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Red Internacional

Opinión. El poder económico ya discute el 2023: una agenda de mayor ajuste y explotación

Lujos en el Llao-Lao y señales al gran capital imperialista. El tractorazo o como se construyen las relaciones de fuerzas. Los trabajadores, las mujeres y la juventud tienen que construir su propia agenda. Una pelea que incluye la perspectiva de un futuro que merezca ser vivido.

Eduardo Castilla@castillaeduardo

Viernes 29 de abril | 21:00

La rosca política en las fuerzas capitalistas discurre con aceleración delirante. Si se atiende a las acusaciones cruzadas entre Milei y Juntos por el Cambio, todo pareciera al borde del colapso. Si, volviendo la mirada, se focaliza en las internas del Frente de Todos, Guzmán es un hombre parado frente a un precipicio.

Siguiendo aquella dinámica desenfrenada que marcó la pelea por el Consejo de la Magistratura, las coaliciones mayoritarias viven en estado de tensión constante. Esa interna permanente tiene razones inmediatas y razones de fondo. Entre las primeras hay que contabilizar el calendario electoral. En la arena política, 2023 está aquí. Peleas y acusaciones afloran en un marco donde los liderazgos están lejos de resolverse.

Entre las segundas hay que contabilizar los problemas estructurales del país. Con una economía subordinada a los dictados del FMI, para las distintas fracciones políticas es muy difícil ofrecer programas de salida a la crisis en curso. Las perspectivas en debate lejos están de mejorar significativamente la vida de las masas trabajadoras. Al capitalismo -tan salvaje como libre- de Milei se opone una impotente regulación estatal que es incapaz siquiera de frenar la disparada de precios. Sobre esto hemos debatido anteriormente.

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Detrás de los árboles

El plato principal dice todo: trucha en salsa de azafrán. Los salones del hotel Llao Llao encontraron al gran empresariado reunido para escuchar a dirigentes políticos, funcionarios y economistas. El selecto foro discute con la mirada puesta en 2023: la burguesía argentina le toma examen a quienes ocupan o podrían ocupar los puestos de mando en un Estado que sirve a sus intereses como clase social dominante. El desfile de personajes incluye, entre otros, a Macri, Rodríguez Larreta, Martín Guzmán, Carlos Melconian y Milei, ese defensor de la libertad capitalista para despedir, bajar salarios y empeorar condiciones laborales.

Mientras la crisis alimentaria alcanza a millones, el gran empresariado se reúne entre lujos a planificar el futuro, a delinear programas. La estadía de una noche en el hotel de Bariloche puede alcanzar la cifra de $ 80 mil, más de lo que cobra gran parte de la clase obrera en un mes. Allí, entre otros temas, se discute sobre reforma laboral y previsional. En la agenda capitalista, 2023 es una fecha para redoblar condiciones de explotación.

El encuentro en el sur no es el único en el menú. El 10 de mayo tendrá lugar el Amchamsummit 2022, organizado por la cámara empresarial que reúne a las empresas norteamericanas en el país. La grieta volverá a quedar atrás: estarán Gustavo Béliz, Patricia Bullrich, Rodríguez Larreta, Matías Kulfas, José Luis Espert y Alfredo Cornejo. Martín Guzmán, Sergio Massa y Alberto Fernández -quien cerraría el evento- todavía deben ser confirmados, aunque figuran en la invitación. El lujo volverá a estar presente. Si vos o yo quisiéramos dormir esta noche en el Alvear Icon Hotel deberíamos dejar, por lo menos, $ 33 mil en la recepción.

Mirando al Tío Sam

Si de rendir cuentas ante el poder se trata, Cristina Kirchner decidió no quedarse atrás. La foto tomada en su despacho junto a la generala Laura Richardson -titular del Comando Sur- y el embajador Marc Stanley son un mensaje clarísimo a la primera potencia capitalista del mundo. Los gestos resultan, en los hechos, un evidente giro político a derecha; un intento de mostrarse como una figura aceptable para el gran poder económico y político internacional.

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Ese proceso, sin embargo, está poblado de contradicciones. La vicepresidenta está obligada a un equilibrio que responde a su propio centro de poder: el caudal electoral obtenido en el conurbano bonaerense y, también, entre amplias franjas del progresismo. Un esquema que implica, además, la continuidad de la enorme contención social que se ejecuta desde el Estado capitalista.

Aquí se despliega otra de las contradicciones de la compleja escena nacional: la amabilidad hacia el poder imperial no se acompaña de un acercamiento con el gran capital local. Para la cúpula empresarial argentina -a pesar de los años de levantarla en pala- el kirchnerismo hoy no es considerado personal político propio.

La foto, sin embargo, no debería inducir tanta sorpresa. El antiimperialismo o anticolonialismo de CFK siempre estuvo más en las ilusiones del progresismo que en los hechos reales. Por estos días un analista se encargó de recordar que en 2020 -durante un acto en el conurbano- la vicepresidenta definió a las relaciones internaciones como “como relaciones de intereses, no de ideología. Pasé muchos años de mi vida visitando los Estados Unidos”.

De cómo se construyen las correlaciones de fuerza

En un marco de crisis social, la escena política aparece marcada por relaciones ambivalentes entre el empresariado y el Poder Ejecutivo. Lo que algunos analistas presentaron como “gestos de distensión” por parte de las grandes patronales rurales permitió que la Mesa de Enlace dijera ausente en la manifestación a Plaza de Mayo del sábado pasado.

