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Red Internacional

Ajuste en toda la línea. El neoliberalismo extremo de Maduro y los mitos sobre la “recuperación económica”

“El milagro venezolano”, así han llegado a denominar algunos economistas de otras latitudes lo que acontece en el país, en alusión a que Venezuela estaría saliendo o haya salido de la catástrofe económica. “La Venezuela que se arregló” es la versión criolla de esta cantinela desde el Gobierno, como parte de su estrategia comunicacional, mostrando las burbujas económicas en ciertas áreas de la economía, sobre todo en el comercio y el sector servicios, empujada por toda la política aperturista y neoliberal extrema de Maduro, dolarización, aplanamiento salarial y ajustes en toda la línea, entre otros factores económicos y políticos.

Milton D'LeónCaracas / @MiltonDLeon

Miércoles 21 de septiembre | 21:20

Del pozo profundo en el que cayó el país a niveles nunca vistos en su historia, empresarios y gruesos sectores del capitalismo empezaron a emerger a base de las peores políticas neoliberales que se hayan aplicado en el capitalismo depredador, pero en el fondo se quedaron millones y millones de las grandes mayorías trabajadoras y populares sumergidas en la más grande de las miserias. Como hemos reseñado en otros artículos, el país perdió desde el 2014 alrededor del 80% de su Producto Interno Bruto, vivió un ciclo hiperinflacionario de 48 meses continuos, de los más largos en la historia, pulverizó el poder adquisitivo de los trabajadores, devaluó la moneda nacional, hasta dar paso a una dolarización de facto desde 2018.

La economía de Venezuela crecerá este año el doble de lo esperado hace unos meses, pronosticó recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), indicando que el Producto Interno Bruto será el de mayor repunte de la región, con un estimado de 10% de incremento. Por su parte, el presidente del Banco Central de Venezuela (BCV), Calixto Ortega, anunció recientemente que la economía del país ha crecido dos dígitos durante el último año. Así detalló que la actividad económica creció 14,65 % y 19,07 % en el tercer y cuarto trimestre de 2021, respectivamente, mientras que la mejora en los primeros tres meses de 2022 fue de 17,04 % y entre abril y junio fue, aún como cálculo estimado, de 18,7 %. "Tenemos suficientes razones para ser optimistas en lo que queda de año 2022 y el próximo año", dijo Ortega, en un acto con empresarios que estuvo encabezado por Maduro. Se trata de proyecciones de indicadores, en general maquillados, que parten del fondo del pozo pero distantes de ver la luz de la superficie para la economía en su conjunto, como busca apuntar el gobierno.

Incluso, por la flexibilización de algunas sanciones imperialistas en medio de un proceso de negociación política que está en marcha desde el año pasado y los reportes extraoficiales sobre el levantamiento progresivo de esas restricciones a la industria petrolera. Es público que Biden ha realizado acercamientos para la flexibilización de estas sanciones en momentos en que los precios se disparan por la guerra en Ucrania. Además, los ingresos petroleros se recuperaron tras la pandemia por un aumento en la producción de crudo, mientras el precio sube tras dicha guerra. Aunque la producción y el precio han tenido un leve descenso recientemente.

El secreto del “milagro venezolano”

Los aplicadores de la “nueva economía”, neoliberalismo llevado a los extremos, que podemos resumir con la implementación de medidas como la supresión de impuestos y aranceles para las importaciones, que posibilitó el nacimiento de los famosos bodegones (negocios con anaqueles llenos con productos importados que solo la población con acceso a divisas extranjeras puede consumir), pero no solo para los importadores, sino también exoneración de impuestos para los gruesos sectores económicos y transnacionales. De las “regulaciones y controles” se pasó a un sistema desregulado casi al 100%, pasando a la transferencia de activos (privatizaciones sigilosas) en el mayor de los secretismos amparados en la Ley Antibloqueo, lo que fue facilitando cambios en la estructura accionaria en las empresas mixtas de hidrocarburos, pasando incluso a niveles de “socios” mayoritarios o dueños directos, contraviniendo la propia Ley Orgánica de Hidrocarburos, dentro del marco de las privatizaciones en el sector petrolero.

