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Red Internacional

Una crónica ficcionada sobre el discurso contra los vagos. Vamos a decir una verdad. No es necesario ocultar la realidad. Para que mentirnos. Los trabajadores piden varios milagros: que el Gobierno no ajuste, que la plata alcance, ganar el Quini y dejar de trabajar, que el burócrata sindical no los cague, y en su mayoría todos ellos y ellas, que los "vagos del plan" vayan a trabajar y se acaben los planes.

Roberto AmadorObrero de Madygraf y docente de escuela secundaria

Martes 9 de mayo de 2017 | 13:01

Vamos a decir una verdad. No es necesario ocultar la realidad. Para que mentirnos. Los trabajadores que día a día le ponen el cuerpo a la jornada laboral, los que son el verbo de la economía, los que mueven el país para decirlo en criollo, piden varios milagros: que el Gobierno no ajuste, que la plata alcance, ganar el Quini y dejar de trabajar, que el burócrata sindical no los cague, y en su mayoría todos ellos y ellas, que los "vagos del plan" vayan a trabajar y se acaben los planes. Lo lastimoso de todo esto es la inmunidad que tiene en sus cabeza el patrón.

Pongamos a un tal X. Para el patrón X es un número más, un vago aunque él considere que no. Para nosotros un personaje interesante porque es parte de los que quieren el milagro. No me pregunte porque X y no Antonio o Rosa, para el caso X esta bien. X siempre tiene una formula para convencer a sus compañeros de faena sobre lo nocivo de los planes trabajar. Para el es un subsidio a la vagancia. Sonríe, y dice: piqueteros+planes=vagos. La economía siempre termina siendo sencilla aunque en política todo parece cosa de doctores. "Estos no quieren trabajar", "prefieren estar rascándose el higo en la casa", cuantas puteadas impublicables más se lleva ese sector de la sociedad que vive de las migajas del Estado y a quienes nuestros trabajadores llaman al carril de los explotados.

Como si fuera que el clientelismo político lo generaron los pobres por negarse a trabajar y no la inefable realidad, por que por más benevolente que sea la economía del país no hay trabajo para todos, o mejor dicho no quieren que lo haya para todos. Aún así X acusa con terquedad. No me vengan con boludeces, "que laburen", dice. Paso seguido argumenta con hechos concretos, como diria él "concretito, concretito": él tal Y ( yo pensaba que sonaría mejor moncho pero recurriendo a Y me evito las descripciones de nuestro personaje) tiene un plan..., él, la señora, y los pibes. Ya rotundamente ofuscado X dirá, hace la cuenta... y vas a ver que no tienen ninguna necesidad de salir a trabajar, pero a nosotros si nos toca. Lo dice como quien lleva una condena irrenunciable.

Pero como X es un hombre de cotidianidad y más allá de que su vida sea tan concreta como la cantidad de ganancia que genera para el patrón, "la culpa la tuve yo que no quise estudiar cuando me dieron la oportunidad", piensa que solo un milagro podría hacer que los "vagos" trabajen.

Si ustedes conocieran a X encontrarian en él a un pedacito del compañero de al lado o de enfrente, o al colectivero que maneja el bondi, o al camionero que doma esa bestia de camion o la maestra frente al pizaron dando clase. Pensando en todos ellos y en el milagro de X en particular no me pude dormir sin recordar que allá 1905, en un lugar bastante distante llamado EEUU un joven escritor llamado Jack London, que seguramente tuvo la oportunidad de escuchar a muchos X bufando contra la vagancia de la época o los desocupados que todos conocemos, escribió a modo de pregunta:

"¿Qué sucedería mañana si a 100000 vagabundos los asaltara un irrefrenable deseo de trabajar?. Es una pregunta justa. El Juez en el tribunal, el peatón en la calle, el ama de casa en la puerta de la cocina, todos unidos aconsejándole que vaya a trabajar. Entonces, ¿qué sucedería mañana si 100000 vagabundos actuaran según este consejo y enérgica e indomablemente buscaran trabajo?".

Preguntemos nosotros dando el brinco al presente: ¿Qué pasaría si mañana 100000 o tal vez muchos más desocupados tocados por la voluntad divina de Dios caminaran con la sola idea fija de tener un trabajo sin necesidad de las migajas con que clienterlarmente los conforma el Estado para hacer llevadera su miseria? Mucho más nuestro, ¿Que pasaría si el milagro tocaría a sus puertas y en una peregrinación obsesiva en ves de ir a San Cayetano los 7 de cada mes o la Basilica de Lujan, nuestros "vagos" se agolparan en las puertas de Ford, VW, Toyota, Mondelez, Fate, y un sin numero de grandes empresas donde los trabajadores trabajan extenuantes jornadas para terminar con el cuerpo más tuyido que una fruta seca y pedirían que el trabajo sea dividido para todas las manos disponibles de la sociedad?. ¿Que pasaría? Desde Campo de Mayo una caravana de gendarmes cruzaría la vías de la Estación Don Torcuato del Ferrocarril Belgrano Norte, acelerarían con sirenas puestas sobre la Av. San Martin que divide el Partido de Tigre y Malvinas Argentinas. Uniformados y parapetados para la guerra desembocarían en colectora mano Capital y de ahí todo el operativo tendría un solo objetivo: acabar el milagro de los "vagos". Claro esta no sin las ordenes previas del presidente de turno y la rigidez tozuda de los patrones que no creen en milagros y si en hechos. La gerencia con olor a colonia exportada dirá con esa cosa tan tilinga que tienen "vayan a trabajar, negros de mierda.




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