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DEBATES

“¿El marinismo, es un peronismo?”

Este extraño título con referencias bien argentinas, salió en estos días en una nota de análisis del diario Le Monde, en referencia a Marine Le Pen, líder de la formación de extrema derecha del Front National y sus parecidos, según varios autores, al peronismo y a Evita.

Viernes 24 de octubre de 2014 | Edición del día

El pequeño libro Evita Perón (Ediciones Dualpha) de un autor conocido de la extrema derecha, Jean-Claude Rolinat había sido leído con atención por Marine Le Pen. La pretendiente al Eliseo (sitio donde reside la presidencia francesa) lo muestra con agrado y no rechaza el calificativo de “peronismo a la francesa”. Ella juega con el parecido con la primera dama argentina (1946/1952), proclamando en sus carteles que "unido, el pueblo es invencible."

Semejanzas formales…

Es cierto que hay varias semejanzas formales entre el peronismo y el marinismo, el primer partido francés en número de votos en las últimas elecciones europeas de 2014. La retórica nacionalista de ambos y sobre todo la oposición a la lucha de clases son rasgos que los emparentan. Como dice la nota del diario francés: “El peronismo siempre ha fascinado a la extrema derecha. Para Humberto Cucchetti, investigador del Consejo Nacional Argentino de Investigación Científica y Técnica, y autor de Servir Peron, trajectoires de la Garde de fer (Servir a Perón, trayectorias de la Guardia de Hierro, Presses universitaires de Rennes, 2013) esta atracción se debe a ‘una cierta tradición de la derecha radical que ve en el peronismo un movimiento que escapa a la democracia liberal’. Rolinat, dice de manera partidista en Qui suis-je? Juan Peron (¿Quién soy yo? Juan Perón, Pardes, 2013) que el peronismo ‘es más un reformismo nacionalista que la revolución proletaria a la salsa marxista.’ Claramente, la defensa de los descamisados ​​–los ‘sin camisa’, los más pobres- sin la lucha de clases. Exactamente la línea de la señora Le Pen, ella, se proclama portavoz de los "olvidados", pero se cuida de pensar en términos de clases sociales, un rotulo muy de izquierda para ella y su familia política”.

… más grandes diferencias de contenido

Pero a pesar de estos puntos en común, similares a varios populismos a uno y otro lado del Atlántico, las diferencias entre uno y otro son enormes. Es que el peronismo surgido en la década del ‘40, como fenómeno de “nacionalismo burgués”, buscó fortalecerse ofreciendo una cierta resistencia a la penetración del imperialismo norteamericano en Argentina (aprovechando para esto la rivalidad entre este imperialismo, que se encontraba en pleno avance, con el inglés, que venía perdiendo influencia en la región, estas contradicciones se agudizaron con la Segunda Guerra Mundial). Perón encontró para esta política una base de apoyo social clave en la clase obrera, que se venía fortaleciendo socialmente, acompañada de un crecimiento de sus organizaciones, los sindicatos industriales. Perón advirtió el peligro que para las clases dominantes implicaría un ascenso obrero en las condiciones de explotación y exclusión política que vivían los trabajadores en aquellos años. Su política se propondrá consolidar a la clase obrera como base de apoyo, al tiempo que controlarla y “domesticar” sus organizaciones. Eva Perón jugó un rol clave en este segundo aspecto bien reaccionario del peronismo, que implico una fuerte estatización de las organizaciones obreras y la represión y aislamiento de la vanguardia luchadora. Sin embargo, parte de esta política de ganar el apoyo de la clase obrera, implicó diseñar una política social que significó importantes conquistas que mejoraron en gran medida la calidad de vida de los trabajadores.

La oposición de importantes sectores de las clases dominantes a esta política reforzó el acercamiento de Perón a la clase obrera. Este rol jugado por Perón, que mientras actuaba en resguardo del sistema capitalista de conjunto, arbitraba entre las clases sociales apoyándose fundamentalmente en la clase obrera -mientras controlaba sus organizaciones-, y ofreciendo cierta resistencia al imperialismo dominante, Trotsky lo ha definido como “bonapartismo sui generis” (Para una profundización de este último concepto ver: León Trotsky, “Escritos Latinoamericanos”, Ediciones CEIP).

