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Red Internacional

Cine.El ritual del alcaucil: un bocado al corazón de lo indecible

Desde el 27 de mayo al 2 de junio se podrá ver on line en el 19º Festival de Cine Internacional de Derechos Humanos: “El Ritual del Alcaucil”. Un documental que habla sobre los silencios alrededor lo sucedido en la dictadura militar argentina desatada en 1976.

Clara LizFotógrafa y cronista de la zona sur del GBA

Viernes 28 de mayo | 04:10

En el sur del conurbano bonaerense se encuentra el barrio Villa Corina. En ese mismo barrio, donde nació y creció la directora de “El ritual del alcaucil” Ximena González, los vecinos fueron probando un bocadito de mentira y silencio de cada tallito hasta que llegando al corazón, los comensales se deglutieron un pedazo de la historia colectiva del barrio y de la propia.

Llegó Ximena ya recibida del Instituto de Artes Cinematográfico de Avellaneda, y el cine habló por los silencios. Acción que afortunadamente también es parte de un grito histórico y colectivo acerca de lo que sucedió en la dictadura militar argentina desatada en 1976.

¿De qué se trata “El ritual del alcaucil”?

XG: En el proceso de realización de la película fue difícil especificarlo, sobre todo porque no hay un relato lineal. Lo central es que hay un barrio que está construido alrededor de dos cementerios - que no casualmente es el mío, aunque no esté contada en primera persona - donde vive mucha gente mayor que de alguna manera son testigos de la historia de ese barrio, pero sin embargo en las memorias que ellos cuentan siempre hay lagunas y espacios que no se cuentan. En un barrio de pocas cuadras se chuparon gente a plena luz de día durante la dictadura y sin embargo, de eso nunca se habló nada, aunque todos sepan todo de la vida de todos.

Estamos hablando de un barrio donde el cementerio de Avellaneda es un epicentro en la vida de los vecinos y donde, ahí mismo, en las fosas comunes fueron enterrados NN que eran detenidos desaparecidos de la dictadura, entonces la película cuenta esto que yo te cuento linealmente, pero se organiza en torno a lo que la gente no cuenta, a todos estos silencios.

¿Fue un desafío contar desde el silencio, de lo indecible?

XG: Sí, claro. Fue un desafío contar esto desde un registro de observación de lo cotidiano. Si bien la película trabaja sobre todo el pasado y lo que el barrio sistemáticamente entierra, mi idea no era sólo hacer un ejercicio de memoria, sino de preguntarnos como opera sistemáticamente el olvido, porque los mecanismos sociales que borran la memoria, operan, siguen presentes.

¿Qué repercusiones tuviste de los protagonistas de ese barrio después de verse reflejados en una contradicción histórica tan importante?

XG: Durante todo el proceso fue una preocupación eso, porque los personajes de la película me conocen, me vieron crecer y hay un vínculo previo a la película porque si bien no son mis amigos o mi familia, son parte de mi comunidad. Ahora, cuando decido hacer la película y trabajar con estos personajes vuelvo a ellos desde otro lugar, planteándoles que quería hacer una película sobre el barrio de un carácter de documental experimental y hablamos mucho para que no esperen que los testimonios aparecieran como entrevistas porque yo ya sabía que no iba por ese lado.

La tensión de cómo se iban a ver ellos en la película era real, incluso hay personajes más complejos que otros. Hay algunos que parecieran que realmente no pudieron ver porque era tan doloroso aquello que pasaba por esas mismas calles que no lo soportaban, y hay otros personajes realmente experimentan eso desde un lugar más y honesto y contradictorio. Una de las protagonistas luego dice: “Después supe cosas que habían pasado, las re pensé y me di cuenta que quizás eran desaparecidos, que quizás eran niños apropiados”, como re significando algunas cosas y admitiendo que del todo no se animaba a saber. También hay personajes más oscuros.

Yo también quería ver qué pasaba ahí con la película y lo que pasó es lo que fue hipótesis; algunos de los personajes que son más complejos están convencidos de su accionar, lo reivindican frente a la pantalla, y no ven que la película es crítica con respecto a eso. Y los que son capaces de dudar se conmovieron, se emocionaron y reconocieron sus propias dudas.

En ese sentido la película no intenta ser condescendiente, es la primera vez que hago una película bastante crítica con respecto a los personajes que la protagonizan, eso no me había pasado antes.

¿Cómo surgió la idea de ésta producción?

XG: A la peli la recorren muchas cuestiones que me fueron atravesando desde chica, por ejemplo toda esta comunidad que ante un hecho tiene la capacidad de construir redes pero por otro lado puede permanecer en sus casas espiando la realidad por la ventana.

Yo viví 30 años en este barrio y el momento clave fue cuando yo estudiaba cine en Avellaneda y fuimos con un compañero a filmar al cementerio para un trabajo experimental. Filmamos muchas imágenes y como en todo cementerio están los cuidadores que te llevan hacer el recorrido y te cuentan historias. Unos años más tarde mi amigo Juan, con el que fui a filmar, que tiene a su padre que fue secuestrado y desaparecido por la última dictadura militar se entera de que el Equipo Argentino de Antropólogos Forenses había reconocido los restos de su papá y que había sido enterrado en una fosa común del cementerio. Ahí en ese lugar donde yo había crecido, porque en la esquina había una plaza y si te subías a la hamaca al llegar a lo más alto veías las tumbas.

Y saber que donde fuimos a filmar un poco jugando albergaba esto me llevó a pensar que cosas estaban pasando en mi barrio y dentro de cuarenta años serían un punto ciego de la historia.

Ahí empecé a preguntar y descubrí que los Villaflor, no el hijo de Azucena sino otra rama de la familia vivían a tres cuadras de mi casa y que yo pasaba por la puerta para ir a la escuela todos los días, y que no sabía que allí los habían secuestrado. O que una de las hijas de la familia Villaflor había ido conmigo al jardín, y ahí empecé a recordar. Sin embargo desde que yo no pregunté nadie me contó nada.

Todos sabían que estaba haciendo ésta peli, los vecinos, mi familia y un día mi papá me cuenta como mi bis abuelo estuvo presente el día que secuestran a plena luz del día, una de las primeras semana de agosto entre las 4 y las 5 de la tarde al matrimonio Villaflor y dejan a las dos nenas a Laura y Elsa de 4 y 1 año respectivamente, solas a la deriva, mientras los vecinos tomaban mate en la vereda.
Los mitos barriales tienen diferentes versiones sobre quien llevó las nenas a la casa de la escuela.

Y para mí no surgió sólo el puntapié que me llevó a rodar la película sino la necesidad de hacerla, porque en toda realización opera una transformación, pero no porque esté yo con la cámara sino porque en este caso interpela a quiénes estuvieron allí. Así como olvidamos eso ¿Qué otras cosas estamos dejando pasar por la ventana sin hacernos cargo de eso?

El ritul del alcaucil tiene un corazón. En este caso tiene gusto a verdad.

La película ya tuvo su primer estreno internacional en el festival documental de Uruguay Atlantidoc del 2020 donde tuvo proyecciones en TV ciudad y de dónde fue presentado en salas habilitadas. Estuvo también disponible en el espacio documental Ventana Sur que es el mercado de cine latinoamericano organizado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y el Marché du Film del Festival de Cannes.

VELA ACÁ HASTA EL 2 DE JUNIO




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