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El progresismo y Guernica: ¿del lado de la acción colectiva o de la ley?

La demanda de tierra en Guernica desnuda la gravedad de la crisis habitacional en el marco de una crisis de conjunto. La respuesta progresista frente a las tomas pasó del silencio cómplice ante las amenazas represivas de Sergio Berni a pedirles a los sin techo que respeten la legalidad para obtener el derecho a la vivienda.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Sábado 3 de octubre | 11:11

Las cifras de la crisis social y económica son brutales. Casi un 41% de pobreza, por encima de la crisis del 2001. La desocupación trepa al 13,1% y la destrucción global de puestos de trabajo es de 4 millones en todo el país. En este marco las tomas de tierra en Guernica, son el emergente de esta crisis expresada en la necesidad de 2500 familias expulsadas de sus hogares por el desempleo o la carestía de la vida y obligadas a lanzarse a ocupar un predio para conseguir un pedazo de tierra para vivir. Se calcula que el déficit habitacional en la provincia de Buenos Aires es de 900 mil viviendas.

El progresismo y la legalidad

Frente a tan dramática realidad, el progresismo paso de silenciar sus criticas frente a los pedidos de represión, orden y respeto a la propiedad privada de Sergio Berni, a proclamar su empatía con los sin techo, pero señalándoles que no es el “método”, que sus demandas deben hacerse de acuerdo a la ley. “La provincia está dando respuestas de hábitat de manera sostenible pero no es la toma el camino”, sostuvo la ministra de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual bonaerense, Estela Díaz.

¿Cuál es la legalidad que se pretende restaurar? La de la propiedad privada, que en el caso de Guernica esta flojísima de papeles y tiene todos los contornos de un negociado.

Derecho y ley

Ya lo hemos señalado en otros artículos, la vivienda es un derecho constitucional que es negado en la práctica por la especulación inmobiliaria y el Estado cuya obra pública no tiene por fin hacer real el derecho a un techo para las familias del pueblo pobre y trabajador. Carlos Bianco, jefe de gabinete de Axel Kicilof sostuvo luego de la prórroga del desalojo por la Justicia que “se sigue trabajando para que el desalojo sea de forma pacífica y democrática”. La cita habla por sí misma. Negar que los sin techo accedan a la tierra para vivir, despojarlos de lo que han conquistado con su lucha, es la forma “pacifica y democrática” de resolver el conflicto.

Se impone el derecho a la propiedad privada y el lucro, por sobre el derecho a una vida digna. Es frente a esta situación que los sin techo se ven obligados a imponer ese derecho recurriendo a la acción directa, la organización social y la movilización por el mismo. La ocupación es una acción colectiva de un sector del pueblo trabajador, que establece de esa manera una resolución autónoma de sus necesidades ante la negativa estatal y la usurpación empresarial.

Reclamar, como hace la progresía, a los sin techo el respeto de las leyes, es solicitarles que respeten la santidad de la propiedad privada a la espera de la intervención estatal. Intervención, que en el caso de Guernica, llego después de meses y a ultimo momento, y si lo hizo fue gracias a la acción directa de les pobladores de las tomas y la movilización solidaria ante la amenaza represiva. Fue el pueblo involucrado quien hizo manifiesto su derecho mediante las tomas, no el Estado que busco amedrentar desde el primer momento.

Exigirles a los sin techo que respeten la legalidad y los tiempos del Estado, para que al fin y al cabo no resuelvan su situación desesperante, es lo mismo que haberle pedido a los movimientos piqueteros que en los ‘90 cortaban las rutas para exigir el derecho al trabajo para todos, que se quedaran en sus casas respetando el derecho a la libre circulación. Y he aquí que el piquete de los desocupados conquistó como derecho democrático la interrupción del transito y los cortes de ruta y los generalizo como practica social de las protestas populares.

Enorme contradicción la del progresismo, que se manifiesta como partidario de la ampliación de derechos democráticos y sociales, pero reniega de los métodos con que el pueblo pobre y trabajador conquista los mismos.

Legalidad y lucha de clases

Para la derecha reaccionaria el derecho expresa una fuerza conservadora del orden social inscripto en las leyes. Para los trabajadores y el pueblo pobre la necesidad, como fuente del derecho, es razón suficiente para legitimar su acción colectiva en busca de hacerlo real. Es decir es una fuerza que genera nueva soberanía, funda nuevas leyes. El progresismo que apoya a Alberto Fernández y el kirchnerismo repite la idea de “donde hay una necesidad, hay un derecho”, pero teme a fuerza social de la movilización popular en su carácter de creadora de derecho. Solo la reconocen como tal allí donde las relaciones impuestas por la lucha de clases son inapelables. Entonces buscara cooptar a las cabezas de los movimientos y legislar para que su soberanía quede limitada a la convivencia con el orden social.

El progresismo y sus ilusiones en la reforma busca atemperar el choque entre dos fuerzas, en un momento de crisis brutal del capitalismo, donde los empresarios quieren barrer con todos los derechos conquistados por los trabajadores y el pueblo pobre. Mientras que la supervivencia de las mayorías populares se decide en una lucha de clases que solo puede lograr su éxito quebrando la voluntad de los capitalistas.

Dilemas del progresismo

El progresismo se encuentra asustado porque apostó por Fernández para librarnos de Mauricio Macri, esperando que al menos pusiera freno a sus aspectos más brutales. Pero la crisis del país por el sometimiento al FMI y su agravamiento por la crisis mundial generada por la pandemia, hace que sus ilusiones naufraguen frente a un gobierno que cede a todos los chantajes patronales. Y como perciben que la derecha esta envalentonada y va por más, temen que la negativa popular a sucumbir ante la miseria que provoca la supervivencia del capitalismo, se lleve puesto su proyecto reformista de “un capitalismo para todos”. El discurso de la ofensiva destituyente se usa para llamar a cerrar filas frente a un peronismo que solo atina a retroceder en cada cosa que los empresarios le ponen presión y lo traduce dentro de su propia agenda.

El progresismo se está entregando, al pedirle a los sin techo que renuncien a su fuerza y moderen sus métodos en pos de no confrontar abiertamente con la derecha reaccionaria, a quien usa la burguesía como fuerza militante para obtener una solución a sus propias demandas. En lugar de confiar en la movilización de los trabajadores y el pueblo como medio de defensa de las libertades democráticas y los derechos populares, se silencia frente a las bravuconadas del ala derecha del peronismo. Piensa que así contiene la ofensiva reaccionaria, cuando en realidad la envalentona.

La lucha de los sin techo en Guernica, es un ensayo fundamental de como enfrentar la crisis que asola a la sociedad. Su derrota es una victoria de las fuerzas del orden y reaccionarias. Su victoria abre el camino para que los trabajadores y el pueblo pobre se pongan en movimiento enfrentando la ofensiva de los capitalistas y barriendo a la derecha reaccionaria. El progresismo que plantea la defensa de los derechos sociales -organizaciones sociales, organismos de derechos humanos, sectores del sindicalismo- tienen que sumarse urgente a apoyar esta pelea por tierra y por vivienda.







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