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Red Internacional

RESEÑA LITERARIA.El nombre de los caracoles: una novela de los que no tienen representación

Es la primer novela de Claudia Stella. Los años 70 aparecen en un barrio del conurbano, en sucesos cortos, en los amigos que no están y no se los busca, en la voz de una niña. "Me interesa la mirada de los niños y las niñas, lo inaugural que hay en ella, dónde se detienen, muchas veces develadora" comenta la autora.

Liliana Vera IbáñezRedacción LID @liluzlisam

Lunes 23 de noviembre de 2020 | 09:26

"Empiezan a hablar en voz baja como mordiéndose los labios, yo practico eso porque quiero que me salga, siempre lo hago" explica la voz de la pequeña que mientras juega con su primo, escucha las discusiones de su madre y su tía secreteando para protegerse.

La historia se despliega a través de la voz de Gabriela. Ella tiene seis años, vive con sus padres, comparte muchas horas con sus tías, primos, abuela, vecinos, amiguitos. Pero no es cualquier momento que la pequeña transita: son los años de la última dictadura cívico militar en nuestro país, en un poblado difuso del conurbano bonaerense.
Allí las mujeres son núcleo central que unen a las familias, sufren, desaparecen y luego vuelven, guardan secretos y se hacen fuertes.

"En la novela la mayoría de los personajes son mujeres, que están en sus casas, en esto aparece también la época, más ligadas a lo doméstico, los hombres están en el afuera. Pero paradójicamente son las que hacen y deshacen, dicen, es a través sobre todo de esas conversaciones que Gabriela, la protagonista, va teniendo información sobre las cosas de la vida" comenta Claudia Stella a La Izquierda Diario.

En definitiva, lo dicho, lo excesivamente dicho, lo silenciado, es material de escucha de esta niña, es el magma que le llega, esas voces que junto a sus propias percepciones son la materia que tiene para andar por el mundo.

Infancia
"Primero apareció esta voz-niña que cuenta y de a poco se fue armando el mundo, después tuvo un nombre y se fue perfilando más ella como personaje que observa más de lo que habla." agrega la escritora.

Me interesa en general la mirada de los niños y las niñas, la curiosidad, lo inaugural que hay en ella, dónde se detienen, es una mirada periférica, del abajo, de lo pequeño, minuciosa, y por lo tanto muchas veces develadora.

Gabriela observa mucho y habla poco. Está como expectante siempre (la imagen de la muñeca de la tapa es muy simbólica), en una época de desaparición forzada de personas.
"Es una característica de muchxs niños y niñas, me parece, la de mirar más que la de decir. Sobre todo cincuenta años atrás, donde las infancias no eran consideradas como lo son ahora. No se hablada de lxs niñxs como sujetos de derecho, ¿no? Fue, una época en la que ocurrían desapariciones forzadas, asesinatos y demás atrocidades y donde también la vida pequeña de cada quién continuaba, la gente seguía haciendo las compras, festejando cumpleaños, teniendo hijxs, criándolxs, lxs niñxs seguían jugando con caracoles, andando en bicicleta, en medio de todo eso.

Con respecto a la trama, Claudia nos cuenta: "Por otro lado el desconocimiento de la identidad biológica no solo está relacionado con la violencia directa de la dictadura, no todo lo que ocurre en la novela es consecuencia de esa violencia. En nuestro país se da una homologación entre el tema de la identidad y de la dictadura pero no es así. De hecho y hablando de la realidad, ya por fuera de la novela, en este país, más de tres millones de personas desconocen su identidad biológica y nacieron antes, durante o después de la dictadura".

Un gato con tres patas, que había sido abandonado de pequeño, inestable, al que le falta algo, es parte de la simbología particular. El punto de vista de la niña es un recorte y una posibilidad, en este caso no sabemos lo que piensan los adultos y las interpretaciones quedan libradas a la lectura.

Le preguntamos a Stella sobre el personaje femenino que desaparece y vuelve después: "La verdad es que no hubo una idea previa o un plan para hablar de esto o aquello o hacer un homenaje, es una novela, un artificio hecho de palabras que presenta un mundo y unos personajes a los que le pasan cosas. Hace poco una amiga publicó un poemario y abre el libro con un epígrafe de Cristina Rivera-Garza que dice: “Escribo con lo que sé, con lo que creo que sé, con lo que no sé que sé, con lo que no sé.” Me parece tan claro y contundente, con todo eso una escribe y quizá escribe porque no sabe, al menos cuando hablamos de literatura, distinto es para otro tipo de escritura, documental por ejemplo".
"Mónica es un personaje importante por la relación que tiene con la protagonista hay un vínculo muy estrecho entre ambas, construido en esos juegos compartidos. Desde ese punto de vista cobra relevancia lo que le ocurre, lo que se dice, a medias, de ella, Gabriela está muy pendiente de todo eso. Son los años 70, y la época aparece, como te decía, no sólo en relación a la violencia de Estado, sino también al lugar que ocupaban lxs niñxs, cómo eran considerados"

Como mamá y como narradora oral que visito muchas escuelas y trabajo con niños y niñas puedo decirte que por suerte el conocimiento y la conversación sobre hechos históricos más antiguos o más cercanos están presentes en las aulas; se informa, se discute, lxs chicxs se expresan al respecto, toman posiciones. Se genera pensamiento nuevo también sobre el pasado.

En El nombre de los caracoles no se sabe si seguirán llamándose caracoles si no tienen casa. Pero la niña juega con ellos aunque la madre le grite que son asquerosos, que no los toque. El miedo, el cuidado de los adultos y el "callate, andá a jugar" los muestra en esta atmósfera de desconcierto.

Narración fluída, sensaciones y diálogos internos hacen de esta novela un relato que corre rápidamente la imaginación del lector. Se empieza y no se posa sobre la mesa hasta que se termina. Así de atrapante y suave, así de fuerte y sensible. Necesaria mirada de niña de una época de la que aún desconocemos dónde están muchos de los desaparecidos, dónde están todos los niños apropiados y quiénes fueron todos los responsables políticos e ideológico.

Sobre la autora
Claudia Stella nació en el oeste del conurbano bonaerense. Es Técnica en Narración Oral, se especializó en Atención y Estimulación de la Primera Infancia. Desde 1999 narra para niños, niñas, adultos y adultas de diversos espacios. Coordina talleres de narración y lectura en instituciones, bibliotecas, festivales y ferias del libro en el país y el exterior.
Sobre su primer novela, dijo: "Para mí es una enorme alegría que el libro saliera publicado por Libros de Unahur, la editorial de la Universidad de Hurlingham, una universidad pública y del Oeste del conurbano bonaerense. Transurbana es la primera colección de la editorial dedicada a la literatura dirigida por Julián López, que decidió abordar el conurbano como territorio concreto y simbólico. La colección se lanzó con una antología de cuentos de autores muy relevantes de la narrativa actual de nuestro país, y con El nombre de los caracoles.




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