Sociedad

El psicólogo como trabajador de la salud mental y militante. A la memoria de Beatriz Perosio

El 8 de agosto se conmemora el día del psicólogo víctima del terrorismo de estado. La fecha es elegida en homenaje a Beatriz Perosio, la primera de la larga lista de psicólogos desaparecidos durante la última dictadura.

Cecilia Quintana

Concejera directiva Facultad de Psicología-UNLP

Jueves 11 de agosto de 2016 | 12:55

El 8 de agosto se conmemora el día del psicólogo víctima del terrorismo de estado. La fecha es elegida en homenaje a Beatriz Perosio, la primera de la larga lista de psicólogos desaparecidos durante la última dictadura cívico-eclesiástico militar en nuestro país. Hacemos un breve recorrido por su significativa trayectoria, marcada por la militancia, interrumpida a los 31 años de edad.

Beatriz Leonor Perosio nació el 18 de agosto de 1947, en el barrio porteño de Palermo. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Como tantos otros psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y demás trabajadores de la salud mental, es una de las tantas profesionales de este sector que, en el marco de la revolución cubana, el mayo del 68, y, sobre todo, el Cordobazo, se comprometieron con las luchas obreras y populares, reconociéndose como trabajadores y trabajadoras, e intentaron poner sus disciplinas (la psicología, en su caso) al servicio de un proyecto revolucionario. Fue secuestrada el 8 de agosto de 1978 y llevada a "El Vesubio", el campo de concentración que se encuentra en La Tablada, que dependía de Suárez Mason. Al día de hoy sus familiares siguen reclamando justicia.

El legado de esta mujer es extenso pese a su corta vida al momento de ser desaparecida. Jorge Sevilla lo deja muy bien mostrado en su nota “Por Beatriz Perosio: con vida la queremos”, publicada en la revista Topía.

Beatriz comenzó a ejercer como psicóloga en un colegio del pueblo de Ascensión, desempeñando el rol de analista institucional, proponiéndose brindar una educación liberadora, contraria a la autoritaria y tradicional. A la hora de realizar su trabajo, lo hacía criticando la estructura social de clases y la tenencia de la tierra en manos de grandes propietarios como marco para entender y enmarcar las problemáticas que abordaba dentro de la institución. Contraria a ideas que circundan en nuestro campo, que buscan reducir a causas individuales los problemas psicológicos, ella lo hacía criticando el sistema capitalista en el cual estamos inmersos.

Beatriz se desempeñó en diversos campos del ejercicio del psicólogo, siendo el educacional el que quiso priorizar. Fundó un jardín con una colega, donde tenían como objetivo fomentar el pensamiento crítico de los niños. Recorrió a su vez cientos de hospitales públicos, pese a que no realizaba concurrencias, y ejerció la terapia clínica, discutiendo contra posturas que defendían (y defienden) la supuesta neutralidad del analista, y reafirmando la ineludible e inseparable dimensión política de la práctica en el consultorio.

Entendía y luchaba día a día por poner los conocimientos teóricos y técnicos de la disciplina que había elegido, al servicio de las luchas populares. Tampoco fue ajena a la realidad de la clase trabajadora, dedicándose al estudio de las condiciones de trabajo de la empresa Standard Electric, de la mano de las operarias.

Como afirma Sevilla: “Pensaba que el ámbito de trabajo privilegiado para los psicólogos debían ser las instituciones públicas y por eso hacía centro en los hospitales, aunque sintiera que su propio camino pasaba más por lo educacional. No en vano se la llevaron de un jardín de infantes que había creado”.

Al momento de ser desaparecida presidía la Asociación de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, y la Federación de Psicólogos de la República Argentina. Beatriz estaba convencida de que el “sector psi” (psicólogos/as, psiquiatras, trabajadores sociales, acompañantes terapéuticos) debían organizarse y dar las peleas entendiéndose como sujetos transformadores, y ante todo como trabajadores de la salud mental. Por eso participó de la Coordinadora de Trabajadores de la Salud Mental, experiencia modelo de lucha en donde quienes la componían se reivindicaban a sí mismos trabajadores (y no meramente profesionales). Militante del partido Vanguardia Comunista, hoy Partido de la Liberación, su práctica estaba en sintonía de sus ideas, y es por esto que estuvo en la mira del terrorismo de estado, así como también lo fue su trabajo.

Su desaparición no puede entenderse por fuera del plan de exterminio de la dictadura. Beatriz Perosio es una de las 30 mil víctimas del genocidio que tuvo como blanco la derrota del último ascenso de la clase obrera y sus organizaciones, que junto con los trabajadores de la salud mental y sus intelectuales luchaban por cambiar el sistema de raíz en nuestro país.

Alejandro Vainer, en el artículo “Los desaparecidos de la Salud mental” da cuenta de que sólo en este campo contamos con casi doscientos compañeros detenidos desaparecidos.

Recordar a todas estas personalidades entre las que hoy destacamos a Beatriz Perosio, es de gran importancia y de suma actualidad en nuestros días, cuando presenciamos que desde el macrismo se está profundizando en la política de reconciliación con las Fuerzas Armadas promovida por este gobierno, que periódicamente hace declaraciones en donde niega que los desaparecidos hayan sido treinta mil, reivindica la teoría de los dos demonios, y pone a desfilar en actos patrios a personajes como Aldo Rico. A su vez, se intenta encarcelar a Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, y símbolo de los derechos humanos, mostrando claramente quiénes son y quiénes no son imputables, e intentando sentar un precedente de atropello hacia los organismos de derechos humanos.

Mientras tanto, los responsables del terrorismo de Estado siguen libres, muchos mueren sin ser juzgados y los pocos que sí lo fueron están a un paso de acceder a las concesiones que les otorga pertenecer a una casta privilegiada, como es el aberrante caso del genocida Etchecolatz, responsable de la primera y la segunda desaparición de Jorge Julio López, que tiene posibilidades de obtener la prisión domiciliaria en estos días.

Por eso, frente a la impunidad de ayer y de hoy el mejor homenaje que se puede hacer a todas las Beatrices es luchar incansablemente por la memoria, verdad y justicia, y en tanto estudiantes y trabajadores de la salud mental, retomar el valioso trabajo que estos luchadores nos legaron.







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