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Red Internacional

Elecciones. El partido Republicano se prepara para recuperar el Congreso estadounidense

El partido Republicano parece cada vez más cerca de recuperar la Cámara de Representantes y quizás incluso el Senado. Esto podría tener un profundo impacto en los próximos dos años de la presidencia de Biden y en las elecciones de 2024. Pero una cosa es segura: independientemente de quién gane el martes, el resultado será más polarización y más crisis económica, medioambiental y política.

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Lunes 7 de noviembre | 13:44

Estas no son solo otras elecciones de medio término. No son sólo un reacomodamiento de los representantes de los intereses del capital, destinada a mantener algún centro sagrado de estabilidad neoliberal. Y sin embargo, a pesar de lo que Biden y los demócratas intentan vender, tampoco son un "referéndum sobre la democracia". No, viniendo como vienen, menos de dos años después de las protestas en el Capitolio que intentaron anular las últimas elecciones presidenciales, y un poco más de dos años desde los levantamientos de BLM que sacudieron el país. Estas midterms reflejan claramente la crisis en curso del propio régimen político y el reagrupamiento de la derecha después del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.

Independientemente de quién gane, y de la dirección en la que el régimen intente resolver la crisis política, la profunda crisis del capitalismo sólo se va a ver agravada por los resultados de estas elecciones, porque ninguno de los dos partidos es capaz de resolverla.

Perspectivas y consecuencias

Después de cuatro años de trumpismo que culminaron en el intento de tomar el Capitolio, muchos estadounidenses vieron la elección de Biden como una vuelta a la normalidad. Pero esa sensación se desvaneció rápidamente. Biden no pudo o no quiso cumplir la mayoría de sus promesas de campaña, mientras el coronavirus seguía matando a decenas de miles de personas en Estados Unidos cada mes, cadenas de suministro se deshacían, la guerra en Ucrania estallaba y la inflación aumentaba a niveles no vistos desde la década de 1970, sus números en las encuestas cayeron precipitadamente, y con ellos cualquier esperanza ingenua de un retorno a una nueva normalidad post-Trump.

Como resultado, tanto la Cámara de Representantes (Diputados, NdelT) como el Senado están en juego, y hay una gran posibilidad de que los republicanos puedan ganar ambas cámaras en estas elecciones.

Los demócratas controlan actualmente tanto el Senado como la Cámara de Representantes, pero con márgenes muy estrechos que ya han obstaculizado su capacidad de pasar nueva legislación sin enormes concesiones al ala derecha del partido. En Diputados, tienen una escasa mayoría de apenas 221 a 212, mientras que en el Senado están empatados en 50 bancas pero cuentan con el voto la vicepresidenta Kamala Harris para desempatar.

Esto significa que los republicanos sólo necesitan ganar seis escaños para recuperar la Cámara Baja y uno para recuperar el Senado. Y, según la mayoría de los análisis, parece haber más bancas demócratas que republicanas en peligro de cambiar de color, en parte gracias al llamado gerrymandering, que es la determinación arbitraria de los distritos electorales. Por lo tanto, hay muchas posibilidades de que los republicanos vuelvan a ocupar la Cámara.

Hay más posibilidades de que el partido de Biden mantenga el control del Senado, pero no hay garantía. De hecho, un sondeo tras otro sugiere que que hay varios estados en los que los demócratas podrían perder. La situación es muy diferente a la de hace unas semanas, con números más ajustados que en verano (boreal), cuando el Senado parecía una apuesta segura para los demócratas.

Aunque históricamente los partidos de oposición obtienen mejores resultados en las elecciones intermedias que el partido de gobierno, estas no son unas elecciones ordinarias. Son las primeras elecciones nacionales después de que un presidente en ejercicio niegue los resultados de unas elecciones presidenciales nacionales; las primeras después de la protesta del 6 de enero en el Capitolio, que intentó anular los resultados de las elecciones de 2020; las primeras en las que un enorme porcentaje de republicanos piensa que en las últimas elecciones hubo fraude, y las primeras en más de cuarenta años en un contexto de inflación aplastantes.

Una victoria republicana en este contexto, sobre todo en los casos en que los candidatos trumpistas expresan fuertes tendencias antidemocráticas, como la de negarse a aceptar el voto si pierden, no sería una elección más, sino que estaría señalando la continuidad del poder de la extrema derecha, que ha logrado encontrar un lugar de renovada legitimidad dentro del Partido Republicano y de las instituciones del Estado, a pesar del fracaso del asalto al Capitolio el pasado 6 de enero.

Si los republicanos ganan la Cámara de Representantes o ambas cámaras, es poco probable que los demócratas sean capaces de avanzar en lo más mínimo en su agenda legislativa, y podríamos ver dos años de estancamiento. Esto no hará más que agravar la actual crisis política de los partidos y podría allanar el camino para una victoria republicana en 2024, y tal vez incluso el regreso de un trumpista de una u otra variedad a la Casa Blanca (...)