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Sin embargo, el tractorazo debería ser leído como algo más que una protesta política. Que lo fue, es innegable: la presencia, casi completa, del elenco dirigente de Juntos por el Cambio no hace más que confirmarlo. Sin embargo, la marcha “por las dudas” al centro del poder político implicó una defensa activa de los intereses sectoriales. El “campo” volvió a tomar la calle para hacer oír su reclamo y garantizar que las ganancias fabulosas que viene amasando queden lejos de las manos del Estado. Una acción directa destinada a marcar territorio, a imponer una correlación de fuerzas en su favor. El efecto no se hizo esperar: cuando aún no había terminado la manifestación, Julián Domínguez, ministro de Agricultura del Frente de Todos, se encargaba de aclarar que esa ganancia quedaba a salvo.

El hecho se inscribe en un marco político signado por una avanzada derechizante sobre la opinión pública. Allí hay que enlistar la decisión de la Corte Suprema de auto investirse como titular del Consejo de la Magistratura; la campaña reaccionaria contra la protesta social y los ataques antisindicales, entre otras cosas.

Esa campaña tiene su vocero preferencial en la oposición de Juntos por el Cambio y los (mal) llamados libertarios. Pero el oficialismo no carece de responsabilidades. Desde aquella condena a la protesta social que lanzó el ministro Juan Zabaleta a la represión de este jueves contra trabajadores ferroviarios tercerizados. La derecha avanza; el oficialismo le abre camino y, en parte, se toma del brazo para caminar en la misma dirección.

Más en general, en tanto gestor del Estado capitalista, el Frente de Todos es responsable de la aguda crisis social que se vive; de la caída del salario; de los precios en ascenso constante y de la precarización de la vida.

La contracara de esa acción directa de las patronales rurales la constituye la pasividad pasmosa de las conducciones sindicales. Mientras las condiciones de vida de la clase obrera se degradan, los dirigentes de la CGT juegan a mezclar palabras y consignas. Héctor Daer logró el malabarismo verbal de decir que hay "preocupación por la escalada inflacionaria" pero no “motivos para marchar".

Esa traición se apoya, añadamos, en la pasividad de un sector importante de la clase trabajadora. El malmenorismo construido en estos años por el peronismo y el kirchnerismo cumple una función social específica: generalizar la resignación ante lo existente en aras de evitar un “mal mayor”. Una tendencia que indudablemente se fortalece mirando el programa de ajuste -explícito y salvaje- de la derecha. También se asienta, hay que señalar, en la enorme fragmentación del colectivo obrero. La profunda división entre efectivos, contratados, tercerizados, informales y desocupados es una palanca potente del capital para frenar cualquier acción común de diversas franjas de la clase trabajadora.

Quienes en el mundo sindical responden o simpatizan con el kirchnerismo no se demuestran como una alternativa. Aunque haya medidas de lucha por sector -como ocurrió con el paro bancario- sobran las palabras exaltadas y escasean los hechos. Entre las promesas de movilización se encuentra la de aquella que apoyará un proyecto destinado a recaudar para pagarle el FMI. Estamos frente a un sindicalismo de la resignación que “pelea” para que siga el saqueo de la riqueza nacional. Este fin de semana, en el marco del Día del Trabajador, habrá actos del sindicalismo oficialista. Seguramente continuarán los discursos fuertes. Sin embargo, de las frases a los hechos, seguirá mediando la eternidad.

Tal como lo plantea la izquierda clasista, tiene una importancia de primer orden la lucha por recuperar y democratizar radicalmente cuerpos de delegados, comisiones internas y sindicatos. En un escenario de crisis creciente, la clase trabajadora no puede permitir que su nivel de vida se degrade por la inacción traidora de las conducciones burocráticas.

Una enorme potencia social que hay que organizar

En todo el planeta la pandemia evidenció algo que había sido negado muchas veces: el poder de la clase obrera. Su rol fundamental en la atención de la salud, la logística y el transporte mostró que el mundo no puede funcionar sin la actividad de millones de trabajadores y trabajadoras. La conciencia de esa fuerza es uno de los motores que está detrás del enorme y entusiasmante proceso de reorganización sindical que recorre EE. UU. y tiene como emblemas hoy a Amazon y Starbucks.

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Ese poder social existe también en la Argentina. ¿O alguien se imagina a Marcos Galperin llevando los miles de envíos que a diario hace Mercado Libre? ¿O a Paolo Rocca trabajando en las matrices industriales para forjar acero? ¿O a Héctor Magnetto escribiendo, editado e imprimiendo cientos de miles de ejemplares de Clarín? La clase trabajadora mueve la sociedad. La clase capitalista, dueña de los medios de producción, se apropia de una riqueza que se produce colectivamente. En pequeño, y peleando contra viento y marea, las empresas recuperadas muestran esa enorme capacidad de trabajadores y trabajadoras para poner en movimiento la producción sin tener que recurrir a los capitalistas.

Ese mismo poder social es que permite pensar las posibilidades y pelear en la perspectiva de una sociedad distinta, superior, donde el conjunto de la producción esté liberada de los limitados intereses de los capitalistas. Donde el motor de la economía no sea la ganancia de unos pocos, sino el interés de las grandes mayorías. Donde la discusión democrática por parte de toda la población acerca de cómo funciona la economía permita ir satisfaciendo, cada vez más, los intereses de las mayorías trabajadoras. Esa sociedad es plenamente posible, pero hay que luchar por ella. Y esa lucha desafía al orden actual.

En esa perspectiva es preciso empezar a discutir y organizarse. Como lo hacen los grandes capitalistas, que ya discuten planes de ajuste para 2023. De la misma manera los trabajadores, las mujeres y la juventud tienen que construir su propia agenda, su propio programa de salida a la crisis y de organización de la sociedad.

Este fin de semana nos reuniremos en decenas de asambleas que el PTS-Frente de Izquierda convoca en todo el país para conmemorar el Día Internacional de los Trabajadores. La invitación está hecha. Tu participación, tu voz y tus ideas son más que necesarias.




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