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Red Internacional

Debate.El que ajusta y justifica, tiene (otro) sapo en la barriga

Una polémica con el Frente Patria Grande (FPG) después de dos años de ajuste del Frente de Todos (FDT). ¿Que nos deja está experiencia?

Nicolás MansillaEstudiante Sociología UBA @NicxMvnsi

Fernando BarrazaEstudiante Trabajo Social | UNLaM

Viernes 24 de septiembre | Edición del día

En el pasado, algunes se entusiasmaron con la posibilidad de que, con el ingreso de la “izquierda popular” al Frente de Todos, representada en el Frente Patria Grande, se pudiese pelear desde el interior del gobierno una agenda progresista, y una salida favorable a las mayorías contra el macrismo. Sin embargo, les dirigentes de este movimiento solo han profundizado su plena integración al peronismo y acompañado y defendido el sostenido giro a derecha que viene teniendo. En esta nota queremos debatir por qué, luego de casi dos años de está experiencia, se ha demostrado que esta no es una alternativa para la clase trabajadora y los sectores populares.

Con la derrota electoral del Peronismo y la interna a cielo abierto que le siguió, referentes de este espacio como Juan Grabois, Itai Hagman y Ofelia Fernandez salieron a decir que “escuchar las urnas” significaría reducir el ajuste en curso, y emprender alguna política redistributiva. Se llegó a rumorear que podía rodar la cabeza de Guzmán, el encargado de negociar con el FMI. Grabois, por ejemplo, decía antes que se revelara el nuevo gabinete: “una reacción posible y lamentable que podría tener (el FDT) es pensar que la derechización del voto se combate con la derechización del gobierno” [1]. Desde que se reveló que los nombres más fuertes elegidos por Alberto y Cristina fueron Anibal Fernandez, Juan Manzur y Julián Dominguez, no ha vuelto a hacer declaraciones, cerrando filas de hecho con la decisión de les dirigentes del FDT.

Tras las PASO, les representantes del FPG se volvieron “críticos” de la política económica y el ajuste para pagarle al FMI. A tono con la carta de Cristina, acusaron a Guzmán de lo que ya denunciamos desde la izquierda en un principio. Pero durante un año y medio, no solo evitaron cuestionar ese ajuste, sino que lo acompañaron con sus votos a capa y espada.

La frase “poner plata en el bolsillo de la gente” resonó mucho, y si bien no puede descartarse que el gobierno tome alguna medida (inicialmente se iban a hacer anuncios el jueves pasado, el mismo dia que se filtraron los audios de Vallejos), hasta ahora solo se ha aumentado el salario mínimo un 16%, es decir, 33.000 pesos que apenas superan la línea de la indigencia. Por el momento el presidente desmintió los rumores sobre un nuevo IFE. De lo que podemos estar segures es que, manteniendo la sumisión al FMI, las posibles medidas no pasarán de ser apenas migajas que no apuntan a resolver los grandes dramas que aquejan a las mayorías.

El Frente Patria Grande publicó en sus redes sociales una declaración titulada: “Sin cambios no hay futuro” [2], donde propusieron una serie de medidas para “recuperar el contrato electoral” (en criollo, dar vuelta la elección) como por ejemplo un Salario Universal de Reconstrucción, aumentos salariales, alimentos accesibles, entre otros.

En lugar de “fortalecer la agenda de los humildes”, terminaron en el mismo gobierno que Anibal Fernandez. Para quienes no lo conozcan, se desempeñó como secretario general de la presidencia de Duhalde y jefe de gabinete de Cristina, y fue quien, a la derecha de Clarín, dijo por la masacre de Avellaneda que “los piqueteros se mataron entre ellos”, en alusión al asesinato de Kosteki y Santillán. A su vez, fue responsable político del desalojo en el Indoamericano donde el Estado fue responsable de, por lo menos, tres asesinatos a familias sin techo (con la participación de Berni, del que hablaremos más adelante). Y que solo a días de asumir, ya tuvo su debut como ministro de seguridad reprimiendo una protesta de ferroviarios que pelean contra los despidos.

