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Red Internacional

Empieza el invierno pero todo el mundo está "caliente" por la inflación. El Gobierno y la CGT, después de un pelotazo en contra tras otro, empiezan a hablar de "revisar los números". ¿Cómo sigue el partido?

Lunes 21 de junio | 14:15

¿No te pasa que junio se le está haciendo interminable a tu sueldo? ¿Que el saldo que te quedaba el 25 ahora aparece el 20? Ni hablar de los que hace rato no llegan a fin de mes o la pilotean en la informalidad.

Lo cierto es que esta semana se reabrió un debate en los círculos del Gobierno y la CGT: ¿qué hacemos con las paritarias? El interés no es casual. Estamos en un año electoral y la desilusión popular crece al ritmo del vaciamiento del bolsillo.

Ya repasamos hace algunas semanas el resultado de la “cláusula FMI”. Una veintena de gremios cerrando “unos puntitos arriba” de la pauta inflacionaria imaginaria, 29 %.

Estatales nacionales 35%, UOM 35 %, Comercio 32%, docentes 34,6%, y una lista que sigue. Encima en cómodas cuotas.

Pero pasaron cosas. La inflación oficial de 21% en 5 meses dejó en el ridículo el pacto entre el Gobierno, la CGT-CTA y la UIA. Tan en ridículo que en los despachos oficiales empezó a preocupar cómo podía impactar en las elecciones.

Empezaron los primeros movimientos. En el Congreso y el ANSES, el Gobierno otorgó aumentos superiores al 40 %. No se trata de gremios con gran cantidad de trabajadores y el patrón es el Estado. En el caso de los privados, bancarios adelantó su revisión para acordar un 45%. Se trata, en ese caso, de un sector que siguió ganando millones durante la pandemia: 430 mil millones de pesos por día. En los últimos días fue el gremio de camioneros el que cerró en 45 % en tres tramos hasta 2022. Hugo Yasky, referente de un gremio que acordó por menos del 35%, ahora dice que “el Gobierno debería dar un aumento de 5 mil pesos para todos”.

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Los movimientos, todavía lentos, tienen un objetivo: ponerle algún tipo de freno al malestar de la clase trabajadora que esperaba “recuperar lo perdido durante el macrismo”. Un cálculo que tiene mucho de electoral.

La realidad es que la inflación de mayo, aun con una pequeña desaceleración, registró un aumento interanual del 49 %. O sea que en el mejor de los casos, con las revisiones y acuerdos que vienen haciendo los gremios más poderosos, el 2021 se encamina a convertirse en el cuarto año de pérdida del poder de compra de nuestros salarios.

Así estamos. El 32,4% de los asalariados en blanco ya están por debajo de la línea de pobreza. El 47,8 % de los trabajadores informales ya son pobres. El salario mínimo vital y móvil es un tercio de la canasta de consumos mínimos. Y no solo es la “herencia macrista”. Son decisiones peronistas de quién paga la crisis.

Entre los que han superado ese número hay una pequeña “selección”. Las y los elefantes de la salud en Neuquén o los trabajadores vitivinícolas de Mendoza, Salta y otras provincias. Al partido lo jugaron de otra manera: se pusieron la camiseta de “autoconvocados”, cortaron todas las vías de circulación del adversario, pararon la pelota con firmeza, se ganaron el aliento del pueblo y no pararon de atacar hasta conseguir el resultado que querían.

Nada que ver con el partido que plantearon la CGT y la CTA.

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El fantasma del descenso

En definitiva, se vienen las elecciones y el partido está complicado. Si perdimos el primer tiempo por goleada, el Frente de Todos quiere mostrar que en el segundo vamos a remontarla, no importa cómo salga el partido. ¿Ganamos, empatamos, derrota “digna” o goleada?

La respuesta es incierta. El símbolo más cabal son las paritarias de Sanidad. El jefe cegetista Héctor Daer dijo que “el Congreso firmó un 46% y eso da una pauta a tener en cuenta para los salarios”, pero en su gremio las empresas no se quieren ni sentar a discutir las paritarias porque dicen que la pandemia los golpeó económicamente. No parece muy alentador su pronóstico.

Así como los empresarios de la salud privada, el equipo de las patronales muestra que no va a aflojar para ganar el partido. En su asunción como jefe de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja aseguró que querían eliminar la prohibición de despidos y crear más trabajo barato.

Un estudio publicado este fin de semana por el portal IProfesional reproduce datos de la consultora Mercer de principios de año. “Las 330 empresas nacionales y subsidiarias de multinacionales que participaron entonces estimaban un 47,7% de inflación para este año, y en esa línea planificaban aumentos salariales de 41,69% en 2021”. Esos datos apuntan sobre todo a trabajadores en blanco y en muchos casos “fuera de convenio”, por lo que para la mayoría de la clase trabajadora las intenciones empresarias sin dudas son más duras.

Ese es el panorama en el “entretiempo”. El FMI mira desde el palco vip y ya eligió su equipo. El Gobierno analiza cómo plantear el segundo tiempo, más pensando en las urnas que en los bolsillos.

Pero más allá de este partido, está claro que al campeonato lo quieren volver a ganar los empresarios. "Paso a paso" nos quieren mandar al descenso.

Por eso, para defender el salario, el empleo y las condiciones de vida de millones, hay que cambiar de DT y echar a la comisión directiva. Es lo que tarde o temprano va a empezar a cantar toda la hinchada.




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