El Front National (FN) y Marine Le Pen: una fuerza totalmente reaccionaria

Por el contrario, a diferencia del primer peronismo, el FN es una fuerza totalmente reaccionaria, expresión de la descomposición de la democracia imperialista francesa y sus instituciones, de una nacionalismo xenófobo antiinmigrante y en especial anti islámico y que, a diferencia del movimiento sudamericano que se apoyó en los sindicatos para controlarlos, por el contrario se basa en la atomización de los trabajadores, producto del cambio y la degradación de las condiciones materiales, sociales y políticas de reproducción de la clase obrera de las ultimas décadas. Esto significa, las transformaciones y fragmentación del proceso de producción capitalista, con el avance de la deslocalización y una acelerada desindustrialización relativa. También implica el giro a la derecha y la colaboración de organizaciones sindicales y políticas del movimiento obrero con el ataque burgués que, especialmente en Francia, ha dado como resultado un fuerte retroceso y debilitamiento de las organizaciones sindicales, junto al vacío dejado por la liquidación de las referencias ideológicas que estructuraron el campo político del mundo del trabajo.

El avance del FN es expresión de la desesperanza nacional. Expresión en última instancia de dos grandes crisis que atraviesan al proletariado francés e internacional. La primera es que las décadas de restauración capitalista convencieron a la clase obrera de que ya no se puede luchar más. Los partidos estalinistas con su derrota han minado la confianza en la propia fuerza del proletariado mientras que desde la intelectualidad afloraron todo tipo de teorías diciendo que la clase obrera había desaparecido como tal. En Francia este movimiento furibundamente anticomunista fue el más fuerte del mundo, una reacción enorme comparable al temor que el orden burgués sintió en el ‘68 y la posibilidad latente que los trabajadores tomaran el cielo por asalto. La segunda es que muchos de los partidos que se dicen marxistas son los que alientan esa misma desconfianza en las fuerzas del proletariado.

Si el FN pudo aprovechar estas coordenadas para emerger, su avance es expresión de la crisis de los mecanismos de representación democrático burgués y una creciente polarización política y social que se expresa principalmente en la arena electoral. No siendo un recurso fascista o incluso bonapartista en lo inmediato, la extrema derecha lepenista, no obstante, trata de posicionarse en el espectro político burgués como un posible recurso si la clase dominante considerase necesario cambiar la situación y optar por una derecha dura para intentar lograr lo que ni Sarkozy ni Hollande han sido capaces de lograr. Esto es, liquidar las conquistas que aún quedan, subproducto de las concesiones otorgadas por la clase dominante francesa por el temor a la revolución a lo largo del siglo XX (1936, 1945, 1968). Por más que hable de pueblo, de los “olvidados” Marine Le Pen bajo ningún aspecto viene a llevar a cabo reformas, sino que es una fuerza totalmente retrograda.

La muestra más palpable de esto es su nefasta idea de la preferencia nacional y el “proteccionismo inteligente” con el objetivo de contrarrestar el "dumping socio-económico-ambiental" ejercido por algunas naciones emergentes, o sea, semicoloniales y dependientes. Es que a diferencia de éstos países, donde los regímenes como el peronismo, el cardenismo en México e incluso, aunque de forma muy degradada y en cierto sentido limitada más recientemente el chavismo, pueden tomar medidas de defensa nacional contra el saqueo imperialista, en los países imperialistas el nacionalismo es absolutamente reaccionario. Sus salidas son un impasse, una vuelta atrás y una oposición a la única salida progresiva y racional: la organización de las fuerzas productivas a escala europea y mundial. Pero para eso hay que acabar con el imperialismo, del cual Marine Le Pen es una de sus expresiones más putrefactas.







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