El estado del régimen político

Aunque es muy probable que el martes poder político se incline un poco hacia el Partido Republicano, estas elecciones van más allá de quién controla el Congreso: como todas las elecciones, también ofrecen una visión del estado del régimen. Ya podemos ver la naturaleza a veces contradictoria de las crisis económicas y políticas que solo se profundizaron desde que la Gran Recesión rompió el hechizo de la ideología neoliberal en 2008. Sin embargo, aunque hay claros indicios de una creciente polarización y crisis política en ambos partidos, también hay contra tendencias, particularmente entre los votantes del Partido Demócrata, hacia la legitimación del régimen actual, que el Partido Demócrata se ha esforzado en promover.

En estos esfuerzos, el Partido Demócrata contó con la ayuda del giro a la derecha de la llamada ala progresista, que, desde el 6 de enero, asumió el rol de sostén del régimen, diluyendose aún más en el partido y ayudando a erigir a Biden y los demócratas como los defensores de la estabilidad burguesa liberal. De hecho, Bernie Sanders y el Squad [1], a veces junto con el ex presidente Barack Obama, usan esta supuesta defensa de la democracia como argumento para conseguir votos, independientemente de posiciones políticas de cada candidato en particular sobre cuestiones progresistas como Medicare for All (seguro de salud publico y universal, NdelT), el derecho al aborto, la desfinanciación de la policía, etc.

Mientras tanto, muchos de los principales candidatos del Partido Demócrata de este ciclo electoral, en un intento de atraer el voto de los indecisos, giran hacia la derecha en temas como inmigración, China y toda una serie de otras cuestiones “patrioteras” que irónicamente se hacen eco del discurso de Trump. De hecho, todo un sector del Partido Demócrata ve la adopción de ese discurso como una estrategia también para las presidenciales de 2024.

Estas elecciones de mitad de mandato presentan una serie de contradicciones que debemos considerar (...) Por un lado, se ve una desconfianza y una preocupación latente sobre las instituciones democráticas estadounidenses tanto en la derecha como en la izquierda, que ha ido en aumento desde al menos 2016. Recientemente, medios del mainstream como el New York Times, e incluso el propio presidente, denunciaron estas supuestas amenazas a la democracia. En un discurso el 2 de noviembre, Biden se presentó una vez más como defensor de la democracia y candidato de la estabilidad. Utilizando el reciente y brutal ataque a Paul Pelosi, esposo de Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Diputados, arremetió contra el ex presidente, diciendo una vez más que "la democracia estadounidense está bajo ataque" y que "los republicanos MAGA (Trumpistas, NdelT) de extrema derecha pretenden cuestionar no sólo la legitimidad de las elecciones pasadas, sino las elecciones que se celebran ahora y en el futuro".

Mientras tanto, el New York Times informa que un asombroso 71 por ciento de todos los votantes piensan que la democracia está en riesgo antes de las elecciones de mitad de período. Y, sin embargo, muchos de estos mismos encuestados también dijeron que no les preocupaba votar a alguien que negara los resultados de las elecciones, por ejemplo, diciendo que les importaban mucho más las cuestiones económicas que la democracia. Como resumía un titular del mismo medio "Los votantes ven la democracia en peligro pero salvarla no es una prioridad".

Por otra parte, a pesar de este miedo y desconfianza generalizados, la mayoría de los estadounidenses ven irónicamente pocas opciones, aparte de votar a uno de los dos partidos. Y cuando se trata de otras cuestiones como la inflación y el aborto, parece que mucha gente se convenció, al menos por ahora, de que votar es la mejor manera de abordar esos problemas. De hecho, los informes sobre la votación anticipada ya indican que en 2022 podría haber una mayor participación de votantes que en las elecciones intermedias de 2018, que tuvieron la mayor participación registrada hasta el momento.

Esta oleada de votantes se debe en gran parte a la anulación del fallo Roe v Wade, que despenalizó el aborto en 1973. Aunque los demócratas no hicieron casi nada para proteger realmente el acceso al aborto, utilizaron cínicamente esta cuestión para hacer campaña electoral en todo el país, pero especialmente en los estados republicanos, donde las elecciones son muy ajustadas. Contaron con la ayuda de organizaciones de derechos reproductivos como Planned Parenthood, la National Organization for Women y la Women’s March (Organización Nacional de Mujeres y la Marcha de las Mujeres, NdelT) que, después de haber hecho poco para construir un movimiento independiente para luchar por el derecho al aborto, empujaron a las activistas a los brazos de los demócratas (con el discurso de que ahora la forma de luchar por el aborto es votar demócratas para el Congreso).

Sin embargo, a pesar de esta oleada de entusiasmo, la mayoría de los votantes, incluso los del Partido Demócrata, no señalaron el aborto como su principal prioridad. De hecho, según un sondeo del Times/Siena, sólo el 5% dijo que el aborto era el tema más importante, muy por debajo del 44% que dijo que la economía y la inflación eran lo más importante. Esta preocupación primordial por las cuestiones económicas es casi tan fuerte entre los votantes demócratas como los republicanos, pero hasta hace poco el Partido Demócrata evitó por todos los medios hablar de la cuestión económica, incluso cuando los republicanos lo tomaron como tema central de la campaña, un problema que ninguno de los dos partidos es capaz de resolver en interés de los trabajadores. De hecho, el aumento de la tasa de referencia de la Fed en tres cuartos de punto porcentual indica que los demócratas están desesperados por demostrar que "hacen algo" y se empeñan en hundir la economía para "resolver" el problema de la inflación.