Sumado a ello está la instalación de las zonas económicas especiales, territorios enteros desregulados completamente y sin estar sometidos a ningún tipo de ley más que la de extraer ganancias, así como la regencia de nuevas leyes de inversiones extranjeras. A la par estuvo la dolarización parcial de la economía del país, donde desde los grandes capitalistas hasta los sectores medios con poder adquisitivo, corrieron a la moneda estadounidense, por los distintos mecanismos legales, paralelos y hasta ilegales, una dolarización que incluye los precios de la gasolina y ciertos servicios públicos.

En medio de todo esto, una mano de obra de las más baratas del mundo, sino la más, con una inédita destrucción salarial, que ya por 2018 llegó a un salario mínimo de menos de 5 dólares al mes, y que tras míseras subidas se vienen conteniendo en toda la regla, salarios que en toda la catástrofe y durante esta alardeada “recuperación” no han superado el de unos pocos dólares mensuales (30$ mensuales en su “mejor momento” el salario mínimo, en marzo pasado, estando ya de nuevo debajo de los 20$ mensuales). De la mano de la más drástica contrarreforma laboral y previsional que se haya dado en el país (y quizás en América Latina), cuando de un plumazo y por decretos se suspendió la validez de los contratos colectivos (Memorando 2792, tablas salariales e instructivos de la ONAPRE) y las pensiones y prestaciones sociales quedaron reducidas a la nada.

Todo esto enmarcado en lo que llaman “la reducción del gasto público”, que entró en un largo proceso de contención, pero centrado fundamentalmente en un constreñimiento brutal a costa de la remuneración de los trabajadores. El gobierno dejó conscientemente que la hiperinflación “ayudara” a reducir parte del “gasto público” por inercia sin necesidad de anunciar recorte de salarios, pero permitiendo que el látigo hiperinflacionario los pulverizara sin ninguna medida de emergencia que lo contrarrestara, al mismo tiempo que la pérdida de valor del bolívar a través de las incesantes devaluaciones hicieran buena parte del trabajo. Era toda una política criminal, pues no solo la hiperinflación fue erosionando los ingresos de las clases trabajadoras, sino desde el Gobierno se aplicaban los planes de contención y de aplanamiento salarial mientras se desarrollaban políticas económicas que favorecían las ganancias de los sectores empresariales.

El régimen monetario pasó a anclarse en la dolarización parcial de la economía o lo que los economistas llaman el bimonetarismo, utilizando el dólar como medio de cambio, unidad de cuenta y reserva de valor en ámbitos cada vez más amplios de la economía, lo cual implicó una devaluación gigante como nunca antes vista. Para algunos reconocidos economistas venezolanos de corte liberal, como Giorgio Cunto, de la firma Ecoanalítica, “Venezuela se ha convertido en un país bimonetario, en cual se ahorra, se transa y se piensa en dólares”. Por su parte el economista Leonardo Vera sostiene que “Venezuela ahora es un país bimonetario de facto y, en mi opinión, la dolarización parcial es prácticamente irreversible…”. Las devaluaciones inmensas y esta dolarización han implicado golpes inmensos sobre la clase trabajadora, mazazos que ya venían cayendo desde antes de la propia dolarización.

Esta situación de dolarización ha ido creando dos circuitos económicos separados dentro del país, por un lado, un sector pudiente por lo general, que va desde clases medias acomodadas para arriba, grupos económicos, empresarios, comerciantes y especuladores de todo tipo, y por supuesto en la que entra la alta burocracia estatal y los militares que manejan grandes empresas del Estado, con acceso al dólar como moneda de uso corriente y donde existen capitalistas que obtienen sus ganancias en dicha moneda pero pagan salarios en bolívares. Por otra parte donde están las grandes mayorías trabajadoras y populares, las clases medias bajas, que han visto caer sus condiciones de manera estrepitosa, que no tienen acceso a la divisa estadounidense, o algunos lo pueden llegar a tener en una medida totalmente marginal: en su mundo cada vez más miserable y paupérrimo, con ingresos en bolívares, buscando subsistir, dependiendo de algunos bienes de consumo popular a precios subsidiados y racionados, o accediendo a algunos dólares en los márgenes en los puestos de negocios de calle en la buhonería o el cuentapropismo.

