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Red Internacional

En una reciente nota de opinión publicada en el diario La Nación, el Procurador General de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Julio Conte-Grand, pretende utilizar conceptos de la teoría evolutiva de Darwin para justificar sus propias posiciones ideológicas.

Santiago Benítez Dr. en Biología - Conicet - @santiagombv1

Miércoles 2 de septiembre de 2015 | Edición del día

En forma resumida, la nota publicada en La Nación considera que la historia de la vida involucra una progresión que culmina en el hombre, por lo que la propuesta de otorgar derechos jurídicos a animales como a los grandes simios invalida la idea de evolución y resulta entonces una pretensión “exuberante”. En un párrafo breve de su nota, Conte-Grand justifica además su oposición al derecho de las mujeres a decidir la interrupción del embarazo, basado en un supuesto orden natural según el cual es inconcebible que un simio posea derechos jurídicos y un embrión humano no los tenga. Ante tanta confusión de ideas, en esta nota intentaré clarificar algunos conceptos básicos de biología evolutiva.

La visión de la evolución como una progresión del orden natural del tipo “el hombre desciende del mono” no pertenece a la teoría darwinista, sino que corresponde a teorías alternativas, a veces llamadas “trasformacionismo” u “ortogénesis” (1) que asumen que las especies cambian su esencia, en general por una tendencia intrínseca hacia una mayor perfección. Estas teorías corresponden a una transición entre las visiones fijistas del universo de la época medieval y la evidencia de la evolución. Así, como la creación se ordenaba en una escala natural que abarcaba todos los seres y culminaba en dios (y la sociedad también se ordenaba jerárquicamente, culminando en el Emperador o el Papa), la evolución era posible si adoptaba la forma de una “escalera mecánica” hacia la perfección.

Correspondió a Darwin sintetizar los argumentos que desterraron las referencias al orden natural del pensamiento científico hace más de 150 años:

1) Pensamiento poblacional: las especies no son tipos definidos por su esencia, sino que están compuestas por poblaciones que evolucionan por cambios en su composición. Las variaciones que existen entre individuos y entre poblaciones son reales y no desviaciones respecto a un tipo abstracto.
2) Abandono de las causas finales: la evolución no tiene un propósito final, ni tendencias intrínsecas, ni es el desarrollo de un plan divino. Las tendencias sobrenaturales no tienen cabida en las teorías científicas.
3) Cladogénesis: el hombre no desciende del mono, sino que ambos comparten un ancestro común. La evolución actúa por ramificaciones.
4) Selección natural: individuos con ciertas características pueden lograr un mayor éxito reproductivo en cierto ambiente. Si estas características son heredables, la composición de la población cambia a través de las generaciones.

Estos principios definidos por Darwin tienen validez aún hoy, y su poder explicativo se ha ampliado desde que a mediados del siglo XX se desarrolló la Teoría Sintética, incorporando conocimientos de genética desconocidos en la época de Darwin. La revolución de las ideas darwinianas no solo brinda una explicación del cambio evolutivo, sino que se extiende a todas las áreas de la biología, incluyendo muchas de importancia directa sobre las actividades humanas como la medicina, el manejo de plagas y la conservación. El estudio de la evolución es una disciplina viva y llena de desafíos, lejos de la conclusión a la que llega el Señor Procurador.

El “orden natural” que Conte-Grand pretende rescatar y que, según él se basa en un orden sobrenatural elemental a toda ciencia, sólo ha servido de pantalla para ideas reaccionarias. Respecto a la discusión sobre los derechos de ciertos animales, una aproximación científica puede ayudar más a determinar su estatus jurídico como personas no-humanas que la apelación a un supuesto plan presente en la naturaleza. Por otra parte, la interesante comparación sobre los derechos de los simios y de los embriones parece ser el centro escondido de su nota de opinión. Tal vez, justificar las muertes de mujeres por abortos clandestinos basado en un teoría olvidada de progreso hacia la perfección ya pereció un exceso.

(1) Mayr, Ernst. (2001) What Evolution is. Basic Books. New York.




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