en Salta o Misiones donde tanto la participación como el voto en blanco descendieron o aumentaron respectivamente.

  •  No es muy complicado descifrar a qué responde este fenómeno. En primer lugar, a un empeoramiento de las condiciones de vida, de los indicadores sociales que ya lleva casi una década. Empezó hacia el final del Gobierno de Cristina Kirchner, dio un salto cualitativo bajo la administración de Mauricio Macri y se profundizó en estos dos años de gestión del Frente de Todos. Un dato: según el último informe de la consultora PxQ que dirige Emmanuel Álvarez Agis, sus proyecciones dan cuenta de que el salario real en septiembre de este año sería el más bajo de las últimas seis elecciones, “ubicándose -4% por debajo del nivel de 2019 (registro más bajo) y -21% con respecto a 2015”. Todos y todas conocemos los índices de pobreza cercanos a la mitad de la población, la indigencia, la desocupación de dos dígitos. Y, además, salen a la luz los privilegios de casta que tiene el personal político y en esto hay que poner tanto la foto de Olivos como el festejo de Elisa Carrió con más 70 personas, ambas cuando regían las restricciones por la pandemia para todo el mundo.
  •  Todavía está muy presente el gran fracaso, el rotundo fracaso de la experiencia del macrismo en el poder y su promesa de retomar el crecimiento de la mando del mundo, la lluvia de inversiones etc. que terminó en un ajuste y una crisis fenomenal; y ahora asistimos a la frustración porque no se cumplió la promesa de “reparación” que hizo Alberto Fernández, cuya explicación no puede reducirse a la pandemia. A menos que subestime a las personas y se crea que no se dan cuenta que la pandemia generó problemas, es cierto, pero sobre todo dejó expuesta una realidad que es el producto de una orientación política y social que no se modificó por decisiones políticas.
  •  En ese marco es que muchos empiezan a alertar contra el riesgo o el peligro del desencanto y la famosa “antipolítica”. Pero la “antipolítica” nace exactamente donde terminan los límites estrechos de esta “política” o de este sistema político. No es sólo un producto de la rabia de los “medios hegemónicos”, que fogonean o veces impulsan el fenómeno, pero no lo explican en el fondo.
  •  Junto con esto se dice “ojo con los extremos” a los que se tiende a igualar. Parece que muchos creen deben cumplir el rol de consejeros del sistema político y sostenedores de un equilibrio que es, justamente, el que nos trajo hasta acá.
  •  Existe una especie de consenso que se repite permanentemente, sobre todo en el grueso del universo político, mediático y del periodismo alrededor de que “hay que trabajar para mantener la ‘tranquilidad’ y que la crisis se siga tramitando dentro del sistema político”. Como que hay que tratar de blindar al sistema contra viento y marea como máximo objetivo. Se coloca en el haber de la Argentina que no siguió el camino de Chile o de Colombia. Se festeja que con casi la mitad de la población caída del mapa social, acá no estalla. Se dice o se sermonea explícita o implícitamente: “Que no pase lo de Chile, que no pase lo de Colombia” ¿Por qué “que no pase”? ¡Que pase! ¿De dónde salió esa idea de que si hay movilización, acción colectiva, huelgas, marchas, todo termina en un estallido ciego, sordo y mudo; culmina mal y se fortalece la derecha? No es lo que dice ni la experiencia de estos países ni la historia argentina.
  •  Ahora, sobre el fenómeno de la coyuntura: si Javier Milei y su gente finalmente logra interpelar a sectores que vayan más allá de los chicos ricos que tienen fastidio, es porque en su demagogia, en su doble discurso, en su cinismo; apunta al nervio sensible de un malestar, de un hartazgo que es real y genuino. Y eso no se puede negar.
  •  Pero además, todavía no está nada dicho, porque no está solo la derecha en el escenario. En nuestro país hay una coalición política de izquierda, el Frente de Izquierda que se propone como alternativa, que tiene presencia nacional, referentes etc. Esta semana tuvo lugar el ataque del abogado Alejandro Fargosi contra Myriam Bregman y se destacó mucho el carácter anstisemita de la acusación y de Fargosi, pero menos el carácter pro-sistema de este hombre orgánico de la derecha, militante del partido "Valores para mi país" de Cynthia Hotton, muy vinculada (confesado por ella misma) con el propagandista ultraconservador Steve Bannon, que fue estratega del expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
  •  Entonces, para los que dicen “ojo con los extremos”, que es una forma implícita de decir “resignémonos a lo que hay”, corresponde aclarar que no es lo mismo un “antisistema” que se propone cambiar el Estado o el régimen político, impugnar a la “casta política” para que tengan más a los que más tienen que un antisistema que propone que paguen la crisis los que la produjeron; no es lo mismo un “antisistema” que propone despojar de todos los derechos a las mayorías y el reinado de los bancos que un antisistema que postula terminar con esa riqueza infame, mientras otros no tienen nada.
  •  Así podemos seguir con una larga lista que demuestra que “los extremos no se tocan” como dice ese lugar común; los que “se tocan” son los que provocaron esta situación social y con sus resignaciones generan las condiciones para la emergencia de estas derechas.
  •  Porque entre la crisis del sistema, la política y la antipolítica, hay una opción: otra política, una política de otra clase y para otra clase.


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