Es por ello que los grandes sectores empresariales respaldan las políticas económicas de Maduro, en función del incremento de sus ganancias. Estadísticas recientes dan cuenta cómo los ingresos y ganancias de apenas un 10% de los más ricos crece vertiginosamente con “una tasa de crecimiento de 91%”, porcentajes en vuelo geométrico, mientras que el 10% de los más pobres “decreció en -11%”, en otras palabras, siguen yendo más al fondo. Así tenemos que lejos de los ricos, la Venezuela real y profunda, la que constituye la mayoría de la población trabajadora sigue hundida en la miseria. La clase capitalista tras sus recuperaciones, lo que procura es reiniciar otra vez el circulo vicioso del capitalismo que les produce amplias riquezas a unos pocos, al precio de hundir cada vez más en la miseria, degradación y precariedad a las amplias mayorías de la clase trabajadora y el pueblo oprimido.

Así sobre los golpeados hombros de la clase trabajadora ha recaído el peso del programa económico gubernamental, al mismo tiempo que se vienen consolidando viejas y nuevas élites económicas, en la que entran con fuerza las transnacionales. Este es el secreto del “milagro venezolano” o de la “Venezuela que se recupera”, de la severa mano de Maduro, que no ha dejado de acompañar todas estas políticas con un fuerte autoritarismo, reprimiendo a la clase trabajadora e imponiendo leyes que criminalizan las luchas obreras y populares, llevando a trabajadores a la cárcel por el simple hecho de protestar o denunciar la rampante corrupción en las empresas estatales y la administración pública.

Aunque lo hemos desarrollado en otros artículos, es fundamental destacar que tanto el Gobierno como gruesos factores de poder operan para llevar adelante brutales cambios en el país, incluso de carácter estructural, donde se avanza en poner a la nación venezolana en una mayor relación de dependencia y de vulnerabilidad con el mundo económico y financiero mundial. De manera “silenciosa”, para usar una expresión de Maduro, se han venido tomando decisiones económicas y políticas de grandes consecuencias para la nación, donde no solo se trata de la profundización de severos ajustes contra las amplias mayorías de la población trabajadora, que han sido acompañado por las fuerzas de poder económica empresarial y capitalistas de todo linaje, sino que implican grandes cambios que pueden llevar a una mayor semicolonialidad del país, como puede leerse aquí y en este conjunto de artículos desarrollados por el sociólogo y dirigente de la LTS Ángel Arias.

Para muestra un botón: la abrupta devaluación de agosto

La abrupta y agresiva devaluación ocurrida en el mes de agosto de casi un 25% en apenas tres días es toda una muestra de cómo el gobierno “corrige” o “ajusta” sus cuentas cuando lo considera necesario sin la menor inclemencia por las consecuencias con los grandes sectores asalariados o el ingreso de las mayorías populares. De manera casi súbita la cotización oficial pasó de 6,28 bolívares por dólar el martes 23 de agosto a 7,83 bolívares por dólar el jueves 25 de agosto. El cambio fue más fuerte en el mercado paralelo, donde en las mismas fechas se pasó de 7,04 bolívares por dólar a 9,33. Es decir, casi 33%, aunque luego se ubicó un poco más bajo. Lo que implicó en que en apenas tres días los ya miserables ingresos sufrieron la abrupta pérdida de más del 27% pues no solo operó la depreciación sino al mismo tiempo el aumento automático de los principales productos básicos operándose un remarcaje en los precios.

Muchos economistas concuerdan en que fue una movida consciente del Banco Central de Venezuela el provocar esta devaluación, y no producto de que le “estallara el esquema” al gobierno, pues en su política de aplanamiento del gasto público vía exclusivamente del ingreso de los trabajadores, lo que les otorgó con una mano (por lo del pago de los bonos vacacionales y recreacionales), que en verdad fue arrancado producto de las protestas generalizadas en todo el país sobre todo del sector educativo, se los sacó con la otra vía la devaluación para mantener su política de ajuste fiscal.

