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Red Internacional

El genocidio no fue contra un "Gobierno popular", sino contra la insurgencia de los trabajadores

El 24 de marzo de 1976 fue, para el peronismo, un golpe contra un "gobierno popular" y contra un modelo económico defensor de la industria nacional y opuesto al del neoliberalismo. El relato oculta la insurgencia obrera como fuerza a derrotar por el genocidio, ante el fracaso del gobierno peronista para lograrlo.

Facundo AguirreIG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Jueves 18 de marzo | 22:20

Buscando materiales para un grupo de estudio del Campus Virtual de La Izquierda Diario sobre la insurgencia obrera setentista, me topé en Youtube, con un interesante video donde la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner habla, desde el Patio de las Palmeras de la Casa Rosada, a un grupo de militantes, sobre los errores de la "juventud maravillosa".

Para CFK el error trágico que cometió la JP fue el de haber cuestionado a Perón, haberlo enfrentado a él y al Pacto Social de José Bel Gelbard, al que califica de "casi" revolucionario.

Evitar un baño de sangre

Si le tomamos la palabra a José Ignacio Rucci, quien fuera secretario general de la CGT, Perón se había ido del país para evitar un baño de sangre y regresaba para evitar otro. La realidad es que la huida de Perón en 1955 ante el golpe orquestado por el imperialismo, el clero y el llamado gorilismo, no evitó el baño de sangre, sino que le dio comienzo con los brutales fusilamientos de militantes peronistas en los basurales de José León Suarez en 1956 y del general Juan José Valle, en el Penal de Las Heras.

Lo que Perón quiso evitar fue que la clase obrera movilizada, que le exigía armas para defender al gobierno peronista, pasara por encima de los golpistas y pusiera en jaque al dominio de los capitalistas en Argentina. No era un miedo abstracto. Los mineros bolivianos y los trabajadores fabriles habían derrotado en batallas a campo abierto a los militares y a la rosca proimperialista en abril de 1952, creando sus propias milicias.

La proscripción y el exilio trocaron en pedido de retorno cuando el peligro se volvió a adueñar de la burguesía argentina. Con el Cordobazo de mayo de 1969, obreros y estudiantes abrieron un periodo extraordinario de insurgencia obrera, juvenil y popular, que derrotó a la dictadura de Juan Carlo Onganía y a la llamada Revolución Argentina, poniendo en jaque a las FFAA.

Perón fue convocado para contener este proceso y salvar de la amenaza insurgente al país burgués. En una entrevista televisiva, que se puede apreciar en uno de los encuentros del campus de La Izquierda Diario, el periodista Sergio Villarroel le dice a Perón que hay mucha gente que durante 18 años estuvo deseando su desaparición física, pero que luego, a esa misma gente, en aquel momento, le preocupaba que Perón siquiera se resfríe. A lo que el general responde que precisamente cuando se está por morir se acordaron de él.

En este sentido, las palabras de Rucci, son fundamentales para entender el período. El papel de Perón y el peronismo en los ’70, tenían como finalidad evitar la derrota de las FFAA y la burguesía argentina y la victoria de la insurgencia obrera y popular. El primer gran error de la JP y la llamada tendencia revolucionaria del peronismo hegemonizada por Montoneros, fue el de confiar y subordinarse a Perón. El de sembrar la ilusión de que el viejo líder del nacionalismo burgués iba a ser la vía para derrotar al imperialismo y avanzar en la "patria socialista". Por el contrario, el general los utilizó políticamente para atraer a la juventud radicalizada a su estrategia de colaboración de clases y separarla de la vanguardia militante y las tendencias clasistas que crecían en el movimiento obrero.

El inicio del baño de sangre

Perón no solo no evitó un baño de sangre, sino que dio instrucciones para combatir lo que él definió como la "infiltración" en los estamentos populares, dando vía libre al accionar de las bandas ultraderechistas de la Triple A, comandada por su secretario privado y Ministro de Bienestar Social de Héctor Cámpora y de su gobierno. Rucci, quien acuñó la frase sobre el baño de sangre, no solo fue uno de los iniciadores del mismo en la llamada Masacre de Ezeiza en junio de 1973, sino también fue víctima de la violencia por él generada, siendo asesinado por un supuesto comando montonero en las puertas de su domicilio en septiembre de 1973.

Pero Perón no solo recurrió al terrorismo ultraderechista sino que hizo votar una serie de leyes, como la reforma del Código Penal, que endurecían la represión y prohibían las huelgas; o la ley de Asociaciones Profesionales, que sostenían el poder de la burocracia sindical contra el activismo en las empresas que enfrentaban a los dirigentes traidores atornillados en sus sillones. Su gobierno además alentó una seguidilla de golpes de palacio en las provincias gobernada por los aliados políticos de la tendencia revolucionaria del peronismo, del cual el más renombrado va a ser el Navarrazo, llamado el "anticordobazo" ya que su finalidad era instaurar un gobierno de orden derechista en la cuna de la insurgencia obrera setentista. En este caso, la tragedia de la JP fue que no denunció el papel de Perón, ni llamó a organizar la resistencia al golpe policial cordobés, dejándolo pasar, para no romper con el gobierno.

