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Red Internacional

DOSSIER GENOCIDIO ARMENIO. El genocidio, base del actual Estado turco

Un genocidio donde no solo asesinaron a millones de armenios sino también a otros integrantes de minorías que habitaban el imperio otomano. Un proceso que se perpetró con una organización moderna y planificada y que permitió la conformación del actual Estado turco.

Patricio Abalos TestoniRedacción CABA - @ElPatoAT

Sábado 25 de abril de 2015 | Edición del día

A un siglo del inicio del genocidio, sigue siendo una disputa actual el reconocimiento del mismo por el Estado Turco. Durante todo este tiempo han surgido múltiples pruebas para que no haya ninguna duda que lo que sucedió durante ese proceso fue un plan sistemático organizado por el partido Comité de Unión y Progreso (Ittihad ve Terakki Cemiteyi, también conocido como Partido de los Jóvenes Turcos), donde las prácticas sociales genocidas sirvieron de base para el actual Estado Moderno Turco, expulsando o aniquilando a las minorías que no formaban parte de la identidad turca hegemónica deseada.

Este negacionismo del Estado turco se sigue perpetuando en la actualidad, incluso con maniobras del actual presidente, Recep Tayyip Erdogan, para tapar los actos que se van a hacer a nivel mundial en homenaje al genocidio. Pero esta disputa por el reconocimiento hace también que muchos análisis sean parciales, perpetuando finalmente una revictimización de quienes sufrieron las consecuencias de estas prácticas genocidas.

Principalmente, el hecho de hablar de genocidio armenio para explicar este proceso, es inexacto, ya que el plan fue eliminar todas las minorías que habitaban en el declinante Imperio Otomano, y que iban en contra de la identidad “ideal” que pregonaban desde el gobierno. Por lo tanto no fue sólo un genocidio sobre las poblaciones armenias, sino también fueron victimas los griegos y los asirios principalmente; pero también albaneses, bosnios y hasta minorías musulmanas como los árabes y los kurdos, que en un principio fueron aliados a los turcos, finalmente también sufrieron persecuciones y matanzas. Justamente estos sucesos permiten observar que lo perseguido por los perpetradores del genocidio, no fue en el marco de una “guerra santa” ni un proceso de barbarie. Ni tampoco fueron “excesos” en el marco de la Primera Guerra Mundial como lo plantean desde la historia oficial turca.

El genocidio se perpetró con una planificación moderna que frente a la disolución del Imperio Otomano, donde Estados y fronteras estaban en constantes disputas, se buscó homogeneizar un tipo de identidad que caracterice al territorio (sobre todo en Anatolia, el corazón del imperio en ese entonces), y que sea base, para lo que después fue el Estado Moderno Turco. En ese sentido la organización e implementación fue llevada desde el gobierno, y que incluyó desde la dispersión y relocalización de los musulmanes no turcos (sobre todo kurdos y árabes), en zonas donde la población turca sea mayoritaria, y la aniquilación (bajo la apariencia de expulsión del territorio) de las minorías cristianas, es decir principalmente, armenios, griegos y asirios.

La organización socio económica de estas minorías tenían cierta autonomía frente al gobierno central. Estos pueblos, sobre todo en las zonas rurales, estaban agrupados en barrios separados bajo el sistema de vilayetos o millets. Éstos eran cuerpos autónomos en política, economía, religión, cultura, vida social, bajo la autoridad del Patriarca de Constantinopla en el caso de los armenios, el cuál era nombrado por el sultán. A su vez, hay que sumar como un elemento importante el aspecto económico, donde el capitalismo avanzaba sobre nuevos territorios, y donde las relaciones productivas casi feudales de algunas regiones del imperio, iban en contra de una burguesía turca moderna que estaba creciendo en las principales ciudades.

Justamente los millets con su organización propia iban en contra de una economía manejada desde un Estado centralizado. Es así que el genocidio fue la forma que tomó un plan de dominación política promovida por los ideólogos del Movimiento de los Jóvenes Turcos para garantizar la soberanía territorial y asegurar el aprovechamiento de recursos físicos y humanos en función de un proceso de acumulación capitalista.

A su vez los armenios eran la principal minoría, con una población aproximada de dos millones antes del inicio de genocidio, ocupando territorios estratégicos, sobre todo en el núcleo del imperio y en la frontera con Rusia, con una fuerte organización, y también con movimientos independentistas propios. Principalmente la Dashnak, la Federación Revolucionaria Armenia, que buscaba una independencia de los armenios (incluso formó parte de la Segunda Internacional), que sin llegar a ser masiva, sus militantes fueron los primeros perseguidos por el gobierno turco y utilizados como excusa para justificar las matanzas que luego perpetró el Estado Ittihadista.

Así fue como masacraron revueltas de estas minorías que reclamaban una igualdad en los derechos con los ciudadanos turcos; aniquilaron a los soldados que formaban parte del ejército del imperio; obligaron a convertirse al Islam a miles de cristianos; expropiaron las propiedades de las comunidades cristianas para fortalecer una naciente burguesía turca; y finalmente las deportaciones (donde largas caravanas sin resguardo ni alimentos hacían que miles caminasen por el desierto a ningún lugar especifico, con ningún otro objetivo más que la muerte) y el aniquilamiento de las poblaciones mencionadas, que involucraron desde banda paraestatales hasta el ejército y policías locales. Casi 2 millones de armenios, 250.000 griegos pónticos y otros 250.000 asirios fueron masacrados, sumados a los de otras minorías mencionadas y a los cientos de miles que fueron deportaron o huyeron a otras regiones.

Por lo tanto la conformación del Estado Moderno turco requería una reformulación de relaciones sociales en el territorio en disputa (en el contexto de la Primera Guerra Mundial, y anteriormente en las guerras balcánicas) con una cristalización de una identidad homogénea hegemónica turca, aniquilando tanto materialmente como emblemáticamente, a las minorías que habitaban el imperio otomano. Así como otros genocidios, este proceso que se conoce como genocidio armenio, aunque sería más preciso hablar de genocidio ittihadista (así como hablamos de genocidio nazi y no solo de genocidio judío), buscó desde una tecnología de poder de una clase dominante, eliminar al “otro” peligroso incluso borrando de la memoria colectiva la historia de estas minorías, e incluso teniendo que combatir actualmente para poder describir a todo ese proceso como lo que realmente fue: un genocidio que expulsó y aniquiló a millones de personas que habitaban el territorio de su propio imperio.




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