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LIBERTADES DEMOCRÁTICAS

El genocida más condenado en Argentina podría salir en libertad condicional

Luciano Benjamín Menéndez cuenta con catorce condenas a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, sin embargo podría recibir el beneficio de la libertad condicional.

Leticia Celli

Abogada | CeProDH

Viernes 2 de septiembre de 2016 | 08:38

Pasó menos de una semana de festejar la sentencia en la megacausa La Perla en Córdoba, por la que Luciano Benjamín Menéndez obtuvo su décimo cuarta condena a cadena perpetua por la mayoría de las 716 víctimas por las que se llegó a juicio, se conoce la “noticia” de que en unos años podría salir en libertad condicional, debido a que cumpliría 20 años de prisión, por lo que seria beneficiado por lo previsto en el anterior codigo penal respecto del cumplimiento de condenas perpetuas, por la aplicación de la ley mas benigna para el penado. Actualmente es necesario cumplir 35 años de prisión por parte de un condenado a perpetua para salir en libertad condicional.

Parece un chiste de mal gusto, pero no lo es, lo ha dicho el presidente de la Cámara Federal de Córdoba y el fiscal de la causa por los medios cordobeses en estos días, argumentando la aplicación de las leyes que rigen en un “Estado de Derecho”. Es la consecuencia de 40 años donde la mayoría de los genocidas gozan de impunidad, de la no aplicación en las sentencias de la Convención para la Prevención y Sanción por el Delito de Genocidio -al que adhirió Argentina en el año 1956-. Se trata, además, de leyes y una justicia de clase.

Ello se explica porque inexplicablemente a los represores, aun los más sanguinarios como el “Cachorro” (como llamaban en el Ejército a Menéndez) se los acusa y condena por una acumulación de delitos aislados previstos en el Código Penal, y no como parte de un plan de exterminio a un grupo determinado de la sociedad, como fue el genocidio de 1976 en adelante en Argentina. Se los trata como presos comunes a quienes tienen en su haber la desaparición y tortura de miles de personas, que están imputados en más de 150 causas y tienen 14 condenas como el caso de quien estamos hablando. Ello es consecuencia de que las leyes vienen a asegurar un Estado de clase, aunque “todas las personas son iguales ante la ley…” reza la ley primigenia, las leyes estás están hechas para asegurar la propiedad de la clase capitalista.

Por eso en cada uno de los juicios que intervenimos desde el CeProDH, como recientemente en la querella en el juicio La Escuelita de Neuquén o junto al resto de los organismos como “Justicia Ya” en La Plata, hemos solicitado que se los condene por lo que realmente hicieron, un genocidio, solicitando cárcel común y ningún beneficio, a quienes utilizaron el aparato del Estado para desaparecer, matar y torturar a toda una generación jóvenes y obreros revolucionarios.

Pero asimismo se trata también de una justicia de clase, pues el otorgamientos de estos beneficios, como es la prisión domiciliaria que actualmente se dan a los genocidas casi automáticamente al cumplir los 70 años. Se las conceden rápidamente a represores y no así a los presos comunes, de las que están pobladas las mayorías de las cárceles de la Argentina, por haber robado o hurtado montos menores.

Pero incluso si los Tribunales tuvieran un poco de recelo y menos complacencia con estos genocidas para aplicar estos beneficios podrían observar siquiera que el código penal también establece en su art. 15 “la libertad condicional será revocada cuando el penado cometiere un nuevo delito…”. Es de público conocimiento que Luciano Benjamín Menéndez reivindica hasta el día de la fecha la “guerra contra la subversión” que llevaron adelante, como lo hace en cada juicio. Asimismo es conocido, incluso publicado en varios medios de comunicación, que entre otras cosas, en el año 1984 se abalanzó con un cuchillo contra una multitud que protestaba, como lo muestra la foto que incluimos en esta nota.

Con esta realidad, no resulta extraño, aunque si absolutamente repugnante, que se lo pueda ver a Menéndez muy cómodamente sentado en el bar de una clínica privada de nuestra ciudad, sin ningún tipo de custodia, ni nada que se le parezca, que lamentablemente se repite, pues no es la primera vez que se lo encuentra en esta situación.

Evidentemente no podemos relajarnos festejando, no podemos permitir un paso atrás, tendremos que seguirnos movilizando, de manera independiente del Estado y todas las instituciones, para que no se les otorgue más beneficios a los genocidas, lograr la cárcel común perpetua y efectiva de todos por todos los compañeros.







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