También terminaron del mismo lado que Juan Manzur, a quienes las referentes del feminismo del FPG habían denunciado judicialmente por obligar a parir a una nena de 11 años. Conocido por ser un defensor de las iglesias y miembro del Opus Dei ¡Reaccionarios si los hay! A los pocos días de su designación, vimos a Elizabeth Gomez Alcorta, ex-referente del Frente Patria Grande, quien hoy está al frente del Ministerio de Mujer, Género y Diversidad, reunirse con el nuevo jefe de gabinete y [declarar que se imagina una buena convivencia con Juan Manzur. El furcio de “volvimos mujeres” quedó solo en una anécdota. Cómo si faltaran motivos para repudiar su designación, fue también uno de los principales cómplices desde el peronismo para que el macrismo, aún sin mayoría, pudiese pasar todas sus leyes anti populares por el Congreso, como la reforma previsional de 2017.

Y de Julián Dominguez, ex-funcionario de Menem y Ruckauf en los 90, ex-jefe de campaña de Duhalde en 2003, y posterior ministro de agricultura luego de la derrota del kirchnerismo contra las patronales agrarias. Además es un aliado de la burocracia de SMATA y un confeso admirador del Vaticano.

Cabe preguntarse cómo llegó hasta acá un frente que se conformó en el 2018 definiéndose como “un conjunto de militantes jóvenes, de orígenes y recorridos distintos, ajenos a los partidos políticos tradicionales, para intervenir en el proceso político en el marco de la crisis integral que atraviesa la Argentina” [3], y que se propuso la derrota del macrismo “con el objetivo de proponer un proyecto de país y una alternativa de gobierno a favor de las mayorías y la gente común” [4]. Para pensar una respuesta vamos a repasar el rol que han tenido desde que ingresaron al FDT, empezando con algunos datos de las leyes que han votado y defendido.

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En el Congreso...

La historia de la actuación del FPG en el congreso empieza con la llamada Ley de Solidaridad. Este paquete presentado en diputados el 19 de diciembre del 2019 para "garantizar la sostenibilidad del pago de la deuda", planteaba cambiar la reforma previsional macrista, que implicó un gigantesco robo a los jubilados. Pero la modificó sólo cuando iba a permitir un aumento de las jubilaciones, mayor a los que habría si se hubiese mantenido está fórmula.

Itai Hagman, referente de Nueva Mayoría - Frente Patria Grande, en la sesión de diputados defendía el proyecto diciendo: "Hay que tener la cara bastante dura para que después de haberle sacado un 15% del poder adquisitivo a jubilados venir a presentarse como los defensores de los jubilados". Pero también hay que tener la cara bastante dura para después de más de un año donde las jubilaciones no han parado de caer, presentarse como defensores de los jubilados como hicieron durante la campaña electoral. El primer episodio del Frente Patria Grande avalando leyes de ajuste a medida de las necesidades del FMI, y vendiéndolas como si fuesen medidas a favor de las mayorías.

A Hagman no le alcanzó con esto, y el 28 de octubre del 2020 en el Congreso decía sobre el presupuesto 2021, "esto no es otra cosa que cumplir con el mandato que emanó de las urnas para hacernos cargo de la realidad, empezar por los últimos para llegar a todos". Se preguntarán; ¿Era un presupuesto que aumentaba las partidas de salud para combatir la pandemia, sociales con un IFE de emergencia, de educación para garantizar el acceso, o presentaba un plan de obras públicas para resolver el déficit habitacional? Bueno, no. Y como dijo Vallejos, es dudoso pensar que no sabían.

En un contexto de crisis, fue un presupuesto de ajuste que recortó todas y cada una de las partidas que hacen a los intereses de las mayorías, y multiplicó las dedicadas a aquello que interesa a los poderosos, como seguridad. Pero, sobre todo, al pago de la deuda, que no solo el Frente Patria Grande, sino también el presidente, venían de denunciar como ilegal e ilegítima. Hasta fue la misma Cristina Fernandez en su carta [5]“Como siempre… sinceramente” quien señaló que, en lo que va del año, se ejecutó poco menos de la mitad del déficit fiscal previsto para el 2021 “y restando sólo cuatro meses para terminar el año… con pandemia y delicadísima situación social.”

Sin embargo, en ese momento, sin el resultado de las PASO a cuestas, decir que era un presupuesto de ajuste era "hacerle el juego a la derecha". ¿Qué fue lo que cambió desde entonces? A contramano de lo que decía Hagman, el mandato de las urnas que castigó duramente el gobierno, no fue por una derechización del electorado (irónicamente Fernando Rosso decía en su columna "se piensan que hay una especie de masoquismo colectivo de gente que quiere vivir peor, con menos derechos") sino por el incumplimiento de las promesas demagógicas que en campaña vociferaban “recuperar lo perdido” en la era macrista.

