Juventud

IDEAS DESDE LA UNIVERSIDAD

El silencio no es Salud

El debate por la organización de las mujeres en la lucha por sus derechos, y una perspectiva de clase para pensar la salud mental

Isabel Pérez Catán

Estudiante Psicología UBA

Viernes 4 de diciembre de 2020 | 23:43

Mata Ciccolella @mataciccolella

En esta nota de la Titular de la Cátedra de Introducción a los estudios de Género de la Facultad de Psicología de la UBA y actual asesora del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y de la Diversidad, Debora Tajer abre un debate muy interesante sobre la psicología, el Estado y el feminismo. Muchos de los debates sobre las relaciones entre estos términos son desarrollados en numerosos artículos en Ideas de Izquierda.

Pero particularmente nos interesa detenernos en un aspecto de su análisis sobre las mujeres en el poder, con algunos datos más objetivos y una posición de clase con respecto a las mujeres y la política, un tanto victimizante que contrasta con la realidad de las mujeres trabajadoras y con su vanguardia.

Techo de cristal y mujeres de la primera línea

Tajer analiza ejemplos de tres mujeres. Dos de ellas personajes de ficción, conocidas como Claire Underwood, el “animal político” de House of Cards, y la protagonista de Borgen, Birgitte Nyborg quien sería la Primer Ministro de Dinamarca. La tercera mujer es Cristina Fernandez de Kirchner, por cierto la única que no es de ficción. Estas mujeres que rompen el famoso “techo de cristal”, podríamos decir que son temerarias, que van por todo, audaces, decididas, que apuestan a su deseo y por eso están a la cabeza de su lucha. Sin embargo Tajer las reconoce, entre ellas a CFK, como quienes “Ya han padecido mucho los embates” y que “saben que son indispensables en la escena política y lo hacen valer, pero no quieren tener los costos de la máxima exposición”.

Parece un análisis un tanto victimizante y un poco ingenuo sobre una decisión política, y no personal, sabiendo que ser vicepresidenta no es un sutil puesto administrativo que no contempla la mirada de ningún medio ni de la sociedad, y que desde ya es un lugar de poder. Es la mitad de una dupla política que dirige un país. Un error, no por eso inofensivo, analizar desde la psicología con perspectiva de género a una persona tan importante para la política nacional, pero sin contemplar la dimensión política.

Veamos ahora, desde una perspectiva de clase, a las mujeres que se empoderan en la lucha, que su “máxima exposición” es su único escudo. Estas mujeres son las que encabezan la pelea por la vivienda digna que recorre el largo y el ancho del país, que en su mayoría son de los sectores más empobrecidos. Guernica marcó un antes y un después en la situación política del país, donde 2500 familias fueron parte de un proceso de toma de tierras en distintas provincias. Es decir, mujeres al frente de tomar en sus manos su legítimo derecho a una vivienda digna y no vivir con sus hijes en la calle, abajo de un puente, o diez personas en una piecita. La respuesta del gobierno fue la represión con gases lacrimógenos para dispersar, pasar con la topadora de Axel Kicillof sobre las casillas construidas con mucho esfuerzo y mucha solidaridad entre trabajadores, prendiendo fuego lo que quedaba de ellas, y terminando de desalojar, con más de cuatro horas de una brutal represión con balas de goma a la cara, y lluvia de gases lacrimógenos.

Es esta realidad de las mujeres trabajadoras, que se ve afectada por otras mujeres, como Kristalina Guiorguieva que ahora es quien escribe las famosas recetas del Fondo Monetario Internacional, que tiene rostro de mujer pero es el mismo buitre de siempre. Recetas que sabemos digitan la economía de los países a los que “ayudan” (por cierto, Macri está muy agradecido) que en el caso de Argentina no incluye ahora ni siquiera un IFE para las mujeres que son el único sostén de su familia, pero que sí beneficia a los que siempre “se la llevaron en pala”. Como expresa desde su propio puño y letra CFK, en su famosa carta, la unidad es con las y los de arriba, empresarias y empresarios, ni una palabra sobre las demandas que levantan las mujeres trabajadoras en todo el país. De esta mujer en el poder, Tajer no nos habla, tampoco de las mujeres de Guernica, que son la contracara.

