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Red Internacional

En la ciudad de La Plata, el viernes 24 de octubre se leyó las sentencias a los represores que actuaron en el centro clandestino "La Cacha". Quince de los veinte acusados fueron condenados a cadena perpetua. Entre ellos el excomisario Miguel Etchecolatz, quien después de escuchar su segunda sentencia a cadena perpetua escribió algo en un papel que sacó de su bolsillo.

Rosa D'Alesio@rosaquiara

Martes 28 de octubre de 2014

Fotografía:Federico Surila

La primera vez que Etchecolatz, mano derecha del exgeneral Ramón Camps, es condenado por crímenes cometidos durante la última dictadura, fue en el año 2006. Jorge Julio López fue querellante y testigo en el juicio contra su torturador, el represor Miguel Etchecolatz. Los testimonios de López lo condenarían a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad.

El día 18 de septiembre del 2006, en la ciudad de La Plata, se leería la sentencia contra este represor de la Bonaerense. Julio López había salido de su casa para ir hacia el Tribunal, pero nunca llegó. Fue desaparecido. Las abogadas del testigo, Myriam Bregman y Guadalipe Godoy, junto al colectivo Justicia Ya!, denunciaron inmediatamente que en esta desaparición estaba involucrada la Bonaerense, con la que Etchecolantz continúa teniendo vínculos de camaradería.

Durante 18 meses la investigación estuvo en manos de la Bonaerense, pero las reiteradas denuncias de la querella lograron apartar a esta fuerza del caso. Su denuncia estaba fundada, además, en que hasta ese momento se conocía que continuaban en función más de 9.000 efectivos que habían prestado servicio durante la dictadura.

Etchecolatz, y un papelito amenazador

En este último juicio, después que se diera lectura de las sentencias, Miguel Etchecolatz miró a las familias de las víctimas y a los ex detenidos. Saco un papelito de su bolsillo y escribió algo que quiso entregar al los jueces del Tribunal, no se lo permitieron. Pero la lente de un fotógrafo del sitio Infojus Noticias, pudo captar que decía ese papel. “Jorge Julio López”.

Sus provocaciones suenan a amenazas. Sólo se puede permitir esto porque la desaparición de Julio López fue encubierto bajo la impunidad.

Fuentes judiciales señalaron que tomarán las medidas correspondientes. En los próximos días, podrían interrogarlo sobre el significado de ese acto. Deberán determinar si quiso revelar alguna información que hasta allí no había explicitado o se trató de una provocación.




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