Si de acompañamiento de medidas antipopulares hablamos, tenemos que detenernos en la juventud como parte de los sectores más afectados por la precarización y el desempleo. En la legislatura porteña, el bastión del PRO, el peronismo co-gobierna con Larreta (como denuncia el diputado del PJ, Tahilade), dejando pasar muchísimas leyes importantes. Por ejemplo, el caso de la ley de apps, que para les pibes que pedalean para ganarse unos mangos, implicó legitimar lo que viene siendo una reforma laboral de hecho: el bloque del FDT, con la legisladora Ofelia Fernández incluída, se abstuvieron en la votación de la ley que legaliza el trabajo precario de las plataformas, sin siquiera dejar sentada una posición clara. En los años electorales, el FDT sale a denunciar las leyes presentadas en la legislatura, pero en los otros, votan en bloque sin diferenciarse del Peronismo que acompaña las que presenta Larreta, implicando beneficios permanentes para los especuladores inmobiliarios, la designación de jueces y fiscales que luego actúan en contra de los intereses populares.

A diferencia del FIT U, que siempre ha usado las bancas para denunciar las leyes de ajuste y pelear por una verdadera salida a la crisis favorable a las mayorías, defendiendo todas las luchas en curso. La actuación del FPG se ha reducido a acompañar la votación de leyes antipopulares, para criticar cínicamente esas leyes meses después.

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...y en las calles.

Juan Grabois, colaborador del Papa Francisco, dirigente del MTE - Frente Patria Grande y de la UTEP, justo antes de las elecciones, agitaba en su cuenta de Facebook: “Hay que votar al Frente de Todos aunque nuestros sueños no estén en la agenda. (...) Esas tareas nos van a tocar a nosotros y las vamos a cumplir más temprano que tarde, pero solo podremos hacerlo si no dejamos que vuelva la derecha a destruirlo todo. Cuanto peor, siempre, es peor”. No sabemos de qué tareas habla, ero la participación abierta en el ajuste no solo ha sido votando leyes, sino que también han jugado otro rol muy importante para que el ajuste pueda pasar: el de desmovilizar para evitar que ese descontento se exprese en lucha.

No solo estuvieron ausentes en la mayoría de las peleas del último tiempo, sino que centralmente han jugado un rol reaccionario para debilitarlas. Nos remitiremos a un ejemplo en particular que ocupó durante meses la agenda del escenario político: la ocupación de tierras en Guernica, donde miles de familias que peleaban por vivienda fueron desalojadas por el gobierno de Kicillof.

Juan Grabois, ante el desalojo consumado, posteó en su cuenta de Twitter: “La respuesta de un Estado democrático frente a las necesidades de los sectores más empobrecidos nunca puede ser la represión”. Ahora bien, Grabois no solo tiene una cuenta de Twitter, sino que es dirigente del MTE y de la central piquetera UTEP; y la corriente estudiantil que responde al Frente Patria Grande dirige algunas de las federaciones estudiantiles más importantes, como la FULP y varios centros de estudiantes en todo el país. Por lo tanto, no es solo que dejaron pasar el desalojo para luego criticarlo cínicamente por redes, como si no pudiesen haber hecho nada, sino que conscientemente se optó por no fortalecer esas familias que peleaban por vivienda, rodeándolos de apoyo y solidaridad, para resistir la represión de Berni, el único ministro al que el gobierno nunca puso en duda.

Siguiendo con ese personaje, hay que destacar que esta corriente que se movilizó gritando “Fuera Bullrich” al calor del caso de Santiago Maldonado, se negó a poner toda su fuerza en la calle al grito de “Fuera Berni” en el marco de la desaparición forzada seguida de asesinato de Facundo Castro, por el cual su mamá sigue pidiendo justicia, exigiendo la renuncia del ministro ultraderechista.

Una organización que tiene una considerable inserción dentro de la juventud, debería responder por qué estando a la cabeza de la FULP y de centros de estudiantes como el CEFyL, mientras decenas de miles de pibes abandonaron sus estudios en la pandemia, hicieron la plancha durante casi 2 años, a pesar de la tradición de lucha por la educación pública que existe en el movimiento estudiantil.

Ahora, ¿esperar?

En su última publicación, Juan Grabois subió un posteo en Facebook a partir de la carta de Crisitna, que decía: “Tuve miedo de que esa victoria (la de 2019) no resultara el cambio de rumbo que necesitábamos para mejorar la vida del pueblo”, y cierra su mensaje con toda una declaración de lo que opina que hay que hacer: “Ahora, esperar”.