Como se sabe, para mantener el precio del dólar el gobierno inyecta a la banca ciertas cantidades de millones de dólares, que para algunos llegan a rondar los 400 millones de dólares al mes. Pero durante los primeros días del mes de agosto se dio una dosificación con una venta de dólares: “El BCV sorprendió esta semana con un cambio en su política antiinflacionaria, al realizar una venta exigua, cuando la situación ameritaba una venta de 200 millones de dólares”, de acuerdo a la firma Síntesis Financiera. Una vez hecho el golpazo devaluatorio, el gobierno sí vuelve a inyectar 200 millones de dólares, es decir, lo que dejaría al desnudo que no era falta de divisas en la semana anterior.Pero movida gubernamental o no, lo concreto es que, con la política (bi)monetaria, los que pagan las consecuencias de la política económica son las masas laboriosas y para nada los empresarios, que no se sintieron constreñidos. Y se esperan más ajustes en los meses venideros por los que presionan que el dólar debe ubicarse entre los 12 o los 15 bolívares por dólar.

¡Ellos o nosotros!: es necesario una salida de otra clase

Si vemos la variación semestral del tipo de cambio nominal respecto del dólar, de acuerdo a datos de la Cepal, vemos que en el primer semestre del 2020 fue del 325%, en el segundo semestre de ese año fue de 458,7%; para el 2021 en el primer semestre fue del 190,9% y para el segundo semestre fue del 42,7; para el primer semestre del 2022, el 20,4%, y esta nueva depreciación del 25% en el cambio oficial en apenas tres días, cuando aún falta un cuatrimestre para cerrar el año. La dolarización pone al desnudo la condición subordinada y dependiente en que se enmarca el programa de Maduro, como escribimos más arriba.

Estamos ante un giro decidido del gobierno a aplicar un ajuste económico que busca “estabilizar” la economía postrando al país y, sobre todo, a la clase trabajadora y el pueblo pobre, ante los intereses del capital trasnacional y nacional. Es cierto que hay que terminar con todo este proceso inflacionario y todo el descalabro económico, pero no sobre las espaldas de los trabajadores y los sectores populares, que no tienen arte ni parte en este desastre, tampoco entregando más el país al capital transnacional. ¡Que sean los capitalistas y la burocracia estatal corrupta quienes que paguen por todo este desastre económico! ¡Ellos lo crearon, ellos deben pagar! La clase trabajadora y el pueblo pobre deben decir claramente, ¡nos negamos a seguir pagando sus crisis!

La clase capitalista y sus políticos (bien del gobierno o de la oposición) pretenden “recuperar” su economía atacando como siempre nuestros intereses y condiciones de vida, son feroces e inclementes en imponer su interés de “rentabilidad” y ganancia por sobre todas las demás necesidades de las familias obreras y populares. Los trabajadores debemos oponer un plan de emergencia económico con nuestras propias soluciones, alrededor de las cuales movilizarnos y ponernos en pie con nuestros métodos de lucha para hacer pesar nuestros intereses en esta situación.

Es necesaria una salida de otra clase, que la clase obrera encabezando al conjunto del pueblo oprimido imponga otras condiciones para cambiar la sociedad desde la base mediante la socialización de los medios de producción y la planificación del desarrollo. La única solución progresiva es con un programa socialista de la clase trabajadora, el único programa que puede enfrentar el atraso y la dependencia.

Escala móvil de salarios. Salario igual a la canasta básica familiar indexado periódicamente a la inflación. Este reclamo que comienza a extenderse en las luchas actuales de la clase obrera, es una exigencia elemental para defender el salario real, el nivel de vida de las familias trabajadoras. Ningún porcentaje o monto que no parta de estos preceptos puede satisfacer nuestras necesidades en ese terreno.