Todo esto muestra que la actual crisis de acumulación capitalista, la inflación, la pandemia, las interrupciones de la cadena de suministro y la guerra en Ucrania sólo contribuyen a la crisis orgánica que se ha estado desarrollando desde 2015, y cuyas raíces se encuentran en la recesión de 2008. Esta crisis provocó un profundo cuestionamiento del establishment tanto desde la derecha como desde la izquierda, así como una mayor polarización política. Pero lo más importante es que ha llevado a una crisis entre representantes y representados, lo que a su vez impulsa una polarización más profunda dentro de los propios partidos, en particular el Partido Republicano, ya que los populistas y los conspiranoicos de derechas aprovecharon el creciente descontento con el statu quo para posicionarse mejor.

Una expresión de esta continua polarización dentro del partido republicano puede verse en los crecientes ataques reaccionarios a los derechos democráticos en el período previo a las elecciones. Esto se pone de manifiesto en el sector trumpista, con candidatos como Kari Lake diciendo que no aceptarán que se pierdan las elecciones, y el gobernador de Florida, Ron DeSantis, arrestando públicamente a ex convictos por supuesto fraude electoral a pocas semanas de las elecciones, en lo que es un evidente intento de intimidar a los votantes afroamericanos en su estado.

El callejón sin salida de la democracia burguesa

Los votantes de todo el espectro político creen que "la democracia está amenazada" y, en respuesta, parecen dispuestos a acudir a las urnas en un número récord. Pero es una mayor participación en un sistema en el que ambos partidos representan los intereses del capital, o sea se trata de una "democracia" de los partidos de las clases dominantes. Este fenómeno también es muy contradictorio, ya que indica tanto un aumento de la polarización política como una fé equivocada en las instituciones de la democracia burguesa para resolver los problemas de la crisis capitalista. Mientras la derecha ataca los derechos democráticos básicos, la izquierda sigue creyendo que puede utilizar el sistema para cambiarlo.

Muchos de los que se ubican en el ala izquierda del partido demócrata siguen convencidos de que el Estado y el régimen son capaces de arbitrar la lucha de clases. Entre ellos podemos contar al Squad, el Democratic Socialist of America, la organización que se reivindica socialista más grande del país, y los editores de la revista Jacobin, que han actuado como leales asesores de los demócratas durante todo el ciclo electoral.

Pero votando no se sale de la crisis del capitalismo o de la crisis climática. Votando no se consigue ningún tipo de libertad y liberación para las mujeres, la minorías étnicas o la gente LGBTQ+. Como explicaron Marx y Engels, el Estado es poco más que un "comité para la gestión de los asuntos comunes de la burguesía", y esto es más cierto en Estados Unidos, cuya constitución fue diseñada explícitamente para limitar el poder político y la influencia de los trabajadores.

Un serie de factores hacen del régimen electoral estadounidense un sistema proscriptivo que favorece a la concentración del poder en los dos partido fundamentales (Demócrata y Republicano). Desde el compromiso que permitió a los estados del sur contar a la población esclavizada como tres quintas partes de una persona a pesar de su incapacidad para votar; hasta el colegio electoral, que interfiere en la capacidad del pueblo para elegir directamente al presidente; pasando por el Senado, que fue diseñado específicamente para dar más poder a los estados esclavistas y anular la voluntad de la mayoría mediante la eliminación del principio democrático básico de la representación equitativa; o la Corte Suprema que nadie vota pero que defiende ese sistema, la democracia estadounidense está diseñada para mantener el sistema del capitalismo y la explotación de las mayorías por una minoría. Y estas elecciones no cambiarán nada de eso.

Para proteger y defender los derechos básicos de la clase obrera, primero debemos renunciar a cualquier ilusión de que demócratas o republicanos pueden representar nuestros intereses, y, segundo, que los aparatos del Estado pueden ser utilizados para lograr cualquier cambio real y duradero a favor del pueblo trabajador, y mucho menos poner fin a la explotación y la opresión.

Como demuestran estas elecciones, no existe una vía electoral para la liberación de la clase obrera ni ninguna salida a la crisis del capitalismo, salvo la revolución. Pero esto no significa que los trabajadores deban abstenerse de la acción política o de desafiar al régimen en la arena electoral. Más que nunca, los trabajadores necesitan una representación propia. Esto significa que debemos dar la espalda a ambos partidos y priorizar inmediatamente la construcción de un partido de la clase obrera con un programa socialista capaz de utilizar las elecciones como una forma de construir el tipo de poder de la clase obrera que necesitamos en las calles y en los lugares de trabajo para finalmente derrocar este sistema.


El presente artículo es una versión editada y traducida del original en inglés publicado en el sitio Left Voice, parte de la Red Internacional La Izquierda Diario.


[1Escuadrón, nombre que se le dio a las 4 diputadas progresistas “radicales” encabezadas por Alexandría Ocasio-Cortez

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