El pacto de Binner y el PJ para silenciar a la izquierda

Miércoles 3 de septiembre de 2014 | Edición del día

La reforma política que, de hecho, acuerdan entre Bonfatti y Binner, y sectores del peronismo, es nada menos que un bozal para tapar la boca de los sectores de izquierda. Aunque el objetivo explícito enunciado por los que apoyan este adefesio, es “sanear” el régimen de partidos, el propósito real de incorporar un piso del 3% en las elecciones primarias (para pasar a las generales) y otro piso del 3% en las generales (para entrar en el reparto de cargos) es otro. Se trata, por un lado, de encorsetar la vida interna de las dos grandes coaliciones de partidos tradicionales de la provincia (Frente Progresista-PS-UCR y el peronismo), llamando al orden a las líneas internas disidentes. Pero, fundamentalmente, se trata de poner ruedas en el camino a las fuerzas de izquierda, segregando a aquellos partidos y frentes que no contamos con financiamiento empresarial ni con acceso a la publicidad, ni espacios gratuitos en radios y TV provinciales.

El doble de restrictivos que los K

Binner y sus secuaces gustan llamarse progresistas. Sin embargo la “reforma-bozal” que proponen es el doble de proscriptiva que la ley nacional electoral reformada por el kirchnerismo, ya de por sí muy antidemocrática. Si en las PASO se exige un piso del 1,5% de los votos para pasar a las generales (unos 35 mil votos en la nómina de diputados nacionales), hecho harto denunciado desde el Frente de Izquierda, el proyecto de ley que se discute en el Senado provincial impone el doble de este piso arbitrario a la medida de Binner, el PS y el PJ.

El lanzamiento de la candidatura del radical Mario Barletta para competir en las internas del FP por la UCR explica en parte lo “oportuno” de esta reforma para las huestes binneristas: con esta cláusula, se acogota el cuello de toda disidencia interna, llevando al redil a todos los díscolos. Todo suma para derrotar a sus aliados-adversarios radicales. Lo mismo dentro del peronismo, donde la dispersión (amén de la falta de candidatos) es uno de los temas a resolver para tener una fórmula que se precie de ser competitiva para el 2015. Todos los partidos tienen sectores que coinciden en esta reforma oligárquica.

Sin embargo, como denunciamos, el motivo profundo es otro. Esta es una reforma para sacarse de encima, lisa y llanamente, a los partidos de izquierda, llevando el conjunto de la vida política, dentro de los estrechos márgenes del peronismo y el Frente Progresista, que pasarían a tener (más aún) un público cautivo. Esto, cuando a nivel nacional 1 millón 200 mil argentinos votaron al FIT, y muchos más a otras expresiones de izquierda.

En Santa Fe, algunos partidos denunciamos sistemáticamente la situación de los trabajadores, que ven cómo sus sueldos se evaporan, mientras los barcos pesados barrenan nuestro río para llevar las riquezas a otras partes del globo, desde puertos controlados por multinacionales. Lo hacemos mientras señalamos que en la industria opera una virtual prohibición de delegados y de vida sindical, como se vio en la denuncia de los trabajadores de Liliana. Somos, además, los que denunciamos que no hay negocio (legal o ilegal) que se haga sin el visto bueno (o la más conciente indiferencia) de los dos grandes frentes políticos, y sin la abierta participación de las fuerzas de seguridad, como se revela en el caso Tognoli. Somos, por último, los que rechazamos que Bonfatti y Berni acuerden atestar Rosario con gendarmes y prefectos, para controlar a la juventud, mientras la narcopolicía responsable del triple crimen de Villa Moreno, actúa con impunidad y desparpajo constante. De esos partidos y frentes, el Frente de Izquierda no solamente es el que tuvo un desempeño más destacado en las elecciones de 2013 (sacando 48 mil votos la lista a diputados nacionales que encabezamos desde el PTS) sino que somos la única fuerza con genuina independencia política, ya que no tenemos lazos con el kirchnerismo (como el Frente de la Ciudad Futura) ni con el “panradicalismo” y las organizaciones sojeras (como los que fueron o son parte de Proyecto Sur).

En definitiva, el proyecto de reforma política busca silenciar a la izquierda que habla diariamente de aquellos reclamos que los trabajadores expresaron con fuerza y contundencia con el paro de la semana pasada. Por ese motivo llamamos a derrotarla, en todos los terrenos.







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