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Red Internacional

El Círculo Rojo.El regreso de Verónica Rosenthal entre Gaza y los laberintos de los medios

El Círculo Rojo conversó con el escritor Sergio Olguín sobre la nueva novela de la saga de Verónica Rosenthal, La mejor enemiga.

Viernes 21 de mayo | 11:15

Sergio Olguín es escritor y periodista. Fundó de la revista V de Vian y fue jefe de redacción de La mujer de mi vida, trabajó en varios diarios. Sus libros más recientes son Los hombres son todos iguales, 1982 y La mejor enemiga, nueva novela de la saga de de la periodista Verónica Rosenthal (publicada por Alfaguara), la novela sobre la que conversamos hoy.

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  •  El libro comienza nada menos que con una escena que sucede en Gaza, un bombardeo israelí. ¿Cómo llegaste a eso? En qué momento fue y qué te pasó ahora que justo sale con lo que estamos viviendo?
  •  Mi primera idea era contar la historia del abuelo de Verónica Rosenthal, el vínculo entre el abuelo y Verónica, su infancia en Villa Crespo. Y el abuelo Elías es un judío polaco, que se va a Palestina en los años ‘30 y después viene para la Argentina. Es un viejo militante comunista, muy descreído del partido desde Polonia, después en Palestina y en la Argentina. Pero mantiene la impronta comunista a lo largo de su vida como principio ideológico. Con esa historia apareció la posibilidad de engancharla con algunos temas de actualidad y con eso armar la trama policial de la novela, que tenía que ver con los sucesos ocurridos en Gaza hace unos años, que fueron el bombardeo al Hospital de Al-Shifa en Gaza y el asesinato con misiles de unos nenes que estaban jugando en una playa, que son dos episodios reales.
  •  Esta saga tiene una protagonista que es periodista, siguiendo un poco la línea del policial argentino de no policías, nació como personaje en un cuento, pero ¿cuándo decidiste que Verónica Rosenthal iba a ser la protagonista de una saga a la que le ibas a dedicar varios libros?
  •  Me di cuenta de que ella era la protagonista de La fragilidad de los cuerpos, la primera novela, que no era una historia de Verónica y Lucio, el coprotagonista, sino que la principal era ella. Yo había empezado a escribir con la idea de que los dos eran importantes. Cuando me di cuenta de que en realidad la que va a llevar la voz cantante a lo largo de todo el libro es Verónica, empecé a pensar la idea de continuar, que es una fantasía que siempre tengo con casi todos mis libros. Me pasó con Lanús, con El equipo de los sueños, que me parecía que estaba bueno no abandonar esos personajes y por lo general los abandonaba. Pero en este caso lo pude sostener y pensar a Verónica, no como un personaje de un libro, sino como la protagonista de una larga historia que va atravesando cada novela.

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  •  En esta novela los crímenes están muy cerca de la redacción de Nuestro Tiempo, la revista donde trabaja Verónica, donde se mezclan las relaciones turbias de empresarios, el poder político y los medios. ¿Cómo decidís el universo delictivo de cada libro?
  •  Alrededor de la trama personal de Verónica Rosenthal, después hago algunos ajustes. En principio yo quería justificar la historia familiar de Verónica, su infancia y preadolescencia, momentos que me parecieron muy importantes en la vida de Verónica, y en alguna novela quería contarlo. La cuestión de Gaza pero también la periodística, de los medios en Argentina, nace de alguna manera secundaria. Hace tiempo que tenía ganas de tratar el tema del periodismo en la Argentina en los últimos años, más que el periodismo, el de las empresas periodísticas.
  •  ¿Leés mientras escribís una novela, participan esas lecturas en las decisiones que tomás durante la escritura?
  •  En este caso, lo referido a Palestina sí, porque es un tema que no conozco de primera mano, es algo que nace de las lecturas. También de lo que puedo ver series, películas o leer en los libros de ensayos. Pero no lo otro, lo más importante para un escritor que es el clima. Y leí una novela de una autora palestina Susan Abullhawa, que se llama El azul entre el cielo y el agua, que es la voz de unos chicos palestinos, de una chica, que después se va convirtiendo en una mujer adulta y me sorprendió con algo que incluí en el comienzo. Que los lo que más extrañaban los chicos palestinos cuando cierran la posibilidad de cruzar a Egipto son los huevos Kinder. Ese toque del mundo real, del mundo de los nenes, tan lejano de lo que uno podría pensar de la militancia. Me pareció encantador. Y entonces mi personaje del médico lleva justamente ese tipo de golosinas típicas de freeshop a los chicos palestinos. Esta novela bellísima me sirvió para poder construir sobre todo ese primer capítulo que transcurre en Gaza.
  •  Cada novela tiene una lista de reproducción. ¿Por qué esa presencia de la música?
  •  Porque me divierte más que nada, lo empecé haciendo en Lanús, mi primera de mis novelas. En esa época trabajaba en un sitio de Internet, podíamos bajarnos lo que quisiéramos y aprovechaba para bajarme música. Y como tenía posibilidades de grabar CD, armé unos para Lanús con las canciones que yo había escuchado en su momento y que habían influido en la escritura de Lanús. Y me divirtió tanto que lo seguí haciendo. Y de alguna manera acompañan, porque Verónica escucha a Amelia Curran, una cantante canadiense, y en la playlist se pueden escuchar tres temas de ese disco, o hay una canción de Celeste Carballo que se llama El Chino, y un personaje importante de la novela también y tiene algo que ver con lo que va diciendo la canción.
  •  ¿Qué está leyendo Sergio Olguín?
  •  En esta novela está presente John Le Carré, sobre todo de las de las últimas novelas de las que escribió después de la Guerra Fría. Son novelas de espionaje, un género bastante maltratado y en el que casi todos son todos personajes muy siniestros, incluso los los autores. Para mí es un gran humanista, un tipo que entiende muchísimo del alma humana cuando expresa, cuando arma sus personajes. Y creo que hay algo de eso, no solo en la parte de Palestina, sino en algunos personajes secundarios de la novela como Malena y su amigo, que aparecen en la segunda mitad del libro, están un poco influidos por ese espíritu.


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