Se dice que el gobierno no está pagando deuda externa porque no habría de dónde o por algunas sanciones (agosto 2017) que le "impiden" reestructurarla o refinanciarla o acceder al crédito internacional, pero es completamente falso, es público que se están canjeando bonos de deuda por activos del país (rematando “las joyas de la abuela”), además de entregar producción petrolera como forma de pago. Por eso hay que continuar diciendo ¡No pago de la deuda externa! El país ha destinado miles de millones de dólares al capital usurero internacional, una vía de desangramiento del país, mientras millones padecen falta de alimentos, medicinas y salarios miserables, mientras la industria petrolera nacional y las empresas públicas necesitan grandes inversiones. ¡Las necesidades del país y del pueblo deben estar por encima del interés de un puñado de usureros que viven en la opulencia a costa de las necesidades de millones de personas y naciones enteras! Esos dólares deben ir a las necesidades obreras y populares, a la reactivación de las empresas estatales y de PDVSA puestas bajo administración de los trabajadores, no de la burocracia estatal corrupta, antiobrera e incapaz, en cuyas manos esos recursos se perderían nuevamente.

¡Repatriación obligada de capitales! En uno de los períodos históricos de mayores ingresos de renta petrolera, una vez más la burguesía nacional la fugó, desfalcó al país, en contubernio con los gobiernos de Chávez y Maduro, un festín del que comieron banqueros y empresarios de todos los bandos, así como altos jerarcas del Estado convertidos en nuevos capitalistas. Esos recursos deben volver a su legítimo dueño, el pueblo venezolano. El gobierno no tiene ninguna política para repatriar esto, solo la total impunidad y exoneración de impuestos para los que quieran traer algo a invertir en el país. Deben ser conminados a traerlo todo, so pena de ser confiscados sus bienes y propiedades en el país, y parar en la cárcel. Es un crimen de dimensiones históricas lo que han hecho, hiriendo gravemente el país. Todos esos recursos deben ser controlados por organismos conformados democráticamente por los trabajadores y comunidades del país, no por esta burocracia civil-militar que es parte del mismo problema.

Monopolio del comercio exterior bajo estricto control obrero y popular. La burguesía nacional exporta poco y nada, sin embargo, las divisas captadas por el Estado le son transferidas históricamente a la burguesía para que importe, lejos de los intereses genuinos del país, del pueblo trabajador y de los consumidores. ¡Ni un dólar más para la burguesía ni para la corrupción! El comercio exterior debe ser totalmente estatal y bajo un estricto control impuesto por los trabajadores y el pueblo, no en manos de la burocracia estatal descompuesta, corrupta y autoritaria.

Nacionalización de toda la banca y establecimiento de una banca estatal única, bajo control de trabajadores, pequeños productores y ahorristas. El capital financiero tiene en sus manos el permitir o bloquear el desarrollo de la economía, al mismo tiempo es el sector más parasitario del sistema capitalista, vive y chupa de las desgracias ajenas o de todo un país. Es inviable ningún proyecto de verdadero desarrollo de las fuerzas productivas nacionales en la industria o en el campo si todos los recursos financieros no están puestos al servicio de ese objetivo. Para eso es necesario unificar todo en una banca estatal, bajo control de las organizaciones de los trabajadores, los pequeños productores y ahorristas.

Es necesario imponer estas medidas como el puntapié inicial para cambiar de raíz las bases de la sociedad, terminar con la subordinación de toda la producción social a las estrechas miras de la ganancia y que sea la clase trabajadora, en alianza con el pueblo pobre, la que determine qué y cómo se produce. Sólo con la más amplia y combativa movilización de los trabajadores y los sectores populares, totalmente independiente del gobierno, los empresarios y la oposición proempresarial y proimperialista, se pueden imponer semejantes medidas. Es importante dar esta pelea con la perspectiva estratégica de luchar por un gobierno propio de los trabajadores y el pueblo pobre, el único que podría garantizar llevar hasta el final las medidas anticapitalistas necesarias para que las calamidades no sigan cayendo sobre el pueblo mientras la clase dominante y los ricos salvan sus negocios y riquezas.




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