Parece necesario que el análisis de género implique una perspectiva de clase, sobre todo para pensar a las y los sujetos de la política. No podemos separar la cuestión de género, el problema de clase, y sobre todo igualar a aquellas mujeres que ocupan un lugar de poder con otras miles de mujeres que son la mitad de la población y las más precarizadas, las primeras en ser despedidas, las que cobran menos que sus compañeros, y la realidad que todos y todas ya conocemos, se ven doblemente afectadas por las decisiones que toma el Gobierno.

No solo es importante ver qué hacen las mujeres en el poder, que todavía son excepción y minoría. Sino también qué hacemos como sociedad con las mujeres cuando están en el poder.” dice Tajer en su nota, cuestión sobre la que no podríamos estar mas de acuerdo, y cabe el balance de pensar por qué aún no logramos conquistar derechos básicos como salario igualitario, como el aborto legal, ni hablar de la separación de la iglesia del estado, impensado.
Queda a la vista las contradicciones de un gobierno que asumió en el 2019 con muchas promesas y hechos totalmente contrarios hasta la fecha, incluso haciendo alarde de un ministerio feminista que le clavó el visto a la comisión de mujeres de Guernica, mientras que el presupuesto 2021 aprobado por el conjunto de los bloques mayoritarios, contempla continuar el ajuste de los haberes jubilatorios de las millones de mujeres que trabajaron toda su vida, que por cierto no llega ni a la mitad de la canasta básica, así como la rebaja de la Asignación Universal por Hijo: un presupuesto nacional mas buitre que “sororo”.

Ciertos sectores del feminismo, que podrían estar representados por mujeres como Hillary Clinton en EEUU, o en Argentina por Carolina Castro (que fue la primera mujer en hacerse su lugar en la Unión Industrial Argentina) tienen en general, como denominador común, provenir de sectores privilegiados de la sociedad. Estos feminismos elaboran discursos y posiciones políticas en lo que representa la disputa por romper los famosos “techos de cristal” donde las mujeres puedan llegar a posiciones de poder: dentro del Estado, ocupando cargos políticos, dentro de las empresas, en la academia. Sin embargo, aún quienes han alcanzado esta posición son una minoría, porque estas excepciones existen, producto de la lucha de las mujeres por conquistar estos espacios, por la igualdad de condiciones y derechos que defendemos, encubren un discurso donde la pelea por la emancipación de las mujeres solo puede ser posible ocupando distintos cargos, mientras la igualdad ante la Ley y ante la vida, para millones de mujeres continúa siendo desigual: por dar un ejemplo, el acceso a la vivienda propia continúa estando vedado para las grandes mayorías.

Comisión de heroínas, pero no de ficción

Nosotros somos pobres, pero no somos tontos. Ya pasó en anteriores tomas, que se hicieron este tipo de estrategias y a las familias a las que les prometían eso hoy en día no tienen su casa” nos cuenta una vecina de Guernica.
Parece contrastar la lectura victimizante que hace Tajer de una dirigente política y dos veces presidenta de la nación, con el salto en la conciencia de las mujeres de Guernica que sí están a la cabeza de la lucha por sus derechos. Ellas también miraron que hacen las mujeres en el poder, por eso solo confían en su propia fuerza, porque saben que no pueden esperar nada de ningún gobierno, así como nunca esperaron nada de ninguna patrona.