Pero ahora, ¿esperar que? Si Grabois y el FPG son, desde que asumió este gobierno, abiertos defensores de la línea que ha tomado, por eso sus legisladores y diputados han votado todas las leyes que atacan el pueblo, a sabiendas de que eran de ajuste aunque lo negaran, por eso han debilitado cada pelea que han podido, y lo máximo que llegan a reclamar, discursivamente desde ya, son migajas que no pueden ni aspiran a resolver una situación que se vuelve cada vez más desesperante, y que claramente, solo va a empeorar.

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La política de desmovilización no es nada casual. Grabois también aclaró: “La relativa estabilidad que se mantuvo durante el tiempo de la pandemia, lograda por algunas medidas del Gobierno y la formidable red de cohesión comunitaria que por décadas tejimos movimientos sociales e iglesias no podrá evitar por mucho más tiempo el estallido del pueblo pobre” [6], mostrando su principal preocupación: garantizar la paz social aunque el horizonte sea de más miseria.

La pasividad no sorprende en organizaciones cuya estrategia radica en generar ilusiones de lo que puede ofrecer el Estado, defendiendo todas sus decisiones, negociando incluso las condiciones de vida de las mayorías para poder integrar una coalición de gobierno. El constante viraje a derecha del Frente de Todos hasta el día de hoy, en especial con ésta crisis política, muestra que aquella vieja idea de pelear “desde adentro” del Peronismo y el Estado, era una frase para endulzarnos los oídos. La presencia del Frente Patria Grande en la coalición ni siquiera sirvió para “criticar lo malo” desde los espacios que ocupan.

Al contrario, el rol que juegan es el de intentar convencer a sectores que buscan una alternativa al ajuste de que solo se puede aspirar a un ajuste “mejor administrado’’. Se dedicaron a bajar las expectativas, asustando con el cuco de una derecha a la que el propio FDT le ha allanado el camino desmoralizando a su propia base al no darle respuesta a les millones de trabajadores que quieren terminar con el ajuste. Asi, el gobierno movió todo el espectro del debate político a derecha, con sus múltiples capitulaciones a Juntos, a los antiderechos, y a los sectores de poder. Y todo en nombre de un mal menor que cada vez se hace más peor, porque siempre pueden bajar más las expectativas, a tal punto que los enemigos del ayer son los amigos de hoy.

Este no es un debate nuevo, pero cobra nueva significación en la actualidad. El giro a derecha del gobierno con la complicidad de estos sectores antaño progresistas, ha colaborado en el tono del debate público. Los empresarios marcan agenda: reforma laboral sí o no, indemnización si o no, tasers si o no, con el fantasma de una renegociación con el Fondo que va a exigir reformas estructurales. Se discute si van a atacar mucho o poco nuestras condiciones de vida, o a lo sumo a qué velocidades lo harán. Las necesidades reales de las mayorías, están fuera de la agenda. Un caldo de cultivo ideal para que surjan fenómenos aberrantes como los libertarios, con sus planes calcados de los de Videla.

Por eso les decimos a quienes en su momento apoyaron este gobierno y la integración del FPG en el mismo, confiando en sus discursos y promesas, que la experiencia ha demostrado que esa no es una alternativa a la decadencia que implica seguir atados al FMI. Que de cara a las peleas que se vienen se puede estar de dos lados: del gobierno y del Estado, que va a profundizar su ajuste, o del lado de les trabajadores y los sectores populares, asi como todos los movimientos progresistas como el feminista y el ecologista, que quieran enfrentar el intento de continuar el saqueo, la entrega de recursos y el ataque a los derechos conquistados.

Fue está ubicación la que, a contramano de todes les que quieren ver pura derechización, permitió que el Frente de Izquierda Unidad lograra una gran elección, por defender siempre los mismos intereses, y denunciando el ajuste desde el día uno. Y acompañando, fortaleciendo y participando de todas las peleas, como en Guernica por tierra para vivir, en Neuquén contra el acuerdo salarial que la burocracia pacto con el estado, y que los elefantes con su lucha pudieron romper, en Mendoza contra el avance contra la ley 7722 que defiende al aguas de la megaminería contaminante, entre muchas otras. Pero para dar estas peleas, es indispensable la independencia política de un gobierno que, entre les de abajo y les de arriba, ya eligió por los de arriba.






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