CFK en su alocución sostiene que había que estar con Perón, más allá de algunos personajes. Esos "personajes" como Rucci y López Rega, llevaron adelante un proceso de aniquilamiento de la vanguardia militante de la juventud y los trabajadores, asesinando casi a 2000 personas. Hay muchos dentro del kirchnerismo que en el presente justifican la presencia de derechistas reaccionarios defensores del gatillo fácil como Sergio Berni, calificándolo como "un permitido".

Pacto Social

La política central de Perón para frenar el ascenso de la lucha de clases fue el Pacto Social. Una especie de acuerdo cuyo eje central era definir un congelamiento de precios y salarios (que hoy se quiere repetir de manera caricaturesca con el Consejo Económico Social) que iba en detrimento de los ingresos de los trabajadores. Desde el kirchnerismo se lo suele presentar como un intento industrialista para cambiar la matriz productiva argentina y terminar con la dependencia. Sin embargo, nunca se enfrentaron las dos principales causas de la dependencia nacional, la propiedad terrateniente y la sumisión al imperialismo. La oligarquía nunca vio peligrar su propiedad por el tercer gobierno peronista y Perón se alineó con los golpes proimperialistas de la región, siendo el primero en recibir al genocida Augusto Pinochet, luego de derrocado Salvador Allende. En síntesis, el Pacto Social no fue más que un intento de rescatar la sustitución de importaciones en crisis, restableciendo la disciplina fabril, que era una de las condiciones solicitadas también por el capital extranjero que había penetrado profundamente en la economía argentina.

He aquí otra de las trágicas decisiones de Montoneros y la JP. Mientras la amplia vanguardia y las organizaciones recuperadas de manos de la burocracia sindical, enfrentaban la política del Pacto Social; Montoneros silencio sus críticas al mismo y se negó a participar de luchas emblemáticas como el primer Villazo y grandes procesos de organización, como el plenario convocado por lo más granado del activismo y la dirigencia combativa de la época, con Agustín Tosco, Alberto Piccinini y René Salamanca a la cabeza en el encuentro realizado en Villa Constitución en abril del ’74.

Estúpidos e imberbes

Cuando CFK habla de la "tragedia" de la juventud, se refiere específicamente al 1° de mayo de 1974, cuando Perón expulsa de la Plaza de Mayo a los Montoneros. Los Kirchner en ese entonces adherían a la JP Lealtad, que fueron quienes se quedaron en la Plaza de Mayo apoyando a Perón y a la burocracia sindical, contra la izquierda peronista.

CFK olvida además que en aquel acto Perón no solo insultó a la otrora "juventud maravillosa", calificándola de estúpida e imberbe, sino que llenó de elogios a los burócratas sindicales y cabecillas de las bandas de ultraderecha a quienes llamó "dirigentes sabios y prudentes" y los instó a hacer "sonar el escarmiento".

La tragedia de la JP en aquella ocasión fue que no rompió abiertamente con Perón ni denuncio su papel como instigador de los golpes provinciales, las bandas de ultraderecha o como agente de las patronales con la política del Pacto Social. Simplemente se dedicaron a manifestar su descontento. El problema de la tendencia revolucionaria del peronismo era que buscaba radicalizar a Perón, sin romper con su estrategia de colaboración de clases. Y cuando comprendieron que no podían esperar ese giro del líder justicialista, buscaron alternativizarlo atados a la colaboración de clases, a la que agregaban una concepción guerrillerista, que sustituía la lucha de clases real por las provocaciones y enfrentamientos de aparato.

Agentes del capital

En el discurso de CFK, ella plantea que cuando el peronismo es atacado por derecha y por izquierda, está donde tiene que estar. Dicho de otra manera, el peronismo se ubica impidiendo que la lucha de clases de los trabajadores y el pueblo pobre salde sus cuentas con los empresarios y los sectores más reaccionarios de la sociedad. Para lograrlo, el peronismo siempre cedé a la derecha, porque de no hacerlo, de no mediar frenando el conflicto social, se pondría en peligro el orden burgués. Y para eso necesita combatir a la izquierda, manteniendo el poder de la burocracia sindical en las organizaciones de los trabajadores e impidiendo que la clase trabajadora avance en conquistar su independencia de clase.

En los ’70 lo hizo recurriendo a una política de contención de la lucha de clases mediante acuerdos con las patronales y represión estatal y paraestatal. Sin embargo, como no pudo quebrar a la clase trabajadora, se pasó al ataque directo contra la misma en junio y julio de 1975, tratando de imponer un plan de ajuste que va a ser derrotado en las grandes jornadas revolucionarias que darán lugar a una de las huelgas generales políticas más grandes de la historia argentina.

En conclusión, ante su fracaso, el peronismo no frenó a la derecha, sino que luego de iniciar el camino de un baño de sangre, será incapaz de movilizar a los trabajadores para evitar el golpe genocida de 1976. El mismo no vino a poner fin a un "gobierno popular" que defendía la industria, sino a la insurgencia obrera que enfrentaba a las patronales y el imperialismo, organizada desde sus comisiones internas y creando coordinadoras interfabriles. Construyendo organizaciones que eran la base para pelear por el frente único de la clase obrera y por su independencia política de clase. Por eso todos los partidos que se reivindicable democráticos, empezando por la UCR y sectores del propio peronismo, se alinearon con el golpismo. En fin, el golpe fue contra la amenaza revolucionaria de la clase obrera.




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