Ven que nos estamos organizando y que podemos más todavía. Porque nos quieren tener como los esclavos

Muchas vecinas y vecinos de Guernica sí habían depositado esperanzas en este gobierno peronista, que asumió con muchas promesas para las mayorías populares, pero siguen atados al gran capital a través del famoso mecanismo de deudas odiosas, entre otros. Las consecuencias se ven claramente, siendo Argentina uno de los países de la región donde más creció la desigualdad, se mantiene signada por la precarización laboral de la juventud, la opresión de las mujeres, y la inestabilidad laboral en general, condiciones materiales y objetivas que determinan la salud mental de la sociedad. Son las mismas crisis, como la que estamos atravesando, y la de Guernica es la expresión más fiel, que abren los interrogantes sobre la propia persona, y sobre otras, qué las define, sobre la identidad, sobre qué rol cumplir en la sociedad, así como también distintos modos de afrontar dichos momentos. Las distintas experiencias de las comisiones de mujeres en las luchas de la clase trabajadora, parecen mostrar el camino para cambiarlo todo.

Acá no hay una persona que diga ‘yo soy presidenta’, acá por la organización todas las mujeres tenemos el mismo peso” dice una de las mujeres, vecina de Guernica, y parte de la comisión de mujeres que pusieron en pie para organizarse, para tener voz y voto, y participación activa y más directa sobre la pelea por la vivienda digna y por sus derechos. Parece que se vuelve importante la democracia directa para desarrollar una sororidad más profundamente, donde las demandas se unifican por el género, pero también por la clase, y donde la auto organización juega un papel de promotor de la salud mental, de sujetos de su propia vida. Contrasta con la idea de que la realidad de las mujeres trabajadoras se podrá transformar con más mujeres en el poder, que por ejemplo establecen alianzas con el Papa y distintas Iglesias, históricos y principales enemigos de los derechos de las mujeres, que también forman parte de las listas electorales de los partidos tradicionales.

Psicología, género y clase

En este marco, proponemos pensar la relación entre la situación de las mujeres hoy en día, y cómo afecta las distintas construcciones de subjetividad desde la psicología, no puede ser encarnado sólo desde el Género. Celebramos que se hayan abierto estos debates, en una profesión que conserva en grandes sectores invisibilizadas las problemáticas de género, pero también planteamos la necesidad de incorporar una perspectiva de clase.

Las consecuencias de la crisis nacional e internacional, son cada vez más visibles. Pensar las problemáticas sociales que atraviesan las mujeres, no puede ser solo desde la perspectiva del rol que tienen las mujeres en el poder. Resulta interesante los ejemplos que toma Debora Tajer para debatir sobre las “consecuencias” de las mujeres en el poder. Desde Clair Underwood de “House Of Cards” , quien termina siendo la primera mandataria en un país como Estados Unidos, hasta Birgitte de Borgen, quien con el paso de las temporadas vemos como su política gira cada vez más a centro derecha. La vida personal, no es ajena a las decisiones que toman como mandatarias de dos Estados. Por ser mujeres, no vamos a embellecer las posiciones políticas que representan.

Debora Tajer, en lo que entendemos es una referencia a la salud mental de las mujeres con altos niveles de exposición mediática, con respecto a las mujeres que son figuras públicas o que ocupan cargos de poder, dice: “El mejor tratamiento profesional no es posible si hay acoso social y mediático, no se puede tener una vida común”. Acompañamos en parte la reflexión, aunque no podemos dejar de señalar el contraste de la vida de estas mujeres con el común de las mujeres, o digamos, las mayorías. Nos preguntamos qué sucede con respecto a la salud mental de las mujeres de los sectores populares.

Para pensar estas realidades y las posibles intervenciones psicológicas para mujeres y familias en situación de vulnerabilidad, estudiantes de Psicología fuimos a Guernica para relevar desde el terreno las necesidades de estas mujeres trabajadoras, desde una perspectiva de la salud mental de manera integral, en tanto comprendemos que sus demandas son las de millones en el país, y porque entendemos la salud inseparable de la política que digita la vida de los millones de habitantes y determina sus condiciones de vida.

Las familias denunciaron el acoso mediático así como también estatal. Los medios se encargaron de demonizar a estas familias y estas mujeres inventando historias y negocios, que sus familias que no estaban en la toma les transmitían cuando podían pasar de visita. Las trataron de delincuentes por pelear que sus hijas e hijos no vivieran en la calle y tuvieran un plato de comida, a lo cual se sumó el gobierno nacional, incluso demonizando a la izquierda diciendo que quienes estábamos ahí apoyando a estas familias incitamos a grupos violentos.

