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Red Internacional

El intendente de San Nicolás instaló “árboles de metal” donde antes había un bosque nativo, en pleno Parque Rafael Aguiar. Es una provocación a quienes defienden la biodiversidad del Parque frente a los avances de las topadoras de Passaglia.

Viernes 23 de septiembre | 16:58

El intendente de San Nicolás instaló “árboles de metal” donde antes había un bosque nativo, en pleno Parque Rafael Aguiar, un Área Natural Protegida de San Nicolás. Es una provocación a quienes defienden la biodiversidad del Parque frente a los avances de las topadoras de Passaglia.

El Parque Aguiar fue creado en 1959 con el nombre de Parque Forestal y Botánico. Queda claro desde su denominación de origen, que a pesar de haber nacido en un momento histórico en que poco se sabía y menos se hablaba de conservación y cuidado del ambiente, quienes decidieron sancionar la Ordenanza N° 14/59 ya percibían que algo de valor allí había.

Desde entonces el territorio ha sufrido muchísimas intervenciones antropogénicas que han producido impactos de diversa intensidad. Desde un ancho camino construido sobre el albardón que interrumpió la dinámica natural entre el Arroyo Yaguarón y su zona de inundación creando el complejo lagunar del que hoy disfrutamos junto a muchísimas otras especies animales, hasta el funcionamiento de un basural a cielo abierto a la vera de un curso de agua, pasando por acciones menores como plantaciones de árboles no siempre nativos.

Pero ninguna de esas intervenciones ha sido tan brutal como las que viene llevando a cabo la gestión Passaglia. Desde hace tres años los nicoleños vienen observando la destrucción sistemática y sostenida en el tiempo de nuestra área natural protegida. Realización de obras que alteran intensamente el paisaje sin evaluación de impacto ambiental, desmontes de amplias zonas, desmanejo ambiental, realización de actividades con alta contaminación visual y auditiva, concesiones y privatizaciones irregulares de los espacios públicos dentro del área y como para que no quede nada en pie, la modificación (derogación encubierta) de las ordenanzas que protegían jurídicamente el territorio.

Ninguna intervención ha sido tan despiadada como la de los Passaglia no solo por la destrucción y la pérdida de biodiversidad que ha sufrido el área, sino también por la prepotencia con la que ha sido hecha, ignorando el conocimiento existente en la actualidad sobre estos temas (que siempre tuvo a disposición), las demandas judiciales en proceso que exigen la paralización de las obras hasta tanto se resuelvan cuestiones de fondo como la inconstitucionalidad de las ordenanzas que desprotegen el Parque Aguiar y sobre todo la disconformidad de parte de la ciudadanía que desde hace tres años viene alzando la voz contra este atropello en múltiples formas: manifestaciones con acampe incluido, cartas y pedidos dirigidos al ejecutivo local, denuncias formales en los órganos administrativos pertinentes, demandas judiciales, asambleas, marchas, intervenciones culturales de todo tipo... nada parece poder parar a Manuel Passaglia que continua haciendo y proyectando negocios privados sobre un espacio público de tanto valor para la comunidad y hasta socialmente estratégico en tiempos de crisis ambiental global, como es una reserva natural.

La colocación de las estructuras de hierro que se aprecian en la imagen, en el territorio desmontado de nuestra reserva natural, es lisa y llanamente un provocación a la ciudadanía entera. Donde se puede apreciar un terreno arrasado, había hace unos meses un bosque nativo no intervenido: chilcas, sauces, curupíes, toratays (una especie vulnerable que era considerada un valor de conservación para el área por contar con una población bastante extendida) y su ecosistema asociado han sido reemplazados por unos postes yermos de metal.

No se puede seguir con tanta irracionalidad, despojo y violencia. Se deben detener los desmontes en el Parque Aguiar. Las organizaciones ambientalistas y sociales que defienden el parque exigen no solo el tratamiento y sanción urgente de una Ley de Humedales que acompañe en la protección de los humedales nicoleños sino también el efectivo cumplimiento de las leyes nacionales y provinciales que ya están vigentes (Ley General del Ambiente 25675, Ley 26331 de Bosques nativos, Ley 27566 de Información, Participación y acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales, Ley provincial 11723) y la derogación de las ordenanzas que desprotegieron el Parque Aguiar.




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