Nos contaron del hostigamiento que sufrieron por parte de la policía que puso el gobierno de la provincia de Axel Kicillof, de la persecución de quienes iban de visita, de un helicóptero que les despertaba a las cinco de la mañana, volando bajo, desarmando con el solo vuelo muchas de las precarias casillas que se sostenían a duras penas. También del sufrimiento que implica no tener certezas de dónde iban a dormir sus hijas e hijos, si se iban a despertar con las balas de la represión del desalojo.

Muchas mujeres fueron a la toma empujadas por la violencia machista, ya que no contaron con la ayuda de ningún gobierno, ni un programa para mujeres en situación de violencia que las contenga, ni hogares habilitados para alojarlas, ni planes de contención legal ni económica.

Por la crisis económica que esta pandemia aceleró, algunas ya son terceras generaciones de familias sin techo propio, para las cuales el Estado no tiene ni siquiera un plan de ocupación de las cientos de miles de viviendas ociosas. Como dijo Myriam Bregman en una asamblea con las mujeres de “El Hotelito” en la villa 31 el 70% de las viviendas en Puerto Madero están deshabitadas, los ricos construyen para poder acumular sus ganancias. Misma historia del Country, para el cual tenían prometidos los terrenos de Guernica, aunque estos ni siquiera pudieron acreditar los títulos de propiedad.

Estudiantes, psicólogas y psicólogos, trabajadores sociales, estudiantes de medicina, docentes y de otras profesiones y ramas, fuimos a poner en pie “la escuelita, una posta sanitaria, gestionadas por trabajadores y estudiantes que nos solidarizamos con su lucha, pero que pensamos que hay otra manera de pelear por la salud, y que también eran una manera de que estas mujeres puedan estar a la cabeza de su propia lucha, el hecho de tener a sus hijes al cuidado de docentes o estudiantes universitarios y terciarios, les permitió tener tiempo para estar en las asambleas y discutir con el resto de los y las vecinas cómo continuar. También son intervenciones dirigidas a desarrollar su propia autonomía, a apostar a su deseo, que es el de pelear por el derecho elemental de un plato de comida y una vivienda digna.

La psicología también tiene una tarea con aquello que no llega a los consultorios, cuando estamos en el nivel de la necesidad, de lo concreto, donde se juega la vida, donde la vida de sus hijes depende de si ellas van a plantarse frente a los gobiernos, que históricamente les dicen que no se merecen una techo, que no se merecen un trabajo ni un salario para darle de comer a sus hijes, que no se merecen vivir donde no las golpeen, donde no las violenten.

Hay un debate vigente dentro de la psicología, en torno a cómo adquirir una formación y una práctica profesional que esté atravesada por perspectiva de género. Sin embargo, no podemos reducir las problemáticas que atraviesan millones de mujeres solo al carácter de género. En su diversidad, los distintos feminismos disputan sus diversas estrategias.

Como decía una de las vecinas de Guernica:

Antes de que yo entraba en ese grupo, yo me sentía en mi casilla, y me largaba a llorar porque era sola. Ahora las mujeres no nos dejamos más pisotear, ni por el gobierno, ni por nuestras parejas, ni por nadie. Yo me quedaba sumisa llorando en un rincón, ahora no. El gobierno le tiene miedo a las mujeres, ven que ya no nos achicamos más.

Para quienes nos consideramos feministas socialistas, abordamos una perspectiva de género que pueda comprender la fuerte alianza entre el capitalismo y patriarcado, desarrollando una estrategia que ponga en jaque el poder actual y las instituciones que oprimen y explotan al género femenino y las diversidades. Una perspectiva desde la mujer trabajadora para pensar la psicología y la salud mental, y una herramienta para transformar la realidad de millones, y por ello acompañamos la pelea de las mujeres por romper “otros techos”, el del acceso a la vivienda, a la salud, a la educación, en la pelea por su emancipación.







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